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¿Qué pasa cuando empiezan a aparecer bebés en tu círculo de amistades?

En otro post ya expliqué que nunca he tenido un instinto maternal demasiado desarrollado pero bueno, iba capeando la tempestad porque aún “era jovencita”. El problema es que últimamente los críos van multiplicándose a mi alrededor y con ellos los comentarios tipo “a ver cuando te animas”, “ahora te toca a ti” o “parece que tu madre tiene ganas de ser abuela otra vez”. Ojos en blanco y mogollón de ansiedad. ¡Qué difícil es vivir en sociedad a veces, joder!

Como treintañera que soy estoy en un momento bastante raro de mi vida. Sí, los treintañeros somos así, muy de quejarnos todo el rato… será cosa de millennials o de algo de eso de la posmodernidad o de sabe dios qué, pero menuda frustración loca. Necesito desahogarme y avisaros de que los aparición de bebés en vuestro círculo de amistades es el paso definitivo hacia la senectud, por eso tenemos que estar preparadas.

El anuncio del primer hijo de amigos siempre es un shock brutal y te genera muchos sentimientos encontrados. Respira. Por una parte estarás muy contenta por ellos, lo buscaban y seguro que van a ser unos padres estupendos. Por la otra lo sabes: se abrió la veda y quieres llorar bajito porque nada volverá a ser como antes y da un poquito de vértigo.

– La negación. Y es que a ratos te olvidas de que tu amichi tiene un aliensito (y de verdad, esto lo digo con amor) creciendo en su interior. Tú sigues queriendo hacer vida normal (lo que tu consideras normal, claro) pero es imposible. Para empezar porque la madre no puede beber alcohol ni abusar de la cafeína y es todo demasiado raro. Y da gracias si no tiene que guardar reposo, por lo que sea.

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– Has conseguido digerir la noticia. Has tardado unos 6 meses, pero ya se nota demasiado: tu amichi se ha convertido en una albondiguilla y todo tu entorno estará un poquito insoportable con temas que te harán sentirte una completa extraterrestre. Lo mejor es que vayas practicando las caras de interés, porque ya te digo que es el principio del fin del mundo tal y como lo conocías hasta ahora.

– Nace la criatura y es todo muy tierno y muy bonito, hasta se te enternece un poco el corazón cuando la ves, te emocionas comprando la mítica tarta de pañales y hasta participas en la absurda discusión sobre si el recién nacido se parece más a su madre o a su padre. Te sientes muy mayor sin ser tú nada de eso y empiezas a hacer apuestas y esquemas mentales intentando averiguar quien será la próxima pareja en decir que están embarazados… porque el efecto contagio EXISTE y es lo más normal (y cómodo) del mundo.

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– En la primera quedada post parto te vas a sentir muy desubicada. Olvídate de seguir tomando cañas sentada en las escaleras de siempre o de enredar sin problemas horarios. Ahora todo tiene que ser baby friendly y en un diámetro de no más de 1 km a la redonda de la casa del retoño. Hay que pensar en el fácil acceso del carrito, la temperatura ambiente, los ruidos…Las prioridades evidentemente cambian mucho. Es posible que no estés preparada para ello pero no te va a quedar más remedio que interiorizarlo porque cariño, por mucha inquietud que tengas en el alma, la rara sigues siendo tú. De repente eres una adulta rodeada de adultos con preocupaciones reales y DRAMA (del primer mundo, claro).

– Ya está, ha llegado el momento: aunque saben perfectamente que no te gustan mucho, te ofrecen coger al bebé en brazos y se te dispara la ansiedad. Te sientes un poco como la protagonista de “Magical Girl” y encima te toca aguantar miradas de condescendencia porque “mira que eres rancia”. Ahá.

Asume que va a haber cambios. Es posible que las mismas personas con las que antes hacías equipito para mirar fatal a los niños pesados y gritones, ahora tengan una tolerancia fantástica a los llantos, a los chillidos y a la revoltosidad. El ser humano es una caja de sorpresas.

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– En algún momento te caerá eso de: “qué suerte tienes de no tener niños y seguir haciendo lo que te da la gana”. Mira, perdona, es mi elección… con sus cosas buenas y sus cosas malas. Yo no te estoy juzgando por la tuya así que DÉJAME EN PAZ, gracias.

Y para terminar un pequeño consejo: no os metáis en temas de crianza. Da igual que vuestra opinión pueda tener algún valor, eres Herodes y no cuentas. Fin.

 

 

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