Sex & Love

Tinder sorpresa: un virgen, un nazi y un verano de follisqueo

Hace dos años me fui a un campamento como monitora y me di cuenta de que estaba encerrada en una relación que me daba más disgustos que alegrías. Total, que en cuanto pude llamé a mi entonces novio para decirle que no era feliz. Su respuesta fue “pues ya sabes lo que tienes que hacer, déjame”. Tal cual, sin anestesia. En parte lo agradezco, me puso las cosas mucho más fáciles.

Las rupturas tienen ciclos. Después de su pasotismo inicial llegó la chulería. Me llamó para preguntarme si ahora que no estábamos juntos podía enrollarse con alguna tía en las fiestas de su pueblo. Yo me descojoné y le dije que se liase con quién quisiera, que a mi no me tenía que dar ninguna explicación. Se ve que se acojonó porque a las dos horas me llamó llorando pidiéndome volver. Aguanté estoicamente y le dije que no, que no quería volver con él.

Total, que después de la ruptura empecé a darlo todo. Fue mi verano de follisqueo. Me tiré a un regimiento y no me avergüenza, porque mi chichi me pedía marcha y no se la quería negar. La cosa es que por pura estadística, me tenía que topar con algún capullo, y eso es lo que os vengo a contar (lo de antes es puro cotilleo, la historia empieza ahora).

Un buen día me llegó una petición de amistad a Facebook de un monitor buenorro del campamento con el que apenas hablé. Acepté y empezamos a charlar. De repente me soltó que le ponía muchísimo y que me tenía muchas ganas, pero que le dio vergüenza decírmelo porque yo tenía novio. Obviamente le conté que ya estaba soltera y entera, así que empezamos a guarrear.

El sexting empezó a ir a más pero había un problema, él era de Canarias. Por casualidades de la vida, en agosto iba a ir con un amigo de vacaciones al norte de España, concretamente a Oviedo. Yo le conté todo el percal a mi mejor amiga y no sé cómo narices la convencí para pasar unos días allí (cabe añadir que somos de Galicia, así que tampoco nos quedaba lejos). Al final, mi ligue y yo hicimos de Celestinas y emparejamos a su amigo con mi amiga para que no se aburriesen en Oviedo.

Llegó el puente del fornicio. Tres horitas de bus y llegamos a nuestro destino. El siguiente paso fue buscar pensiones baratas, pero por suerte encontramos una medio decente a 15 euros la noche. Pillamos dos habitaciones, dejamos nuestras cosas y quedamos con los susodichos.

Quiero que recreéis esta imagen y que lo viváis tal y como yo lo viví. Estábamos en un McDonald’s sentadas cuando llegaron los dos chavales. Nos dimos dos besos, hablamos 15 minutos y mi ligue me dijo de ir a la pensión.

“Sin preámbulos ni rodeos, genial”, pensé.

Llegamos a la pensión y empezamos a darle al tema. Un polvo normalillo (tampoco me acuerdo mucho, lo que significa que no fue para tirar cohetes). La cosa es que al acabar me suelta que es virgen, que muchas gracias por desvirgarle pero que se va. Yo estaba flipando, era demasiada información como para procesarla en un minuto. Lo peor de todo es que el chaval se despidió DÁNDOME UNA PALMADITA EN LA ESPALDA.

Pensando que las cosas no podían ir peor, llame a mi amiga, que me contó que su ligue la había dejado tirada pero que no me había llamado para no arruinarme el polvo. Fui a su encuentro, le conté el percal y nos lo tomamos a risas. Ya que estábamos en Oviedo decidimos aprovechar y hacer turismo. La cosa es que se hizo de noche y no sé por qué nos empezó a picar el chochet, así que salimos de fiesta a ver que encontrábamos. No sé si es que íbamos desanimadas por los Canarios, pero no nos gustaba ningún tío, así que decidimos descargarnos Tinder.

Entre like y like, mi amiga hizo match con un tío que, según la aplicación, estaba bastante cerquita. Le dijo en que bar estaba y nos fuimos para allí. Llegamos, bebimos y un tío del grupo me hizo tilín. Total, que pasamos toda la noche con ellos bebiendo y enrollándonos a partes iguales.

A las 6 de la mañana nos entró la modorra, así que se ofrecieron amablemente a acompañarnos hasta la pensión con intenciones deshonrosas. Somos buenas anfitrionas y nos apetecía mojar el churro en condiciones, así que les invitamos a subir.

Yo pensaba que había tocado fondo con el Canario virgen de las palmaditas en los hombros, pero cuando mi ligue de Oviedo se quitó la camiseta flipé en colores. Llevaba tatuada una esvástica en la espalda junto al nombre de un hombre (que resultó ser su hijo). A mi me entraron sudores y sofocos, así que me metí en el baño a elaborar un plan. Le dije que tenía una cagalera muy bestia (lo más antierótico que se me ocurrió) y que prefería descansar. Amablemente se marcho y a mi se me quitaron las ganas de ligar con desconocidos.

Mi verano de follisqueo dio para muchas historias, pero sin duda esta es la más bizarra de todas. ¿Vosotras qué habríais hecho? ¿Habríais ignorado su ideología o también le habríais pedido que se fuese?

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