Querido diario

La prueba médica que jamás debe saltarse el protocolo

De lo que jamás nos podemos cansar las mujeres es de exigir que se nos respete en cada ámbito de nuestra vida. Ha sido demasiado tiempo a la sombra de las decisiones del que se pensaba el sexo fuerte, y aunque todavía queda mucho camino por recorrer, debemos seguir avanzando juntas. Que no falten la empatía y la sororidad, el saber escucharnos unas a otras y el ponernos en el lugar de aquellas que han pasado por momentos difíciles.

Hace unos días nos informaban de un caso al que quizás nunca le hubiéramos dado la importancia que tiene, y realmente es imprescindible ayudar a difundirlo para de alguna manera denunciar lo que ha ocurrido a muchas mujeres.

Cuando ansías tener hijos pero el embarazo no consigue llegar, no somos pocos los que buscamos la ayuda definitiva en la reproducción asistida. Ya lo comentamos en otras ocasiones, es una etapa complicadisíma que además muchas parejas deciden silenciar y vivir en la mayor intimidad, por lo que los miedos y procedimientos duros nos los guardamos bajo llave e intentamos sobrellevarlos de la mejor manera posible.

Más allá de comenzar un tratamiento que implica cambios hormonales muy complejos, las pruebas previas no se quedan atrás. Y es aquí donde debemos centrarnos hoy.

Histerosalpingografía, o dicho de otra manera, técnica radiológica para la exploración de la cavidad uterina y las trompas de Falopio mediante el uso de un contraste.

Su simple definición ya augura como mínimo un momento incómodo para toda aquella mujer que deba pasar por ello. Y no es ninguna mentira.

En diferentes centros especializados recomiendan a la paciente ir acompañada por otra persona ante los posibles dolores y molestias que ocasiona la entrada del contraste en el cuerpo. Además, en el caso de localizar complicaciones como pueden ser obstrucciones, el profesional que realiza la prueba quizás intente solucionarlo, algo que puede conllevar una dolencia mayor. Algunas chicas lo asemejan a un cólico menstrual muy intenso llegando incluso a desmayarse, otras a unos fuertes calambres que no cesan una vez terminada la intervención, y las más afortunadas solo hablan de leves molestias llevaderas.

Algo evidente es que la histerosalpingografía es una prueba invasiva, que en absoluto debe programarse a la ligera. Por protocolo es el hombre el que tiene que realizarse sus test completos antes de decidir si a la mujer se le practica este procedimiento o no. Una analítica que determine valores hormonales, además de un seminograma son de inicio suficientes para determinar si es el varón el que necesita apoyo médico para lograr el embarazo. Además, en el caso de que el conteo y la calidad de esperma no sean adecuados no se debería recomendar malgastar medios y dinero en una inseminación artificial, por lo que la histerosalpingografía tendría que ser también descartada.

La gravedad de este asunto se encuentra en que no son pocas las mujeres que denuncian que ciertos especialistas no han tenido en cuenta estos pasos, y han solicitado que ellas se hagan esta prueba incluso antes de tener en la mano los valores médicos del hombre. Muchas comentan que ambos comenzaron a hacerse las pruebas al mismo tiempo y que juntos recogieron los resultados en la consulta de fertilidad, ignorando por completo si podían o no haberse ahorrado el mal rato de una histerosalpingografía.

Desconocemos si en todos estos casos ese protocolo ha sido olvidado, o si el médico vio pertinente realizar esta prueba por otros motivos. Pero si algo está claro es que restarle importancia a un procedimiento tan invasivo como este, no entra dentro de ese respeto del que tanto hablamos.

Parece que se ha normalizado que toda mujer que desee comenzar un tratamiento de fertilidad deba pasar por este test radiológico, sin una criba previa que determine si realmente es necesario o no. Y esto demuestra una vez más que en muchos momentos se nos continúa considerando a las mujeres víctimas de nuestro propio cuerpo, y que como tal debemos resignarnos a ello.

Como es lógico, no vamos a dudar de todos los profesionales de la salud, pero sí de aquellos que no sepan ponerse en el lugar de cada una de las mujeres a las que programan esta prueba. Como experto o experta, está en la obligación de conocer e informar sobre todo lo que implica este examen físico: de la preparación previa necesaria, de cómo se va a desarrollar y de las posibles consecuencias que pueda tener para la mujer.

Un médico debe ser empático e intentar lograr su objetivo procurando siempre el menor dolor para sus pacientes. No somos máquinas, somos personas, y como tal sentimos, sufrimos y muchas veces por desconocimiento, callamos. Los protocolos se han establecido con un fin, exijamos siempre que se respeten.

Puede que en este caso concreto nuestro objetivo se halle tan enmarcado en conseguir el embarazo que obviemos todas las batallas que tengamos que librar para ello, pero jamás podemos olvidarnos de nosotras mismas. Luchar, siempre, pero con conciencia y valorando lo que somos.

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