Nunca, jamás, en la vida pensé que me gustaría este tipo de formatos televisivos. Error. Los programas en los que se busca el amor me parecen artificiales, se les ve las costuras. Puede ser. Al fin y al cabo, nadie se enamora en estos programas y todo es un teatrillo para seguir en antena. Puede ser.

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Mi yo del pasado haría zapping nada más escuchar la sintonía de ‘Un príncipe para tres princesas’ porque los ‘realities’ siempre me han producido rechazo. Esto era verdad hasta que este programa se convirtió, sin querer, en mi ‘guilty pleasure‘ . Sí, en eso que ni muerta reconocerías abiertamente que te gusta; como ser heavy y escuchar reggaeton a escondidas, pues algo así. Pero los prejuicios están para romperlos y descubrí que este artificio, en verdad, me gustaba más de lo que pensaba. Con el tiempo, llegué a la conclusión de que este casting en búsqueda del amor televisado es, en realidad, una comedia al uso y estas son mis razones:

1- El amor y la comedia romántica

‘Un príncipe para tres princesas’ tiene algunos elementos que recuerdan a la comedia romántica. En la mayoría de comedias románticas sucede lo siguiente: dos personas se conocen, se gustan y todo es perfecto hasta que un elemento externo o interno acaba con la relación. Después, la pareja pasa un tiempo alejada hasta que se dan cuenta de que se quieren y vuelven a estar juntos, eso sí, después de una discusión, después de salir corriendo en un día de lluvia o después de cualquier situación dramática. Todo ello aderezado con varias situaciones cómicas que, o bien, ponen de manifiesto la torpeza de los protagonistas o su ineptitud para reconocer sus verdaderos sentimientos.

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En ‘Un príncipe para tres princesas’ pasa exactamente lo mismo pero multiplicado por tres. Tres son las protagonistas y muchos los pretendientes. Yiya, Marta y Rym son las ‘princesas’ que buscan a su pareja ideal. Las relaciones van fraguando poco a poco, las princesas van conociendo a sus pretendientes favoritos hasta que un elemento externo en forma de carta acaba con la magia. El programa entrega cartas a sus princesas que relatan secretos de sus pretendientes. Algunos de estos secretos producen un distanciamiento o desconfianza por parte de las princesas. Pero éstos no son los únicos obstáculos que impiden que triunfe el amor también se produce la irrupción de un tercero en discordia. En esta edición, Rym y Ramiro se conocieron y se gustaban hasta que Ramiro se da cuenta de que también le gusta Marta, la princesa más recatada. A partir de ahí surge un trío amoroso que se complica con la expulsión de Ramiro por parte de Rym.

2-Las protagonistas; la recatada, la atrevida y la antiprincesa

En las comedias de situación, como por ejemplo, en ‘Friends’, los personajes son extremos; Mónica es obsesiva con la limpieza, Rachel es un poco superficial y Phoebe vive en otro mundo. En ‘Un príncipe para tres princesas’ ocurre lo mismo, los personajes son estereotipos; Marta es la más recatada y religiosa, Rym es atrevida y divertida, Yiya es la princesa que no quiere ser princesa y que tiene mucho carácter. Pero todo esto es ficción porque en la vida real son mujeres, como tú y como yo, con personalidades más complejas.

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Pero ¿qué ocurre cuando colocas a personajes con cualidades tan definidas en situaciones incómodas? Pues la irrisión. Exactamente eso. En esta última edición, invitan a Marta a una cita romántica en un vertedero, a Rym a una cita en una cocina industrial y a Yiya le piden que se comporte como Marta e incluso que se vista como ella. Y todo esto con un único objetivo; generar humor.

Pero uno de los elementos que más refuerzan mi teoría,-de que en realidad es una comedia al uso-, es el lenguaje propio de las protagonistas. En todas las comedias de situación ocurre lo mismo, hay algún personaje que tiene una frase representativa: el ‘Bazinga’ de Sheldon en ‘The Big Bang Theory’ o ‘El Luisma es tonto’ de Aida. Aquí ocurre lo mismo, la frase de Rym ‘a lo rym’ para definir su forma de hacer cualquier cosa, ha sido repetida en multitud de ocasiones. Lo mismo ocurre con Yiya que habla demasiado y siempre con un lenguaje poético. Todas estas frases acaban siendo una seña de identidad del programa que lo refuerza aún más con el uso de grafismos.

