¡Dale al niño lo quiere, hombre! Dáselo, qué más te da… Porque si sabes que a tu hijo (o a tu sobrino, hijo de amigo, nieto, etc.) le gusta Dora la Exploradora más que a un tonto un lápiz, ¿por qué vas a decidir hacerlo infeliz y llevarle cualquier chuminada… solo porque el objeto en cuestión es rosa? “Ains… Es que a él DE VERDAD, DE VERDAD le vuelve loco… Pero es que la madre me mata como le lleve una mochila rosa de Dora al niño”. Pues la madre es tonta, y tú más. ¡Ya lo he dicho!

Y ahora ya oígo las voces que van a salir defendiendo semejante elección: “Tienes que entenderlo, que ellos lo regalarían encantados, si para ellos no hay problema… La cuestión es la sociedad, así, en general, que no lo acepta. Visualiza cómo se reirán del niño en el cole como aparezca con la mochila rosa… No se puede ser tan cruel”. Ya, un cuerno. Siento ser tan brusca, pero qué tipo de sociedad vamos a crear si ya nos conformamos con la que hay, incluyendo sus cosas malas. No vamos a cambiar el pensamiento común de un día para otro, pero si ni siquiera empezamos por los pequeños gestos, no hacemos más que alimentar esa gran mentira que se vive ahí fuera cada día, y ya no me refiero al machismo y al miedo a abrirse de miras y salir de los cánones marcados. Me voy a algo más sencillo, a la mentira de que existen regalos para niños, y regalos para niñas.

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El objeto de la discordia

Os lo cuento, mis padres tienen un par de tiendas de regalos para niños. Todo lo que te puedas imaginar que puede volver loco a un crío, está allí dentro. Es como si se les chutara de azúcar el cuerpo cada vez que entran y se vienen arriba; lo quieren todo. Imagino que es como ir a un solo sitio y que tengan todo lo que a ti te gusta… Pongamos una Fnac, donde sabes que vas a poder encontrar un montón de libros y pelis que te mueres por tener… Pongamos, también, que en dicha situación te tienes que controlar, porque claro, aquí no hay padres que te digan que te has de llevar una sola cosa… Aquí estás a solas con tu tarjeta de crédito y tu conciencia, y ahí, entre las tres, decidís. ¿Lo visualizáis? Pues cuando hayáis escogido de entre toooda la oferta una sola cosa… Vais a caja y resulta no os dejan llevar ese DVD de Los Mercenarios, porque es de tíos. O a ti, chico que le gusta la novela rosa… No te la dejan comprar porque eres hombre heterosexual, y claro, eso es un producto no diseñado para ti. Impensable, ¿a que sí?

Trasladad esa escena a la tienda que os contaba, tienda en la que llevo arrimando el hombro las últimas 15 navidades. Se me parte el corazón, si el niño quiere el lapicero de Princesas y la niña quiere el estuche de Spiderman, ¿por qué se lo intercambiáis? Yo creo que está claro que lo mejor es poder educar bien a un niño en la pluralidad, apoyarlo en sus decisiones y ya de paso hacerlo feliz (3×1) que no encajarlo en una etiqueta obsoleta en la que no tiene cabida su personalidad y aún encima levantar la cabeza con orgullo por haber tomado una decisión ‘difícil’.

Otro ejemplo: estas navidades vino un crío de unos 11 años con un subidón importante porque se había enamorado del diario de Violetta. Claro que sus ahorros no le llegaban… y eso era algo que se iba a tener que comprar él con sus eurillos rescatados de pagas, ¡cómo no! porque los padres no le iban a pagar semejante cosa: 1) Un diario donde escribir sus pensamientos y emociones 2) Rosa y lila y con la foto de una chica en la portada. Al pobre no le llegó el dinero, y me partió el corazón verlo marchar cuando le dijimos que no se lo podíamos regalar… Sin embargo, más me partió el corazón cuando mi compañera dependienta se quedó tan sorprendida, ya que pensaba que era un regalo que el niño quería hacer a una chica que le gustaba. ¡Es para él!, gritó alucinada. Pues me parece perfecto, que él luche por tener algo que quiere, que no lo esconda. Lo que me parece mal es que nos sorprendamos y que contra quien luche ya no sea la sociedad, sino su propia madre en casa.

Otro caso, el año pasado. Un padre de unos treintaypico, bien puesto, comentando con su suegra mientras empaquetaba yo a saber qué regalo, que era obvio que él no iba a regalar a nadie muñecas para los niños (ni pistolas para las niñas)… Que luego el niño le sale marica, y la niña una bruta. ¡Por supuesto! Me tuve que morder la lengua y aguantarme el intervenir para no decir mi más sincera opinión: el niño saldrá o no gay, no importa si le regalas una muñeca. Si es el caso, alegrarse por él y apoyarlo veo que no será una decisión que vayas a tomar… De todas formas, una idea: si quiere jugar a desnudar a una tía rubia ya con 8 años, yo no me preocuparía de que al niño le fueran a ir otras cosas… ¡Al contrario! Si tan aferrado estás en defender (y “mantener”, como si viniera así de fábrica) la heterosexualidad del crío, ¡sal a gritar a los cuatro vientos que te pide Barbies para Reyes! Yo lo veo como una señal de que está practicando para cuando sea mayor. Y en cuanto a la niña con pistolas, esa a la que tenemos miedo de que nos salga respondona y no modosita… Qué pánico enseñar a una niña a defenderse y ser autosuficiente, ¿verdad? Es preferible enseñarla desde pequeña que lo suyo es depender de alguien y que, cuando las cosas se pongan más bien grises, será mejor correr y pedir ayuda a un hombre… que no levantarse y defenderse.

Son solo juguetes, dirían ellos, y estaréis pensando vosotros. Pero todos sabemos que no son solo eso. Son herramientas para crear al adulto del futuro, ese plural y capaz de tomar sus decisiones, de no esconder lo que le gusta y de aceptarse tal y como es.
Como sé que es fácil lanzar ideas al mundo y quejarse, sin proponer alternativas, además de decirles a todos aquellos compradores que cuando vayan a tiendas como las de mis padres para hacer felices a los niños en días como hoy, compren sin pensar en el qué dirán, también dejo el enlace a una de estas webs que hacen del mundo un lugar un poquito mejor, A Mighty Girl, un lugar en el que, como dicen ellos, podréis encontrar la mayor colección del mundo para niñas inteligentes, llenas de coraje y seguras de sí mismas.

¡Felices Reyes!