Soy una persona introvertida. Me encanta perderme durante horas en mis propios pensamientos y pasar mucho tiempo en soledad. Esto no quiere decir que sea súper inteligente y profunda como pintan a los personajes introvertidos de las películas (la mayoría de mis divagaciones giran en torno a cuántas bolsas de patatas puedo comerme sin morir). Y no, tampoco quiere decir que no sepa relacionarme con la gente o que sea tímida o antisocial.

En realidad, ser introvertida es simplemente una forma de ser exactamente igual de válida que su opuesto: la extroversión. El problema es que vivimos en una sociedad terriblemente extrovertida. Un mundo en que el éxito tiene poco que ver con lo cómodos que nos sentimos cuando nos quedamos a solas y mucho con el número de planes que tenemos el sábado por la noche y la cantidad de personas que agregamos a facebook al día siguiente.

Y yo, que aparte de introvertida soy un poco intensa, a veces no sé qué hacer. Porque no, no es fácil ser introvertido en un mundo que te pide a gritos (literalmente) que hables más, que conozcas a más gente y que destaques entre la multitud. Y cuando me pongo en plan profunda, estas son las cinco fases por las que paso:

FASE 1. PUEDO HACERLO.
Es sábado por la noche. Mi única compañía es Netflix y no podría ser más feliz al respecto. Recibo un whatsapp: ¿Haces algo esta noche? Dejo el móvil a un lado y miro la lista de temporadas que me queda todavía por ver de y de repente me siento culpable. Igual quedarme en casa un sábado por la noche está mal. Igual no es una opción. Puede que para un lunes o un miércoles sí, pero quizas para un sábado no sea . Quizás todos los fracasos y frustraciones que me quitan el sueño tienen una solución simple: salir más, conocer más gente, ser más extrovertida. O igual no, pero en una sociedad en la que todo orbita alrededor de lo mismo, es fácil terminar pensando que la causa de todos tus problemas se encuentra en que te gusta demasiado la soledad.

 

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Doodle de Bored Panda. www. boredpanda.com

2. ¿SER O NO SER SOCIABLE? ESA ES LA CUESTIÓN.
No he puesto ni un pie fuera del portal y ya me he replanteado el plan unas 32 veces. En mi cabeza he pensado toda una lista de excusas para no salir tan buenas, que casi me he convencido a mi misma. El problema es que todavía tengo un dilema en la cabeza más chungo que el de Hamlet. Si no voy, me sentiré mal repitiéndome a mi misma que , pero si voy, también, porque no estaré siendo yo misma y todo el peso de los mensajes pop como «Se tú misma. Todos los demás ya están cogidos» caerá sobre mi sin piedad. Por otro lado, ¿cómo puedo estar tan segura de quién soy? Solo tengo 20 años. Acabo de empezar a descubrirlo.

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Yo convirtiendo la más mínima duda en un dilema existencial.

Finalmente opto por darle al plan y a mí misma el beneficio de la duda, pero me anoto mentalmente todas las excusas que he pensado por si al final me toca hacer bomba de humo.

FASE 3. CREO QUE PODRÍA ACOSTUMBRARME A ESTO.
Mis amigos y yo hemos acabado en un bar del centro y tengo que admitir que pensaba que iba a ser mucho peor. Estoy conociendo gente nueva y entablando con ellos conversaciones interesantes sin que mi cerebro se haya fundido por sobrecarga o se haya desconectado y puesto a pensar en memes de gatos o en el último capítulo de Girls. Tampoco es que de repente me haya convertido en la reina de la fiesta, pero por lo menos cuando me apuntan las luces del local no parezco un cervatillo asustado ante los faros de un coche. Y eso ya me parece todo un avance.

FASE 4. HAGO BOMBA DE HUMO
Me lo estoy pasando bien, pero empiezo a estar cansada y el recuerdo de Netflix ha aparecido en mi mente en plan nostálgico como si fuera el fantasma del ex que nunca llegaste a superar. Además, ya ni siquiera puedo mantener una conversación normal porque mi mente se desconecta y empieza a pensar en mi cama. Pero no pasa nada, estoy orgullosa de mi misma por haber sido capaz de haber salido y hacer algo diferente…Hasta que miro el reloj y me doy cuenta de que solo son las doce.

Me siento como Cenicienta. Como si todo hubiese sido un truco de magia y mi extroversión solo durase hasta la medianoche. Empiezo a lanzar indirectas a mis amigos sobre lo agotadora que ha sido mi semana y la montaña de trabajo que me espera al día siguiente, pero después de recibir un par de comentarios sobre lo inaceptable que es marcharse tan temprano un sábado, decido sacar mi plan maestro de la manga y hago una bomba de humo que ni McGuiver.

FASE 5. OTRA VEZ EN CASA
Es la 1 de la mañana del domingo. Estoy en el sofá de mi casa viendo vídeos de Youtube en bucle mientras como unas patatas de bolsa. De repente entra en mi móvil un mensaje nuevo: un vídeo de mis amigos en un local bailando y cantándole a la cámara. Hay mucha gente y la música suena tan alto que por el móvil se oye distorsionada. Aún así, parece que lo están pasando en grande y que no podrían estar más a gusto.
Cuando se acaba el vídeo, me doy cuenta del silencio que reina en mi casa en comparación… Y de que yo también me siento muy a gusto.