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El body positive tiene la culpa del fin del mundo

Hace unos meses que estoy encontrando artículos firmados por expertos en medicina, por psicólogos, por nutricionistas… en donde culpan claramente al movimiento “body positive” del aumento de la obesidad en el mundo.

Este movimiento en el que las mujeres se aceptan a si mismas tal y como son,  y no solo eso, sino que en algunos casos se atreven a verse guapas, es el diablo. De hecho se han inventado un trastorno psicológico para aquellas mujeres que siendo gordas se ven bien, “Megaréxicas” se llaman.

Y yo vengo a darles la razón, porque la tienen. ¿Desde cuándo está bien no matarse de hambre para tener una 36? ¿Qué narices hacen las mujeres que no cuentan calorías? ¿De qué van las que se comen una plato de croquetas sin sentirse culpables? ¿Y las que se ponen vestidos y shorts y se les ven las lorzas? Apología de la obesidad se llama.  Y que se sepa desde aquí, que la obesidad es la peor enfermedad que uno puede tener,  es la más mala, con diferencia a todas las otras.

Gordos negando la evidencia. No tienen remedio

Las gordas tenemos la culpa de que el mundo se acabe. Somos las culpables de la deforestación de la selva, del cambio climático y de mil cosas más, y ya va siendo hora de que esto salga a la luz, y se nos caiga la cara de vergüenza, con papada incluida. ¡Hombre ya!

Así es que hemos redactado una lista de cosas por las que estamos destruyendo el planeta nosotras solas, y nos vamos a ir para el carajo. No nos salva ni Noe, porque si se le ocurre hacer una barca, pues hacemos una barbacoa con los animales que meta, y con lo que pesamos la hundimos fijo.

  • Tenemos la culpa de la destrucción de la capa de ozono, porque nuestras freidoras no paran en todo el día de hacer croquetas, y esos humos de nuestras campanas extractoras van al cielo. Donde a parte de crear graves depresiones a los pájaros, ya que no encuentran alimento con ese olor, pues se cargan una buena parte del ozono de donde viven las gordas.  Multiplica por las gordas que hay en el mundo y empieza a comprar crema con protección 500 porque en unos años el sol te va a quemar fijo, sobretodo si eres vecino de una, ese trozo de capa es irreparable.

  • Gastamos más maquillaje para ser guapas de cara  y antiojeras,  eye liner y pintalabios, y eso contamina que no veas.
  • Las plantaciones de azúcar se quejan de que no dan abasto, y que en el 2098 no podrán seguir llevando sus tanques a las fábricas de bollería industrial, que es lo único que comemos. Espero haberme muerto o me suicidaré comiendo panteras rosas que están llenas de E, y eso es mortal.
  • Los E (aditivos que se añaden a los alimentos) también se van a agotar, porque nosotras solo comemos productos que los lleven y claro como tenemos hambre (cada 20 minutos) imagínate la cantidad de E que se necesitan para alimentarnos. Se están planteando los científicos añadirle E a las zanahorias, y al brocoli, a ver si comemos un poco, pero a nosotras no nos engañan.
  • La deforestación de los bosques tropicales y la desaparición de la especie de los orangutanes es culpa nuestra también. Ya que no paramos de comer aceite de palma a todas horas.  Y claro quítale a una gorda una palmera de chocolate, te mata en 3,2,1..

¡Putas gordas!

  • Ocupamos más espacio que los demás por lo tanto en un tiempo se van a tener que empezar a ligar las trompas las mujeres porque con tanta gorda, no se va a caber en el planeta.
  • Tienen que poner más autobuses y más trenes porque nuestros culos no caben en los asientos estándar, por lo que la cantidad de gases de los tubos de escape hará un aumento de las emisiones que causan el efecto invernadero. Vais a estar morenos todo el año queridos, verano forever.
  • Cuando tenemos hambre (cada media hora) nuestras tripas rugen por encima del nivel de ruido permitido, y contribuimos a la contaminación acústica muy por encima del silbido del afilador.
  • Estamos rebosando los límites saludables de las depuradoras porque como comemos más, cagamos más, y ya no saben qué hacer con nuestra mierda ( podrían repoblar de árboles la selva amazónica y seguir haciendo aceite de palma, ahí les dejo una idea).

  • Si tenemos un accidente mortal no pueden llamar a nuestras madres ni parejas, porque en la “AA”  de la agenda tenemos “AA Telepizza”.  O sea que si palmamos, por favor, una cuatro quesos por si el camino al paraíso dura más de media hora. Los servicios de emergencias emplean mucho más tiempo en localizar a nuestros familiares. Tiempo que podrían emplear en salvar a una flaca, claramente.  Pero de todos es sabido el egoísmo de las gordas.
  • Los gusanos de seda viven explotados en plantaciones que hacen vestidos para gordas y claro trabajan cinco veces más que si tuvieran que vestir a una flaca. Por lo que les obligan a hacer largas jornadas de 20 horas diarias. Y lo mismo ocurre con los campos de algodón, que ahora a los gordas les ha dado por llevar bragas de este material, y para hacer una sola braga se necesita una hectárea mínimo. ¡Qué despropósito!
  • La producción de telas de cualquier tipo no da a basto, porque ahora a los gordas se las ha ocurrido ir monas y tener un montón de vestidos, y claro pues con el exceso de tela que hay que usar pues las existencias están bajo mínimos. Las empresas advierten que en unos cincuenta años no habrá tela para vestir a nadie más y tendremos que taparnos el chirri con hojas de palmera (Ay no, que la selva nos la hemos cargado ya. Que jodido lo tenéis, queridos).

Así es que después de que saquemos a la luz toda esta información esperamos que metan en vereda a todas estas gordas “body positive” que se reproducen como ratas, y vuelvan a ser normales de nuevo. A sentir vergüenza de sus cuerpos como manda la ley, a taparse con ropa negra y con poca, para que los demás tengan derecho a elegir. Y a salir poco de sus casas para que no molesten al resto. Y en unos años de desprecio y persecución hacia ellas, se habrán extinguido y solo quedará una sociedad que cuando se mire al espejo se odie, como debe de ser para que la industria se siga forrando con ellas.

Artículo patrocinado por las ideas de Lucia Lodeiro, Cristina Sebastià, Carla Potter, Luz Mar Rebollo, Alba Somoza y servidora.

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