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Paloma González: la gordofobia se apodera de Cámbiame

Como ya sabréis Cámbiame tiene un nuevo formato y nuevos estilistas. Y en especial hay una que… Paloma González se llama.

 Ella cada vez que le toca un cambio a una gorda entra en shock. Y no exagero, no sabe por dónde salir, y empieza a dar vueltas y a quejarse y a soltar por la boca perlas como  “Es que tiene un cuerpo muy difícil” “Es que no es una 36” “Es que no tiene 20 años y claro…” Todo esto para justificar que de estilista tiene lo que yo de modelo de Victorias Secret. Porque un estilista de verdad no pone pegas a los cuerpos que le tocan, los coge como un reto y saca partido a todo lo bello que tienen. Porque Paloma, querida, si te dedicaras a mirar lo bueno que tienen las personas que van a ese programa y no lo “malo” según tú,  todo sería más fácil y más bonito y menos irritante de ver. Porque yo he de confesar que ahora solo lo veo para tener algo que odiar.

Así es que Paloma  (la estilista de goma) te voy a dar unos consejos para que la próxima vez que te toque una gorda pues puedas vestirla más relajada. De estilista a estilista (que vaya yo no lo soy, pero tú tampoco) aunque como sí soy gorda y me visto fácilmente pues en algo te llevo ventaja.

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Lee querida:

1. No ser gordófoba. O sea, persona que ve una gorda y entra en crisis igual que cuando yo veo una araña, vaya que le da el mismo asco y desesperación.

2. No vestir a las gordas como si fueran tu abuela del pueblo. Supongo que claro, tú en tu entorno solo te rodeas de gente joven y delgada y tienes el recuerdo de tu abu, que la mujer era redonda y dices “Pues las visto como se vestía ella”. Error, hay ropa actual para las gordas y además barata, y mona, solo hay que saber combinar, lo dan en primero de estilista.

3. Las gordas no tenemos un cuerpo difícil tenemos un cuerpo grande. Que es muy diferente.

4. Intentar que parezcan delgadas. ¿Desde cuando una mujer para ser guapa y vestir bien tiene que ser delgada? Quizás en tu cerebro sí,  pero en la realidad se puede ser gorda, guapa y  sexy. Y no hace falta que intentes disimular todas las redondeces, curvas y protuberancias, que así salen luego a la pasarela, hechas un cuadro.

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5. Dejar de pensar que para vestirte fácilmente tienes que ser joven y tener una 36. Porque yo me visto cada mañana sin ningún tipo de sufrimiento, y voy más mona que tú, todo hay que decirlo, y no me resulta nada costoso. Y ni tengo 20 años ni una 36, ni falta que me hacen ninguna de las dos cosas.

6. Ponerles su talla. Yo no sé si lo haces a propósito pero cada vez que les pruebas cosas son de dos o tres tallas más pequeñas de la que necesitan, y las sacas arrepretadas y empiezas a decir “Claro, es que no le queda bien, es que le marca todo” para justificar tu incompetencia, porque si la ropa fuera de su talla no les marcaría nada, lo dan también en primero de estilista, quizás hiciste pellas en esa clase.

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Así es que de verdad, qué pena que se fuera Natalia y te dejaran a ti, porque aunque ella era un poco exagerada, y lloraba por todo, por lo menos no se quejaba cuando le llegaba alguien fuera de los estereotipos marcados. Empatizaba fácilmente con las personas y  también le gustan mucho los gatos. Porque a ti de momento aún no te he sacado nada de positivo, bueno sí, si quieres saber cómo no hay que vestir a una gorda, solo hay que mirar tus cambios. Gracias.

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