Querido diario

STOP validar más a unas gordas que a otras

No sé si será porque últimamente estoy hater, muy activa en redes sociales o un mix de ambas cosas, pero de verdad de corazón que lo que quiero es quitarles el carné de gordas a más de la mitad de los seres humanos que me han escrito estos últimos días para decirme que ‘mimimi la salud, mimimi lis kilis, mimimi ni todis las gordis son igualis’.

PUES NO, NO TODAS LAS GORDAS SOMOS IGUALES, DE HECHO ME ATREVO A DECIR QUE:

TODAS LAS PERSONAS DEBERÍAMOS SER IGUALES

De todos los comentarios que he recibido, los que más me han dolido, los que me han hecho más pupita en el corazón han sido los que me han hablado de gorda a gorda para criticar a otra gorda, o bien porque era demasiado gorda o bien porque no era lo suficientemente gorda. PERO VAMOS A VER QUÉ OS PASA EN LA CABEZA, GORDAS DEL MUNDO.

Si eres flaca puedes seguir leyendo el artículo, bienvenida a nuestro drama <3

Os lo voy a contar como si fuera cuento:

Érase una vez, en un lugar muy lejano, llamado Españistaña que existían mujeres de todas las clases: altas, bajas, rubias, morenas, pelirrojas, peludas, sin pelo, con muñones, con penes, con tetas y sin ellas y un largo y espléndido etc. que nos incluye a absolutamente TODAS.

Pues bien, todas ellas tenían una causa común: ESTABLECER LA REPÚBLICA FEMINISTA. Para ello contaban con un arma muy poderosa: LA SORORIDAD. Además contaban con superpoderes secretos: LA EMPATÍA, LAS GANAS Y SUS FUERTES OVARIOS.

En la teoría la inmensa mayoría de ellas estaban de acuerdo y unían sus voces para exigir sus derechos, pero cuando llegaba la hora de la práctica algunas de ellas muchos días perdían sus fuerzas empleándolas en perder el tiempo criticándose entre ellas.

Ninguna sabía por qué lo hacía, de hecho, en el fondo de su corazón todas estaban de acuerdo en que si se paraban a pensar antes de hablar o escribir un par de minutos, se darían cuenta de que el comentario que iban a decir no era necesario.

‘Tú no puedes saber lo que es ser fea y gorda porque eres guapa de cara’, ‘tú no puedes defender a una mujer que pesa 150kg porque eso no es bueno para su salud y con ello la estás poniendo de ejemplo a seguir’, ‘tú no puedes decir que estás gorda porque no estás tan gorda’, ‘tú no puedes defender a las gordas porque eres flaca’.

Por dios, ni que las flacas fueran capaces de ponerse en el lugar de otra mujer, de verdad, qué ideas.

El conflicto de estas mujeres era extraño y digno de estudio, nadie entendía cómo eran capaces de pedir respeto para ellas mimas y que luego fueran capaces de hacer con la de al lado exactamente lo que pedían que a ellas no se les hiciera.

¿Pero sabéis qué pasaba? Que había un ejército de supermujeres dispuestas a explicar una vez y otra vez que TENEMOS QUE QUERERNOS ENTRE TODAS ABSOLUTAMENTE SIEMPRE, COJONES.

Aunque día tras día tuvieran que soportar la misma avalancha de comentarios, repetir constantemente los mismos argumentos y dejarse las huellas dactilares a base de escribir en bucle frases como ‘pero por favor, ponte en su lugar antes de juzgarla que no la conoces de absolutamente nada’, jamás se daban por vencidas.

¿Y sabéis qué era mejor todavía? Que ese ejército crecía y crecía, cada vez se hacía más y más grande, ya estaban casi en todas las casas, en todos los barrios, en todas las ciudades del país. Eran como una epidemia contagiosa, ya no había manera de pararlas, cada vez eran más y más, de todas las edades, de todas las formas y de todas las razas.

El ejército de supermujeres respiraban hondo y explicaban las veces que fuera necesario que el amor es lo más importante, que lo que no hicieran ellas por sí mismas y sus compañeras no lo iba a hacer nadie, que la lucha era única y exclusivamente de ellas, era suya, era de todas y cada una de las mujeres que formaban ese país y todo el mundo entero.

Aún no conozco el final del cuento, porque es una historia que está viva, pero me atrevo a adelantaros el final: lo conseguiremos.

No juzgues, no insultes, no provoques. Quiere, defiende y respeta. Entre gordas, entre mujeres. Todas somos iguales, nadie debería decirte qué haces bien o qué haces mal. Así que no lo hagas tú.

Salud, feminismo y sororidad, siempre.

 

 

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