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3 anécdotas locas de una tullibuena

¡Ir en silla de ruedas es hasta divertido cuando le echas humor! Por eso aquí os dejo una pequeña colección de anécdotas relacionadas con mi discapacidad, espero que os echéis unas risas conmigo:

Aquella vez que casi me ahogo en un jacuzzi

Tenía unos 11 años y estaba en las piscinas cubiertas del pueblo haciendo unos largos. A ver, no soy buena nadadora, pero floto cual zurullín y voy haciendo mis cositas en la piscina. La cuestión es que me cansé de nadar y le pedí a mi padre que me sacara de la piscina grande y me metiera en el jacuzzi… y eso hizo. Me quede sentada en el banco ese de dentro del jacuzzi con un chorrito en la espalda, pero había un señor que estaba acaparando todas las putas burbujas y yo esperaba con ansia a que se fuera para ocupar su lugar. Mientras yo esperaba tranquilamente, mi padre se metió en la sauna (debió pensar que no me podría pasar nada en un metro de agua y que no hacía falta vigilarme, no sé) y mi hermana estaba jugando en la piscina en grande. Cuando finalmente el sr. Todasasburbujassonmias se levantó y se marchó, entonces fue cuando yo ocupé su lugar. Gran error. Las burbujas pudieron conmigo. Burbujas 1, Ángela 0. El caso es que las burbujas que salían del suelo me levantaron las piernas y cómo que, no sé por qué, mi culo flota más que el resto de mi cuerpo, me di la vuelta y no podía salir. Todo eran burbujas. Ya me estaba despidiendo de la vida cuando mi hermana me vio y vino al rescate. Te quiero tata.

El placer de dejar que la gente se sienta incómoda

Esto ha pasado varias veces, pero solo explicaré una de las ocasiones. Mi padre estaba cenando con los de su gimnasio y con mi hermana (porque van juntos a hacer artes marciales, ojito con ellos) cuando el entrenador le dijo a mi padre “¿Y para cuando se apuntará tu otra hija?”, mi padre podría haber respondido con naturalidad, pero en lugar de eso dejó los cubiertos a un lado y guardó silencio porque no quería que pareciera un zasca la respuesta o porque buscaba las palabras adecuadas. El silencio se prolongó más de lo que debería y, cuando se puso incómodo, mi hermana respondió “porque va en silla de ruedas” y la cosa acabó resultando mucho más incómoda que si mi padre hubiera respondido normal y corriente. Pero… ¿Y lo mucho que nos reímos cuando nos explicaron en casa lo sucedido?

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Atropellar a quien te cae mal

Sinceramente, nunca he utilizado el poder que me concede mi silla para atropellar a nadie (voluntariamente), pero mi hermana si lo ha hecho alguna vez por mi… y por eso la quiero tanto.

Febrero de 2016, íbamos caminando detrás de una carroza de carnaval, íbamos de indias, no era muy original, pero teníamos barra libre detrás de la carroza. Como que hacía un frío del copón, me quise poner unos guantes, pero no podía dejar de conducir la silla para ponérmelos porque sino nos quedábamos atrás en la carroza. Así que le pedí a mi hermana (que es una experta) que condujese la silla un rato por mí. Y así hizo. Pero mientras avanzábamos se puso a nuestro lado una chica que me había tratado muy mal en el colegio y mi hermana me susurró “Ángela, a la mierda se le pisa” y antes de que pudiera reaccionar, dio un giro y la atropellé cómo no he atropellado nunca a nadie.

Os preguntaréis si la chica se enfadó, si me dijo algo… No dijo nada, le pasé por encima, dejó un “¡Au!” y siguió con su vida. Increíble hasta dónde llega la gente por no saludar.

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