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Navidad, el mejor momento para viajar

Lo reconozco. Soy el grinch. Me aterran los gorros de Papá Noel y huyo de todo lo que tenga que ver con los villancicos en bucle en el hilo musical de las tiendas, las relaciones ‘soloendiciembre‘ y los regalos porque los marca el calendario. De estas fechas, lo único que disfruto es el pastel de carne de mi padre y la cara de ilusión de mi sobrino.

Pero las Fiestas también son época de días libres y vacaciones. Y es aquí donde veo la luz al final del túnel: ¿Por qué no aprovecharlos para viajar? Te doy cinco razones para que prepares la maleta  y te escapes, ¡ya!

 

– Por los mercadillos: Cuando uno decide volar en Navidad, lo de menos, es, casi, el destino. Si la low cost de turno te lleva a cualquier rincón de Europa, podrás adentrarte en la magia de Santa Claus y compañía como en las pelis. A mí, que me da alergia hasta el anuncio de Campofrío, me flipa disfrutar de los Campos Elíseos con tiendecitas de artesanía y artefactos innecesarios varios que te ponen a sonreír el cuerpo entero.

El Winter Wonderland en Londres o los más de 80 mercados que nos ofrece Berlín son entretenimiento puro.

– Por las rebajas: Si tienes la suerte de quedarte más allá del 31 de diciembre y estás fuera de España, tus regalos de Reyes te  saldrán mucho más baratos. El día 2 de enero los Primarks, Forevers21 y compañía nos ofrecen unos suculentos descuentos  que, por mucho que nos limite el equipaje de mano, no vamos a poder rechazar. ¿A quién le importa venir con dos abrigos puestos  y los bolsillos llenos de medias de corazones si éstas están a una libra?

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 – Por la comida: ¿Cómo no iba a ser esta una razón? Raccletes, gofres desbordantes de chocolate, hamburguesas más grandes que mi cara o vino caliente son algunos de los manjares que la Street food nos ofrece en nuestras escapadas durante diciembre. ¡¿Cómo ir a conocer una ciudad sin volver con un par de kilos de más?!

– Por las tradiciones: En Islandia, la Nochebuena transcurre entre libros y chimeneas. El Jólabókaflód consiste en regalarse un libro y dedicar el 24 y el 25 a leerlos en la paz del hogar. En Alemania, San Nicolás regala nueces a los niños en vez de caramelos y, en Polonia, se cena sopa de setas con pescado y semillas de amapola. En Canarias, un 31 de diciembre en la isla de La Graciosa se pasa entre lino y arena.

Si visitas algún lugar en Fiestas, aprovecha para empaparte de su cultura, de la de verdad, no de la que te muestran en el Citysightseen.

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– Por los nuestro:  Llenar los cajones de tu novio de calzoncillos nuevos y comprarle ese juego de la play que tanto le gusta es, por supuesto, un detallazo. Pero, amiga, el 7 de enero, todo eso va a estar a mitad de precio. Adelanten sus regalos. Llévate a tu hermana pequeña a conocer a Mickey o, por fin, acompaña a tu madre a ese spa que tanto merece. Al fin y al cabo, lo que recordamos son momentos, y no aquella pintura de uñas que nos compraron en 2012.

Y es que viajar, como comprarse ropa mona, no es cuestión de tallas ni presupuestos.  Así que tanto si amas la Navidad como si eres de mi club, aprovéchala para darte un homenaje. Quien sabe, igual volvemos de ese rincón de Noruega un poquito menos Grinch.

Emma.

 

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