Si eres un tipo del montón-1,70 más o menos y en torno a los cien kilos- sabrás de lo que hablo. Has ligado, llevas semanas, o meses, hablando con esa chica que te ha conquistado. Varias cenas, meriendas, comidas, idas al cine, vueltas por centros comerciales, musicales, visitas familiares, similares y conexos después llega el momento de la verdad.

La cosa se ha ido caldeando convenientemente y ya no puedes retrasar más el acostarte con ella pero comienzan tus dudas. ¿Me lo monto a lo Fernando Esteso y no me quito el bóxer hasta que se apague la luz? ¿Le tapo los ojos para jugar a la gallinita ciega? Sabes que estas opciones no son factibles y que hay que enfrentarse a la cruda realidad.

Que hay que tirarse a la piscina, vaya

Que hay que tirarse a la piscina, vaya

Si  tu herramienta está dentro de la media nacional, unos trece o catorce centímetros, también sabrás que en la grasa de tu pubis se entierran hasta tres dedos de tu amiguito.  De los michelines ni hablamos y de que igual tienes más tetas que tu pareja tampoco. La luz blanca te hará recordar tus peores momentos en cualquier probador de una tienda cualquiera.

Se pasa muy mal cuando hay que lucir nuestra espléndida anatomía ante los ojos escrutadores de una mujer con la que vas a tener sexo. En muchas ocasiones se oye una carcajada y el ridículo está garantizado. Algunas tienen educación, aguantan lo que haya que aguantar y no te llaman más.

Hasta luego maja

Hasta luego maja

¿Se inventará algún día el picardías para hombres para poder disimular nuestros “defectos”? ¿Por qué la ropa interior sexy para tío no se hace en tallas grandes? ¿Por qué me la miro y parece la de un niño? Demasiados porqués para tan poca vida.

David López