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10 consecuencias innegables de trabajar con niños pequeños

Ya os lo anticipo: me ENCANTAN los niños pequeños. Me gusta hablar con ellos, hablar de ellos, estrujar sus mollitas, comérmelos a besos, escuchar sus ocurrencias, tirarme por el suelo para jugar y mirarlos hacer sus monadas mientras se me cae la baba. Y si, entiendo que no todo el mundo puede ser así. Respeto completamente la actitud de esas personas que preferirían quedarse colgados en un ascensor lleno de calcetines malolientes que pasar media hora en una guardería . Pero no es mi caso. Adoro a los niños, ellos suelen adorarme (modo humildad-  fuera de servicio) y me encanta convivir  con su suave y blandita existencia.

mary poppins

Con un poco menos de hollín y un poco más de despeine…esta soy yo un martes cualquiera por la mañana.

Creo que la gran mayoría de personas que trabajamos con peques (vocacionalmente, se entiende) acabamos desarrollando unas características definitorias y muy generalizables con las que seguro que te sientes identificada.

1. Puedes cantar y bailar (o destripar, según tu nivel musical) unas 650 canciones infantiles en castellano. Y otro tanto en inglés.

Sabes perfectamente que para cada ocasión en la vida (ya sea dar la bienvenida a un amigo, lavarte los dientes, hacer un recuento de las partes del cuerpo o cagar, hay una canción. Lo mismo te marcas un Twinkle Twinkle Little Star que tarareas la entradilla de “La patrulla Canina”. Del Cantajuegos ya ni hablamos, que para eso eres el miembro perdido del grupo.  Y por si algún día te quedas corta de material , estás suscrita a un porrón de canales de Youtube para ampliar tu repertorio. Y según como de culo inquieto seas, hasta te inventas alguna de vez en cuando. (Tengo un absoluto hit al que bauticé como “La araña Manolita se ha comprado un jamón”  que hace las delicias de todos mis alumnos. Quizá algún día os lo cante).

Me gusta dar dinamismo a mis clases. Esta soy yo cantando "Tiene la tarara"

Me gusta dar dinamismo a mis clases. Esta soy yo cantando “Tiene la tarara”

2. Pillas incluso virus que no sabías que existían.

Si amigos, si algo define a los grupos de niños pequeños son las epidemias. Cuando no hay ronda de gastroenteritis es porque están pasando la epidemia de gripe. O la de conjuntivitis. Por no hablar de los piojos. O las cuatro a la vez.

¿Y a ti cuál te contagian? TODAS.

Ríndete, no hay medicación preventiva, mascarilla o sesión de reiki que te proteja contra eso. Trabajar con niños es pegarte mala medio curso. Y no hay más.

estoy hecha polvo

3. Tu bolso/cajón/taquilla es un hervidero de caramelos y gomets.

Soy muy fan de las pegatinas de premio, lo reconozco. Me encanta la carica de ilusión que ponen los peques cuando les estampas una estrella de “haberse portado muy bien” en la mano (o en la frente, que los hay muy exhibicionistas) y como vivo con miedo a que se me acaben y destruya con ello los sueños de algún niño….mi bolso es un almacén de paquetes de pegatinas, sugus y todo tipo de premios pequeños para mis idem.

gomets

Tú ves gomets. Ellos ven un triunfo vital. UN TRIUNFO VITAL.

4. Sabes que no hay fragancia de Dior que supere el olor a Nenuco.

Para que te suceda esto definitivamente no es necesario que trabajes con niños. El Nenuco es el aroma supremo de todos los tiempos, no hay más, es un hecho inmutable. Pero aun se incrementa más esta pasión cuando trabajas con chiquitines, I promisse you. Huelen tan bien…. casi siempre. Y eso me lleva al siguiente punto.

nenuco

No es una colonia. Es LA colonia.

5. Desarrollas un estómago de hierro ante vómitos, cacas y fluidos corporales diversos.

Incluso aquellos que nos consideramos bastante escrupulosos, ante el contacto habitual con niños hemos desarrollado una resistencia casi inhumana al asco ante vómitos, mocos, cacas, pises y demás. A ver, no nos engañemos, creo que por muchos años de experiencia que lleves este tipo de “gajes del oficio” jamás llegarán a serte indiferentes del todo.  Pero es alucinante como llegas a reaccionar ante una diarrea repentina que pringa a un niño (y a su ropa) de los pies hasta el cogote sin desmayarte o intentar huir. Y si además trabajas en educación especial, esta resistencia llega a unos límites que harían quitarse el sombrero al mismísimo Chuck Norris, palabra.

Este no es trabajo para marquesas. Es tu niño. Y tendrás que limpiarlo.

Este no es trabajo para marquesas. Es tu niño. Y tendrás que limpiarlo.

