– Me encanta estar contigo.

– Y a mí contigo. Y me encanta verte tan bien.

– Es que estoy bien. Estoy genial.

¿Eres feliz?

– Sí.

– ¿Cuánto?

– Mucho, soy muy feliz.

– Entonces has dejado de buscar la felicidad…

– No. Sigo buscándola.

– ¿Por qué? Si ya eres feliz… Uno no busca lo que ya tiene.

– Eso es cierto. Pero la felicidad no es la meta, la felicidad es el camino. Por eso nunca dejaré de buscarla. Esa búsqueda es la felicidad en sí misma. Soñar despierto es no tenerle respeto al tiempo, no mirar la vida pasar, pisar fuerte aunque no sea firme y no volver la vista atrás. Creer en ti y saber que tú puedes, imaginar en voz alta como si todo fuera verdad, sin vergüenza a que no lo sea y sin miedo al qué dirán. Importa lo que haces y no lo que dicen, las cosas materiales van y vienen, los años no se cuentan sino que se viven y no son mejores los que más tienen. El tiempo es muy relativo y nunca es tarde para volver a empezar, las ganas se hacen solas, el paraíso es un momento y no un lugar. Atrás sólo está el pasado y la dirección es siempre adelante, la felicidad en realidad no existe, sólo existe ser feliz cada instante.

Porque cuando encuentras la felicidad te das cuenta de que no puedes detener el tiempo en ese instante. La vida sigue, y tú sigues con ella.

Ser feliz no es un estado de ánimo, es una actitud. Y en este instante soy feliz. Porque elijo ser feliz.

Elige ser feliz.