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3- La edición del programa

La edición de ‘Tres Príncipes para Tres Princesas’ es lo más aplaudido entre sus seguidores. Gracias a la edición sacan el humor de cualquier situación, de cualquier palabra descontextualizada o de cualquier patada al diccionario. Todo esto acompañado por efectos sonoros y visuales que extraen el jugo a las frases de los protagonistas. Sin duda, la edición es lo mejor del programa y ‘Tres Príncipes para Tres Princesas’ no sería tan divertido si se editase de forma tradicional.

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Hasta aquí todo perfecto, pero ¿qué me inquieta del programa? Estas son las cosas que no me gustan:

1- ¿Princesas? ¿Qué princesas?

El programa es una parodia de los cuentos de hadas y soy consciente de ello. Todos los elementos más representativos de los cuentos están presentes; hay hadas madrinas o confidentes, hay príncipes y princesas, ¡hasta hay calabazas! Entrar en el planteamiento humorístico del programa es fácil pero también se cuelan otros mensajes;

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Como por ejemplo, el concepto de ‘princesa’, no me identifico con este término que en casi todos los cuentos representa a una mujer desvalida y triste hasta que encuentra el amor. Tampoco me identifico con el cuento de hadas porque no quiero nada perfecto ni que me conquisten como si viviese en el medievo. Y por cierto, ¿dónde están las otras princesas? ¿Las han dejado en el ‘País de Nunca jamás’? ¿Por qué no hay ninguna princesa gorda, por ejemplo?

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La idelización del amor romántico; los dating shows basan su argumento en que conocerás a la persona de tu vida y serás feliz para siempre, como si no pudieses ser feliz sola. Esa idealización del amor romántico me puede y, aún más, cuando ocurre entre personas que no se conocen.  Aunque sé que es una gran mentira que las parejas no durarán y que probablemente ni se volverán a ver después del programa. Pero lo que menos me gusta es que en cada uno de estos programas hay dos elementos que se repiten: el conquistado y el conquistador. Como si viviésemos en un cuento de Disney y tuviésemos que esperar a que nos calzasen el zapato adecuado. Pero que yo me aclare; ¿el amor no era cosa de dos? ¿Conquistar? ¿Acaso somos algo que poseer?

2- No somos rivales

Independientemente del sexo de los protagonistas aquí se trata de ‘luchar’ por el amor del pretendido y este es un elemento común en la mayoría de datings shows, como por ejemplo, ‘Quién quiere casarse con mi hijo’ o ‘Mujeres y hombres y viceversa’. Sobre todo en éste último, las luchas que se producen entre los pretendientes es, a veces, encarnizada; peleas, insultos o jugarretas.

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En ‘Un príncipe para tres princesas’ la competencia no es tan evidente y las protagonistas se llevan bien. Pero sí hay cierta tensión entre ellas, algo que se agudiza más en ‘Mujeres y Hombres’ y que aparece también en ‘Casados a Primera Vista’. En la última edición del programa, Sabrina, una de las ‘casadas a primera vista’, tuvo un desencuentro con su ‘suegra’. Suegra y esposa luchaban por el amor del hijo, Jonathan, y las perlas que se soltaron fueron bastante hirientes. A la suegra no le gustaba la nariz de Sabrina y se lo hizo saber a su hijo: ‘se la puede operar’. Pero la lucha continuó, cara a cara, entre Sabrina y su suegra en una tensa comida familiar.

Y yo me pregunto, ¿podemos dejar de criticar a una mujer por su físico? ¿podemos dejar de criticar a otra mujer sólo porque le guste la misma persona que a ti? ¿podemos dejar de competir y de ser rivales?

Mi respuesta a esto siempre es la misma: es mejor estar unidas que enfrentadas, es decir, no somos rivales, no somos competencia.

A pesar de todo lo expuesto anteriormente, vi todos los episodios de ‘Un príncipe para tres princesas’ entre ansiosa por saber que iba a pasar en el siguiente capítulo y culpable por perder mi tiempo en un programa que representaba muchas ideas que no me gustan. A vosotras ¿os espanta o estáis enganchadas a los datings shows?