Olvidar a un ex nunca es fácil, aunque el susodicho haya sido un capulleitor, y es que, como ya cantó la gran filosofa Karina “Mirando en el baúl de los recuerdos, cualquier tiempo pasado nos parece mejor”. Por eso mismo, y por la costumbre y el miedo a lo que pueda venir sigues ahí sin cortar lazos ni comunicación, y al final eres tú misma la que se está rompiendo el corazón solita.

Basta que te des cuenta de que andar stalkeando su Facebook acaba la mayoría de las veces en un mar de lágrimas y que cada vez que le pones un WhatsApp esperas algo más que un «OK» o que te deje en visto, para que te decidas a dar el paso de cortar la comunicación.

Tras unos días sin escribirle estás esperando la ovación del público, porque amiga, ¡lo que te ha costado no whatsappearle! (sobre todo cuando has entrado compulsivamente a ver si estaba en línea o para ver cuándo había sido su última conexión), peo aún queda mucho camino.

Si realmente estás decidida a olvidar (oye, que eres muy libre de quedarte de Drama Queen de luto para el resto de los restos, pero vaya, se te van a quedar los ojitos secos de tanto moqueo) has de tener dos cosas: dosis de realidad y el temazo de los Beatles por bandera With a little help from my friends, porque sí, los amigos están para ayudarte a limpiar la mierda también, y te van a hacer el camino más fácil.

Ahora que ya tienes lo básico puedes utilizar la técnica del squealing (otro palabrejo anglosajón para nuestro gran diccionario del (des)amor que significa denunciar) te voy a contar cómo ponerla en práctica para salir a flote y conseguir que tu querido ex se quede en el pasado y no te produzca más noches de insomnio:

1. Elige a quienes serán tus orejas y tus hombros

Que toda persona tiene amigos y conocidos está claro, y luego los hay que escuchan y los hay que no. Haz un repasito de quién sabes que estaría más que dispuesto a escuchar tus penas y ser tu pañuelo de lágrimas mientras que superas esto, si tienes dos o tres pilares en los que apoyarte… mejor.

2. Haz tu primer squaling: My friend, confieso que…

Aunque no hayas entrado en crisis ahora mismo si le cuentas tus flaquezas tu amiga sabrá cuándo puede venir la tormenta. Ese momento de sinceridad en el que le cuentas que cada vez que pasas por la puerta de aquel bar donde os conocísteis te da un vuelco la patata, o que cada noche, después de cenar, te dan grandes tentaciones de decirle que pase por tu casa para ver Netflix juntos como solíais hacer; puede ayudar mucho para lo que está por venir.

Márcate un Britney con tu Bestie.

3. Sal y Haz, pero en el mundo real.

Mantenerse ocupada es una de las claves fundamentales para no darle de más a la lavadora, y si es en compañía mejor que mejor (los paseos solitarios puede que te rayen más aún). Así que sal, conoce gente, socializa con tus amigos; pero no te olvides de mantener al menos un pie en la tierra, es decir, que no puedes perder de vista en qué punto estás y que tu vida real sigue ahí.

4. El momento piña: solo está permitido llamar a tu amigo

Ha llegado el momento: te ha dado un bajón más grande que cuando Take That se separó (lo de las Spice Girls no fue para tanto) y estás con el móvil en la mano escribe, escribe; borra.

¡Deja ese móvil en el suelo y las manos en alto donde yo las pueda ver!

Venga, cariño, inspira… expira… inspira… expira…

Ahora sí, acércate lentamente al teléfono, sin movimientos bruscos.

Llama a Tu Persona.

Desahoga.

Bien hecho.

5. En frío se aprende mejor

Una vez se te ha pasado el momento locura leechotantodemenosquenopuedovivirsinél de repente PLOF! la claridad se abre frente a ti y te preguntas: ¿en qué estaba yo pensando para querer llamarle? Y te das cuenta del poco sentido común que estabas teniendo mientras das mil gracias de haber llamado a tu amiguísima y no haberla liado parda con una llamada desesperada a tu ex. Ahora que estás calmada aprende de tu experiencia para prevenir futuros ataquitos de locura, y poco a poco irá siendo más fácil.

Aunque no te lo creas, estás avanzando.

Aunque no te lo creas, estás avanzando.

“No te preocupes tanto, todo después de un tiempo te deja de doler o te deja de importar”

Jorge Luis Borges