Querido diario

La frustración de currarte una vida saludable y que nadie te crea porque NO estás delgada

Unos tenemos más suerte que otros en la lotería que es la vida y también en el bingo de los cuerpos. Hay gente que tiene bingo, gente que tiene alguna línea y gente que lleva esperando toda su vida a que salga el 69 (jeje).

Y fuera de analogías absurdas, es indudable que si comparamos cuerpos y los ajustamos a los cánones de esta sociedad, hay gente que sin hacer nada sale ganando enormemente. Y otras que por mucho que hagan, pierden siempre. Vamos, que está clarísimo que el juego este está amañado- alguien debería quejarse. Así que para empezar, me voy a quejar yo:

En mi caso, además de todo este potaje, le añadimos una gran cucharada (más bien la olla entera) de hipotiroidismo y de cómo mi tiroides se fue “a por setas” (palabras literales del endocrino) hace dos años, y ya veis que tengo tan mala suerte que fijo que saltó al vacío y lo pilló lleno.

Y es ahí cuando entran las frustraciones. Porque este mundo en el que vivimos siempre va a pensar que una persona delgada está más sana que una gorda. Siempre. Por mucho que vean día a día a la persona delgada inflarse a donetes y chutarse cocacola (aunque sea de la zero, que sigue contando, eh), y a la gorda la vean irse al gimnasio todos los días y comer sanísimo. Siempre-va-a-estar-más-sana-la-persona-delgada.

Aunque fume. Aunque se pegue unas cogorzas los fines de semana que no se acuerde ni de quién es, ni de dónde ha salido ese tatuaje nuevo que no recuerda haberse hecho. Aunque para pegarse esas cogorzas y aguantar le añada alguuuuuna cosilla. Aunque esnife pegamento, petazetas y se haga el bocadillo con bacon en lugar de con pan. DA IGUAL. Mientras siga con el cuerpo fino como un junco al ondear, todo el mundo le va a considerar un sanote y no se va a interponer en su vida.

Pero ¡ay! Pobre de ti si resulta que tus lorcitas te abrazan cuando tienes frío o tu silueta se parece más a una calabacita que a un junco ondeante. Ay de ti, Maricarmen.

Yo, por ejemplo, soy una de las personas más deportistas que he conocido en mi vida. Na, es mentira, pero ¡que alguien intente superarme!. Lo mínimo son 10 horas a la semana, dos horas al día de lunes a viernes. Y luego los findes salgo a bailar, o juego dos horas de pádel (quemándome como una pechuga de pollo en una sartén que nadie vigila), o me bajo al portal a saltar a la comba (o a que la comba me dé latigazos, que para mí es equivalente), o me pego tres polvazos como una reina.

Además, como sanísimo. Hacemos la compra general los domingos y la “CajAmiga” del Alcampo nos dice “Son 87,70€… y dais muchísimo asco”. No recuerdo la última vez que comí algo de bolsa, ni patatas ni doritos ni Cheetos ni nada. Mis “snacks” son fruta y chocolate negro 85%. Que es que lo estoy pensando y me estoy dando hasta repelús a mí misma.

Pero nada, como mi grasa se abraza a mi músculo como yo me abrazo a la taza del váter los domingos de resaca, siempre voy a recibir comentarios. Nunca nadie asume que yo sé lo que hago, que sé de lo que me hablo, que estoy dedicando parte de mi vida a esto.

 

Esta es una de las peores frustraciones que conozco. He estado a punto, lo juro, de ir por la vida con un cartelito que ponga “ESTOY SÚPER FUERTE AUNQUE NO LO PAREZCA”. Pero claro, si quería que fuera fiel a la realidad tendría que ser, más que un cartel, un pergamino rollo medievalero que tendría que leerle a cualquiera que me mirara por la calle “Tengo 24 años, soy hipotiroidea, lo que significa que mi metabolismo está emporrado 24/7, voy al gimnasio muchísimo, llevo una alimentación impecable… “ y podría seguir ahí hasta el infinito.

Así que hasta que no inventen los perfiles de Tinder andantes, hasta que no vengamos con manual de instrucciones y recomendaciones del fabricante, o hasta que no me detengan por leer pergaminos extraños a desconocidos por la calle, vamos a tener que comernos las frustraciones y que todo el mundo se piensa que eso no es lo único que comemos… y empezar el juego perdiendo ventaja.

 

KAndreonita

 

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