Querido diario

Cómo parar en un mundo en el que todo va cada vez más rápido

Si es que ya lo dijo Mafalda… ¡paren el mundo que me quiero bajar!

Vivimos en un mundo acelerado. Un mundo de prisas, de “me han mandado un Whatsapp, tengo que contestar”. Es como si todo tuviera que ser ya y YA. Parece que somos unas personas muy ocupadas, porque vamos a todos lados corriendo y porque lo hacemos todo rápido pero realmente el hacer todo a prisas es un sinónimo de mala gestión del tiempo, de desconcentración, de olvidos y desequilibrio personal y profesional.

Vivir con prisas nos hace tener más estrés y más ansiedad. Vivimos pensando en el futuro, en el “qué pasará”. Dejamos escapar la vida por una falsa ilusión que todavía no está, no existe. Creemos que el futuro nos traerá más felicidad sin pararnos a pensar que la felicidad la encontramos en las cosas cotidianas que hacemos cada día. Pero… ¿parar? ¿yo? Quita quita… ¡¡¡que no me da tiempo a hacer nada!!!

Así que corremos. Y si tenemos tiempo libre nos agobiamos, porque no sabemos qué hacer. Necesitamos estar ocupados, no parar, no aburrirnos.

¡DEJA DE CORRER! ¿Te has parado a mirar lo que tienes alrededor? Lo más simple, edificios, tu calle, el cielo… Tú eres dueño de tu propia vida y eres quien decide a qué ritmo quieres llevarla.
Hacer muchas cosas y no disfrutar de ellas es como no hacer nada. Las personas con calma, las que optimizan su tiempo para trabajar y disfrutar de la vida en todos los sentidos, dan buena vibra y, a más de uno, envidia. ¿Cómo lo hacen?

Prioriza

¿Qué es importante y qué no lo es? Es una pregunta difícil y para cada uno de nosotros las cosas tienen una importancia diferente. Para algunos, lo primordial es el trabajo; para otros, la familia. Realmente, lo importante es actuar conforme a lo que tú piensas como importante para tu vida.
¿Que para ti es fundamental tener un trabajo increíble? ¿Pasar más tiempo con tu familia? Pues céntrate en ello. Pero solo una cosa, pasito a pasito. Recuerda, calidad, no cantidad.

Ponte límites

Los límites nos ayudan a estar y a ser más ordenados. Saber que terminamos del curro a una hora nos ayuda a centrarnos en lo que hacemos. Si no fijamos nuestra atención, el cerebro se dispersa, como el que mira moscas. Y cada vez que nos distraemos… a la mierda la concentración. Y LO SABES. Y aquí es cuando vienen las prisas. “No llego, no me da tiempo…”. Así que lo importante es tener unos límites definidos, así solo prestamos atención a lo que realmente importa.

Aprende a decir que NO

Qué nos gusta abarcar, intentar alcanzar todo. Pero somos seres humanos, no máquinas (y hasta Bender se cansa, recordad). Si te centras en las necesidades de los demás dejas tus asuntos para el último lugar, y es cuando vuelven las prisas. Centrarse en uno no es sinónimo de ser egoísta; es cuidarse, pensar en ti y en tu bienestar.

Desconecta

Del móvil, WhatsApp, del trabajo, del correo electrónico, de TODO lo que te impida disfrutar de otras cosas. La tecnología nos ha ayudado mucho pero ha hecho que sintamos la necesidad de que todo tiene que ser “ahora”. Y eso agobia. Que te escriban no implica que tengas que contestar en ese momento. Tú eres el que decide cuándo contestar. Aprende a retrasar este tipo de cosas. Quizás lo que estás haciendo es más importante… como estar tirada en el sofá, por ejemplo 😉

Y recuerda, que la vida es como un helado. Siempre es más divertido saborearlo de a poco a lametones que zampártelo de un bocado. 🙂

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