Queridas loversizers, me presento: me llamo A y poto por todo. Pero real eh? Rollo si estamos peleando sólo tienes que empezar a decirme moco verde y cosas asquerosas para que automáticamente empiece a convulsionarme con un gato escupiendo una bola de pelo.

cheetos

Literamente, yo.

Partiendo de esta base os diré que hace un par de meses (en realidad fue agosto de 2019, pero aparte de escatológica soy exagerada) quedé con un tío de Tinder. Llevábamos un par de semanas hablando y las conversaciones habían sido bien de guarreo, por lo que la cosa prometía. Él era de un pueblo cerca del mío en la costa pero vivía en Madrid y como todos, volvían a la patria por vacaciones y yo estaba dispuesta a darle bien con la terreta.

Como yo ya estaba un poco cansada de tanto lerele y poco lirili, le dije de ir a tomar unas cervezas y así poder ponerle cara en condiciones a su pollamen, que parecía que era lo único que tenía el pobrecico, porque no me enseñaba otra cosa.

La verdad es que congeniamos casi enseguida. Estuvimos bebiendo cervezas un par de horas y cuando el camarero empezó a mirarnos con cara de tenéis un problema, le dije que si le apetecía tomarnos otra en mi casa. Subimos magreándonos las escaleras de mi bloque, borrachos y cachondos. Empezó a darme bocaditos en el culo y os juro que yo ya preveía el polvazo del siglo chochis. Pasé de comportarme con una señorita de bien a parecer un suricato en busca de un buen rabo.

Total, que allí estábamos, en el sofá de mi salón, quitándole los zapatos y los pantalones, dispuesta a chuperretear aquello como un polo flash cuando me llega un olorcillo nauseabundo. 

«Buah, joder le huelen los pies. No potes, no potes, no potes. Le pasa a cualquiera, cero dramas maripili que nos conocemos».

Y estoy en esas que hago de pies – nunca mejor dicho- corazón y le bajo los pantalones porque incluso con olor de pies pues a mí me encanta comer pollas y DESCUBRO LA FUENTE DEL OLOR, porque amigas, eso olía a PUTOS CHEETOS. 

Olía a queso podrido, a requesón y a ecosistema bacteriano tan avanzado que estaban apunto de entrar democracia.

No sé si alguna vez habéis estado con un tío que le huela lo de abajo a Cheetos, pero os juro que me tuve que tragar la pota para no potarle al chaval encima, que bastante tenía con lo suyo. Me fui corriendo al baño como chiquito de la calzada y eché hasta la papilla de la primera comunión chiqui. Le tuve que decir que me habían sentado mal las bravas y que ya lo llamaría cuando pudiese volver a comer Cheetos sin potar.

 

Anónimo

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