Sex & Love

Follodrama: El guaperas que se me desmayó

Si de todas las cosas malas que te pueden pasar en este mundo hiciéramos una lista, una de ellas sería acabar en la cama con tu amor platónico de tu vida y que la situación no sea como la imaginaste una y mil veces en tu cabeza.

Aquí os traigo la historia del mío… y claro está que si hubiera ido todo maravillosamente no sería un follodrama y seguramente ahora mismo estaríamos casados viviendo en las afueras con tres niños y un perro aisssss….

El caso es, os pongo un poco en situación, durante mi época más fiestera con mis amigas salíamos por todos los bares habidos y por haber de nuestra pequeña ciudad, donde conoces a todo el mundo y estás casi como en casa.

En uno de esos garitos de mala muerte (porque realmente era lo que eran) estaba ese camarero, bueno qué coño, MI camarero, el hombre que plagaba mis noches de pasión, por lo menos en mi mente desde hacía ya bastante tiempo.

El chico en cuestión nos tenía totalmente rotitas a todas, y como para no. El susodicho era argentino, y ya sabéis que con ese acento, ay señor con pedirme solo la hora ya tengo las bragas en su cabeza. Bueno el caso, argentino, alto, fornido, moreno, una naricita divina (si que pasa me fijo en las narices soy así de especial) y una sonrisa que te enamoraba.

Pues como yo por entonces era un poco parda (no como ahora…) pues durante mucho tiempo solo me atrevía a ir a pedirle algún chupito y poco más, así de avispada era yo hijas mías.

El caso, que al susodicho le debí caer en gracia o llamarle la atención de alguna forma, que en una de estas me agarró él y me dijo que cuando saliera de trabajar a eso de las tres de la mañana si quería podíamos ir a su casa que estaba sola.

¡Así de sopetón! Yo en ese momento estaba poco menos que en shock total y flipando de lo lindo. Fui corriendo a contárselo a mis amigas en busca de consejo, y como buenas amigas me dijeron que pa’ lante y que me lo empotrara pero bien.

En esta historia sería interesante también contar, que como buen camarero de bar de copas que era también se tomaba las suyas y las de su compañero si hacían falta, por lo que a las 3 de la mañana cuando quedamos en la salida de su bar el chaval iba digamos un poco que tocado.

El caso es que me coge de la mano y me lleva en dirección a su casa. Por el camino me empieza a contar no se qué de que sus padres estaban en el pueblo, mientras yo pensaba me importa menos tres, quiero llegar ya a tu casa y sacar la leona que llevo dentro… ¡pobre de mi!

La ida se nos hizo un poquito más larga de lo normal, porque entre que el iba un poco alegre y que cada 10 metros parábamos a morrearnos, pues cuando llegamos a su casa yo ya estaba más caliente que el palo de un churrero.

Nos fuimos al salón (nunca entenderé por qué ) y ahí empezamos a liarnos como alma que lleva al diablo, a mí ya me empezaba a sobrar todo y al también, por lo que se levantó del sofá para quitarse los pantalones, cuando veo que se tambalea ligeramente y el tío ¡cae desplomado totalmente al suelo!

Poneros por un momento en situación, yo medio desnuda en una casa ajena, medio borracha a las 4 de la mañana, sin saber muy bien en qué zona quedaba la casa para poder avisar a nadie ni como coño se llamaba la calle, y el tipo este que realmente acababa de conocer inconsciente en el suelo con los pantalones por las rodillas.

Mira yo ya estaba modo “PANIC ATTACK” sin saber qué hacer, por lo que me agacho por lo menos para moverlo un poco, ya que tenía la cara contra el suelo y no sabía ni si respiraba. En esto que lo consigo poner boca arriba como puedo, porque además el cabrón pesaba como 40 kg más que yo, y me era imposible manejarlo mucho.

Cuando vi que echó un buen resoplido y se puso a roncar, aproveche discretamente para vestirme, con la conciencia tranquila de que el tipo seguía vivo, cogí mi bolso y salí de esa casa sin mirar atrás.

Una vez en la calle más o menos me ubiqué y  llamé a un taxi que me dejó en 10 min en mi casa y me metí en la cama intentando no pensar mucho en el desastre de noche que aquí el amigo me había brindado.

Yo diciéndole hasta nunqui

Después de eso no volvimos a hablar nunca, supongo que él por vergüenza y yo por lo mismo también. La verdad que se me cayó un mito sexual bastante importante, pero aprendí a no follar nadie con semejante melopea, que el jagger está muy bien pero no para follar después.

 

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