Hola a todos.

Me llamo S y como dice el título, me voy a casar, en un año, con el tío más maravilloso del mundo (a veces) que es mi novio X.

Lo de solo poner las iniciales no es moñería, que conste. Yo pondría nombres, pero prometí a X que sería discreta con todo el invento este de contar nuestra “vida y boda”, porque él es muy tímido y odia la notoriedad. Así si estas líneas llegan a conocimiento de su tía, la de Tomelloso, la buena mujer no sabrá que somos nosotros.

Volviendo a la presentación, esta podría ser una sección sobre bodas más si no fuese por la otra mitad del título.  Lo que hace original todo esto, mi diferencia sustancial con esa otra parte del mundo que compra en Zara, es el hecho de que estoy gorda, pero gorda de verdad.

Ni rellenita, ni anchita, ni con curvas. Para mí esos son conceptos fueron inventados por McDonalds para que aquellos entre la talla 36 y 42 se puedan comer una hamburguesa de vez en cuando.  No es mi caso. Yo soy una pedazo de bigarda de 1,75 con una talla 48 y, para mi desgracia, un 44 de pie. Soy grande en todos los sentidos de la palabra. Como la Jurado, pero en un sentido más textil y menos diva.

Holi, no soy yo, pero podría

Holi, no soy yo, pero podría

Como toda chica, cuando empezamos a plantearnos lo de oficializar nuestra actual vida en pecado, amén de prometerme que trataría, una vez más de bajar peso, comencé a cotillear en internet. Y, como siempre, ahí me estampé con la realidad. Todas las fotos con vestidos que mostraban modelos gorditas eran de marcas extranjeras y había bastante poca información  sobre ropa, zapatos y demás objetos necesarios para una novia más allá del precipicio de la talla 44.

Siempre he creído en tenemos la responsabilidad común de llenar internet con experiencias que ayuden a otros,  por eso  decidí escribir esta experiencia con la doble finalidad de buscar y compartir información sobre el tema con gente que ya haya pasado por ello, y de utilizarlo  como desahogo cada vez que una dependienta pija y famélica de una tienda de novias o de una peluquería me mire de arriba abajo con cara de vinagre (si realmente eres de mi clan, te habrá sucedido).

Ser gordita no me define por completo, pero es otro aspecto de mí, como mi obsesión con las listas, la necesidad de organizar todo al milímetro y el perfeccionismo tocapelotas. Tengo bastante sentido del humor y una necesidad incontrolable de contestar al que me insulta, así que os prometo cuanto menos diversión, eso y, espero, descubrir dónde comprarme unas medias de novia que no se terminen medio palmo antes de llegarme a la ingle.

Deseadme suerte

-S-

 

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