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La heroína antilorzas

Siempre he sido ‘de vida’ como dice mi madre. Pero vaya, seré sincera y dejaré de lado los eufemismos de mi amantísima santa madre, para reconocer que para mí comer es todo un placer. Hay quien tiene vicios: bebe, fuma… Yo no me he emborrachado nunca (sí, lo sé, debo ser la única treintañera, que no vive en clausura y que nunca se ha emborrachado) y tampoco fumo, ni tomo ni he tomado ningún tipo de droga (sí, también imagino que debo ser una especie en extinción) pero un buen plato de comida me pierde. Y, claro, comparado con esas otras adicciones lo mío puede parecer un mal menor, pero no, no lo es.

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El gran problema es que mi cuerpo es agradecido y ahorrador. Le gusta guardar para los tiempos de hambre (operación bikini y otros períodos de hambruna extrema), y, además, es agradecido,  porque los deliciosos manjares que se adentran en mi boquita de piñón, no pasan por mi organismo a lo samurai, de forma silenciosa y sin dejar rastro, no, no ellos llegan para quedarse. Las bravas, las croquetitas, los vermuts y otras tantas maravillas gastronómicas mutan y se acaban convirtiendo en unas estupendas lorzas que asoman por encima de mis tejanos. Y es que los jeans, como llaman a esos pantalones muchas estupendas,  estoy segura que debió inventarlos una que llevaba la talla 38, porque a la que pasas de una 42, se convierten en la segunda piel de Barrabás, pero bueno ese es otro tema.

Volviendo a mi condena… Aunque sucumba a los placeres del vermut día sí, día también, yo siempre tengo encendido el piloto automático de ‘Estoy a dieta’, porque por supuesto el café siempre lo tomo con sacarina. Llevo a régimen más de veinte años y… ¿Para qué? Para continuar llevando como perpetuo complemento en todos mis estilismos, especialmente en mis modelitos de verano, que es donde más se ven, esas maravillosas lorcillas (sí, vuelvo a repetir la palabra lorza, porque decir michelín me parece absolutamente abominable y muy poco glomouroso, y yo no usaré una 38, pero a estilazo no me gana ni la mismísima Beyoncé!)

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Mis lorzas tienen vida propia, les gusta contemplar la vida de cara, por eso asoman por encima del sujetador, o por el borde de mi pantalón, se pelean entre ellas por conseguir estar en primera fila. Siempre han tenido un gran afán de protagonismo, luchan por dejarse ver desde cualquier ángulo y ante todo tipo de ojos, por muy discretos que estos sean.

Y como a mí a Diva no me gana nadie, y la primera vedette de mi espectáculo soy yo, me enfrento a ellas cual súper heroína “antilorza”, para aniquilarlas a base de dietas milagro, gimnasio, ayunos o cualquier tipo de matahambres que se ponga de moda.

Pero, claro, ellas también tienen sus armas. Incluso existe un clan maléfico que les ayuda, capitaneado por la peor de todas, la Nutella, flanqueada siempre por los cruasanes y los patatas fritas. Forman una alianza maldita y mortal contra cualquier tipo de dieta, que mi castigada voluntad se atreva a tirar adelante cada lunes de buena mañana.

El problema es que yo siempre he sido pacifista y he decidido que desde hoy mismo, me declaro en paz y  a dieta, sí, pero a dieta de dietas. ¡Qué vivan las lorzas!

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Autor: Lectora de Tot

@lectoradetot

Foto destacada: Axel Rosered

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