Tener follamigos es guay. 

Vamos, guaysísimo. Alguien con quien te lo pases bien, con quien tengas una química especial y con quien puedas follar hasta el infinito y más allá sin más compromiso que el de darlo todo en las pocas o muchas horas que estéis presos entre las sábanas y el colchón.

Es maravilloso. Bienvenidos a las relaciones 2.0. 

Lo que no es guay es tener follamigos para las que sólo seas un hueco. 

Sí: esos que te escriben borrachos a las 3am porque ya les cierran el garito y qué mejor manera de terminar la noche que con un polvo. 

Esos que pueden estar desaparecidos días, semanas, meses, pero que vuelven una madrugada cualquiera porque les pica la polla y necesitan meterla en cualquier lugar con desesperación. 

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Esos que cuando te escriben, te escriben sólo de sexo. Nada de hola, qué tal. Nada de qué ha sido de tu vida, cómo va todo. Como mucho, como mucho, preguntan que si sigues viviendo en tu piso de La Latina, para ver si les pilla bien el Metro porque, oye chica, tengo ganas de follar y hoy eres tú la elegida. 

PUES VA A SER QUE NO. 

Este es un problema de interés nacional, amigas. Esta especie de señores abunda cada día más.

No os confundáis: No le pido a mis follamigos que me pregunten por la salud de mi abuelita, ni que me den los buenos días todas las mañanas, ni que se sepan todos los nombres de mis amigos, sus caras y sus trabajos. No les pido que me sigan en Instagram y Twitter, que le den Like a todas mis fotos, que estén pendientes de todos mis movimientos. PARA NADA. Al contrario: tenerlos al margen de mi día a día hace que nuestros reencuentros sean refrescantes y que siempre haya algo nuevo que contar. El problema es cuando todo eso que uno pueda contar les interese tres mierdas. 

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Querido follamigo que me manda un whatsapp de madrugada con el texto “¿estás despierta? quiero follar”: Tranquilo, estamos en la misma página. Yo también quiero sólo sexo. No me voy a enamorar de ti hasta los huesos si un día, no sé, me escribes de tarde, charlamos un poquirrinín y quedamos en unas cervezas para esa noche u otro día. Mi corazón no va a saltar de gusto pensando “vamos a salir y tomarnos algo antes de follar, ¡esto es verdadero amor!” PARA NADA. Simplemente pensaré que, además de follar bien, eres un chico majo. Cuando te escribo una mañana cualquiera mandándote un meme divertido no estoy mendigando una cita y menos una petición de matrimonio; tampoco voy a correr a comprarme un vestido de novia si un día, de la nada, me preguntas cómo estoy y cómo va la vida y luego no quedamos en nada concreto. No voy a pensar que te mueres por mí: lo que va a hacer esto es que, cuando me escribas una madrugada para quedar, yo no piense que eres sólo un puto salido maleducado. Quizá incluso me apetezca que te vengas a casa, mira tú. 

Yo no sé si lo ves, querido follamigo, pero yo creo que todos estos escenarios juegan a tu favor. Y si no lo ves, si no te da el coco para ver que es un win win para todos, hombre, pues me has dejado de poner un poco. 

Lola Mercury