Querido diario

Las gafas negras de la negatividad

Seguro que recuerdas esos días en los que no quieres levantarte de la cama, en donde tu mente no para de gritarte palabrotas y quieres encontrar el botón de apagado. Al final te acabas levantando cual zombi con unas gafas negras, pero negras, negras.

Sales por la puerta de casa con medio litro de café y sacas todas las quejas del mundo, habidas y por haber. Tienes la firme convicción de que este será un día de mierda.

De repente…

Maldita sea. Suena la canción que te encanta y una leve sonrisa aparece en tu rostro. Pero no te dejas llevar por la música porque hoy nada tiene sentido y punto.

Te metes al metro, insultando a la máquina de los billetes porque conspira contra ti.

De repente… Se sienta un niño a tu lado.

Maldita sea está dibujando y te preguntas cuando fue la última vez qué dibujaste. Recuerdas esa tarde donde que te pasaste dibujando con una buena coca cola. Pero no dejas que tu pasión por dibujar te aliente a respirar tranquilamente. NOOOOOO, este día es un día de mierda. Así lo has decidido.

De repente… Miras sin querer el dibujo del niño.

Está dibujando un coche. Le miras con tus gafas negras y paternalistas, pensando ¡por Dios, qué poco original! Pero de repente nuestro pequeño amigo conspira también contra ti, dibujando alas al coche y poniendo colores fosforitos. NOOOOOO  ¡La creatividad no vale para nada! ¡Coño!

Sales del metro, arrastrando los pies como si llevaras dos bolas de hierro pesadas. Tu mirada está en el suelo contabilizando los chicles pegados, pero de repente frente a ti…

…Un anuncio con un paisaje de un acantilado en Asturias. Te traiciona tu mente diciendo ¡Qué bonito! y lo peor de todo es que te han invitado a ir unos amigos dentro de un mes. Vuelves a gritar NOOOO ¡Qué hoy no quiero ser feliz!

Llegas al trabajo, a la universidad, a casa de tu madre o al Corte Inglés, el destino no es importante. Nada más entrar te sientes agotada, llena de cansancio. Y te preguntas ¿Por qué?

Querida amiga permíteme decirte… que es muy cansando vivir con gafas negras todo el día. Porque es un gasto de energía tremendo. Lo sé, hay días de mierda, pero también sé que a la vuelta de cada esquina tienes los “DE REPENTE” esperándote.

No quiero que te quites las gafas, de hecho llévalas siempre que quieras. Eso sí, ten presente que no podrás evitar los rayos de luz que la vida te ofrece siempre. Por mucho que te empeñes en no mirar.

Helena Echeverría

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