Partamos de una premisa: a la grandísima mayoría de personas les gusta el fornicio. Esto es así. Por nuestra naturaleza, por instinto, por gustico… Por lo que sea, nos va. ¡Viva!

Es parte de nosotros, de nuestra vida y sí, es una parte que mola. Por eso, cuando algo que conocemos, una experiencia que hemos vivido se refleja en una historia, en una serie o en una peli, nos gusta verlo (también porque nos pone, claro).

Por ejemplo, en una serie de televisión o en una película, muchas veces es necesario escenas de ese tipo para la contar la historia. Escenas que por otra parte, según cómo sean (o de qué género sea la pareja) siguen provocando toses nerviosas, movimientos en butaca o manos aferrándose a los brazos del asiento. Pero bueno, eso es otra cosa.

El caso, estás viendo algo y notas cuándo va a comenzar la escena: cambia la música, cambio de luces, todo se ralentiza. Y ahí, los amantes que habían aguardado para ese momento hora y media de metraje, pero en la historia equivale a cinco años y dos batallas de por medio, se dan su primer beso y están más sincronizados que los de natación.

Y ahí todo es absolutamente perfecto. Tan perfecto que no es real. Tan irreal que me echa para atrás. Vamos, es como si ellos hiciesen El lago de los cisnes y en mi vida yo bailo Los pajaritos (o el Wannabe si hay suerte).

Aparece la pareja protagonista con sus cuerpos apolíneos y  con la luz alumbrando las partes perfectas. Ella, depiladísima y con una ropa interior de encaje que te tiene que dejar el culo modo colador.  Él, al que siempre le hacen planos de unos ojos modo chiribitas mirando a un punto indeterminado, levanta a la chica sin esfuerzo alguno, mostrando bien de músculo y la posa sobre unas sábanas perfectamente colocadas (en serio, ¿quién coño hace las camas así?). El caso, a los dos segundos ya están los dos gritando (pero suelen taparlo con música) y poniendo unas caras que no sabes si es gustico, dolor de tripa o contención (puede que por el dolor de tripa). Ella, que lleva un pintalabios modo Titanlux doble capa, se agarra a las sábanas cual gatete y la melena le empieza a ondear (¿de dónde sale el ventilador? ¡Antes no estaba!) y él sigue con esa mirada baja  y marcando bien de músculos iluminados y maquillados. Eso sí, los dos, sin una gotica de sudor y con unas miradas bien intensas.

El poder de una corriente de aire y un flexo

Es entonces cuando pienso en esos momentos en los que, salvando distancias, he estado en situaciones algo parecidas (aunque sin cinco años de espera y dos batallas de por medio).

Me recuerdo  llevando  unas bragas feas porque eran las únicas limpias en ese momento y no pensaba que nadie me las iba a ver.

Y me veo mal depilada, con mi blanquez y mis chichas fofas mal alumbrada por lámparas de papel del Ikea. Sí, he tenido momentos en los que me han llevado en brazos por la casa hasta lanzarme sobre la cama malhecha (lanzamiento modo disciplina olímpica) pero ves el esfuerzo que ha supuesto y el sudorcillo que le sale al mozo. Y hay caras, pero no son como las de la peli.  Y el pelo se te pone por la cara porque no hay un ventilador que lo ondee para un lado. Y quieres innovar y la cosa no sale. Y paras para ir a buscar un condón y te tropiezas de camino porque no tienes la luz perfecta como en la peli. Y que hay veces que por la diferencia de altura la cosa se pone en modo escalada o en modo espeleología. Y hay gemiditos o gritos tremebundos… Pero no, nada de eso se parece a lo que estoy viendo en la peli.

 Y es que en el sexo hay sudor, hay saliva, hay ruido. De hecho, hay muchos ruidos (verano, sudor, chicha frotándose… Sí).

¿Y qué queréis que os diga? Me gusta así, al natural. Me gusta que sea de verdad. Que haya olores y sabores. Que no sea una coreografía. Que no ensayamos las miradas ni las caras que ponemos.

Afortunadamente las cosas han empezado a cambiar y cada vez hay más escenas  que se acercan a la realidad. Escenas que hacen que nos identifiquemos con la historia, que nos las creamos más. Que no nos saquen de la ficción. Queremos  ver más escenas con gordos y gordas follando (Gabourey Sidibe en Empire volvió loco a Twitter). Escenas sin tetas siliconadas. Historias que muestren diferente orientación sexual (un saludo a la aerolínea que puso Carol con escenas eliminadas). Queremos ver cuerpos de verdad, con sus chichas, sus pelos, su tripa. Gente alta o pequeña. Escenas que nos recuerden a nosotros, que nos identifiquemos, que casi nos traigan el olor.

Queremos miradas sin ensayos pero con más ganas. Queremos escenas sin ventilador moviendo melenas. Queremos escenas con camas malhechas.

 Imagen destacada: ‘Empire’ ( Imagine Television | Be Dark Entertainment | Fox)