Lifestyle

Compañeras: lo creáis o no, ayer hicimos historia

Acabo de llegar a casa después de la manifestación del 8 de marzo en Madrid. El día de la mujer trabajadora. Joder, aún me tiemblan las piernas de pensar en todo lo que he visto, sentido y vivido. No he leído noticias, no me he metido a ninguna web, no he encendido el telediario, no he visto números, pero creedme, somos multitud.

Me he sentido una más dentro de una marea de mujeres, de una marea de morado, de una marea de luchadoras. Me he quedado sin voz gritando eso de ‘tranquila, hermana, somos tu manada’ y eso de ‘sola y borracha, quiero volver a casa’. Joder, cuánta falta nos hacemos, qué bonitas somos y qué preciosa es la sororidad.

He visto a adolescentes gritar ‘aquí estamos las feministas’; he visto a señoras mirar la manifestación desde fuera, escuchar el ‘Manolo, Manolito, la cena tú solito’, reírse, mirarse unas a otras y gritar uniéndose a nosotras; he visto a una abuela gritar a plena voz ‘hasta las tetas de hacerte las croquetas’. He visto tanto amor, tanto cariño, tanta unidad, que creo que no quiero que deje de ser 8 de marzo jamás.

¿Pero sabéis qué? Que sé que no ha sido cosa de hoy, sé que no nos hace falta salir a la calle a gritar que nos tenemos unas a otras todas los días, sé que no es puntual, sé que esto no se acaba hoy. Demostrarnos a nosotras y demostrarle al mundo que el movimiento feminista está vivo es necesario, pero saber que cada una de las mujeres que han salido hoy a la calle, o han tenido la intención de hacerlo, lucharán en nombre de todas por la igualdad es algo que me da ganas de llorar de alegría.

Somos muchas, somos todas. Somos las que están y las que ya no. Somos las que han estado y las que estarán. Somos las que estamos y las que no han podido estar. Somos muchísimas, somos todas.

He visto como se reivindicaba la menstruación, he visto compresas llenas de sangre en pancartas, he visto que somos capaces de lo mismo mientras sangramos. He oído a miles de flacas gritar frente a las tiendas de Inditex que la talla 38 les aprieta todo el chocho. He sentido a hombres luchar con nosotras, por nosotras y para nosotras.

Hemos voceado que no estábamos todas, que faltaban las asesinadas. Hemos hecho hincapié en que no son muertes, que son asesinatos. Nos hemos quedado sin voz diciendo que España será tumba del machismo. Nos hemos quedado sin voz sí, pero jamás nadie nos hará callar y menos después de lo que he visto hoy.

Mujer, compañera, hermana. Gracias, por ser y por existir. Gracias, de todo corazón, como he leído por ahí ‘es un orgullo compartir planeta con vosotras’.

28685328_1572655586164529_470842888416956987_n

Sí, estoy borracha de tantísimo feminismo y espero que la resaca no se me pase jamás.

Compartir:

Login