6. Los niños son capaces de agotar tu paciencia. Y te sientes mal por ello, pero lo asumes.

No chicas, no todo van a ser dulces escenas de amor donde tus pequeños polluelos revolotean en perfecto orden obedeciendo todas tus pautas y portándose como niños modélicos. Hay días en los que parece que sus molludos cuerpos han sido poseídos por el mismísimo Satán y hasta el más dulce de ellos parece decidido a llevar tus nervios al límite. Y a veces incluso puede que pierdas los papeles y des más gritos de los adecuados mientras te recuerdas mentalmente que el asesinato es una cosa muy fea y que el niño Jesús llora cuando piensas en ello.

Pero si, somos humanos. Y por mucho amor que sintamos por los peques…hay momentos en que sencillamente lanzarías a alguno bien lejos. Y quien diga que no…miente. O jamás ha tenido una clase a su cargo.

¿Estás pensando en ESE niño en concreto que te hace precisar de 3 horas de yoga semanales extra, verdad? Te entiendo. Todas tenemos alguno así.

¿Estás pensando en ESE niño en concreto que te hace precisar de 3 horas de yoga semanales extra, verdad? Te entiendo. Todas tenemos alguno así.

7. Estás tan puesta en películas infantiles como en programación de adultos. O puede que más.

Todos los lunes te llega la crónica cinematográfica de aquellos afortunados que el finde fueron al cine o se pegaron una panzada de tele en casa.Y cuando escuchas TANTAS veces los relatos y resúmenes de Frozen, el último capítulo de Peppa Pig o la segunda parte de Cars…no sé explicaros por qué. Pero acaba interesándote. Y acabas estando mucho más informada acerca de cuándo estrenarán Kung Fu Panda III que de la última de los hermanos Coen. Palabra.

8. Tu habitación (en casos extremos, tu casa) parece el almacén de una tienda de material escolar.

Cartulinas de colores, tijeras, perforadores, láminas de fieltro, goma eva, rotus… Tu mesa desapareció hace tiempo bajo el quintal de materiales que utilizas para tus creaciones. Comprarte la pistola de silicona marcó un antes y un después en tus trabajos manuales. La plastificadora fue, sin ninguna duda, tu adquisición estrella del año pasado.  Siempre te has considerado manazas ( o no) pero, quisieras o no quisieras, trabajar con peques te ha transformado en la reina del bricolaje a pequeña escala. Una especie de inventora loca que rastrea tutoriales en internet en busca de fabulosas creaciones. Y nunca, NUNCA, tienes suficiente material. Eso es así.

¡¡¡¡¡¿ESO DE AHÍ ES GOMA EVA CON PURPURINA?!!! ¡¡¡¿¿¿ Y DICES QUE LA TENÉIS EN OTROS 29333849 TONOS????!!!

¡¡¡¡¡¿ESO DE AHÍ ES GOMA EVA CON PURPURINA?!!! ¡¡¡¿¿¿ Y DICES QUE LA TENÉIS EN OTROS 29333849 TONOS????!!!

9. Eres testigo de los avances,  descubrimientos  y “primeras veces” de personas a las que adoras.

…y eso es maravilloso. Por mucho que te hagan hablar (a veces gritar), desesperarte y respirar hondo viendo como tu sesión perfectamente planificada se va a la mierda en cuestión de minutos, sin duda esto se ve compensado con creces por la emoción de ver a tu pequeña manada de cachorros investigando y descubriendo, equivocándose y aprendiendo muchas cosas por vez primera.  Ponerse el abrigo solos, escribir su nombre o darse cuenta de que el resto de niños también tienen ombligo son hechos trascendentales en su vida y disfrutas enormemente viviéndolos con ellos.

 

10. Recibes un amor y admiración único e insustituible.

Si hay un tema en el que todos los profesionales de este campo podemos estar de acuerdo es de que de la forma que te quiere un niño, muy difícilmente te querrá un adulto. Los peques tienen una capacidad de entusiasmo y admiración absolutamente volcánica, y como además no se cortan un pelo a la hora de decirte varias veces al día cuanto te quieren (y de besuquearte para dejarlo bien claro) sientes su aprecio de una forma muy clara y gráfica. Conforme vamos creciendo, la mayoría de los adultos frenamos muy mucho nuestras muestras de cariño verbales y físicas entre nosotros, y por suerte los peques están bastante ajenos a esta triste inhibición.

Puedes estar cansada, abatida, haber tenido un día de perros o pasar por un problema personal que te tiene absorbido el coco. Pero esos segundos en los que notas que algo te estira del vestido para que te agaches, unos bracitos se te tiran al cuello y unos morretes llenos de nutella te dicen al oído que te quieren son…. insustituibles. :)

 

bebé adorable

 

¿Qué pensáis vosotras? ¿Os sentís identificadas con estas situaciones? ¿Habéis visto el último capítulo de Ben y Holly? ¿Os gustan los niños…mientras duermen? ;)

 

 

 

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