Nuestra infancia y adolescencia estuvieron marcadas por muchas cosas que seguro que todas recordamos con más o menos cariño y en las que, sin duda, nuestro cuerpo influyó de forma determinante en nuestro día a día. Aquí van doce situaciones con las que podemos sentirnos identificadas en más o en menos medida todas aquellas que no fuimos delgadas con diez, con catorce y con dieciocho años:

  1. Ir al cine y sentarte en los asientos de niños pequeños para ver mejor la película. Era todo un reto; con diez años ya no te cabía el culo y, sin embargo, tus amigas a los quince años seguían utilizándolos porque les hacía gracia.
  2. Las amadas/odiadas clases de gimnasia: el momento en el que te tocaba subir la percha delante de todos y pensabas: “me están mirando el culo, no puedo subir” –si tenías la suerte de poder subirla, claro-.
  3. Las clases de natación: después de ponerte el horrible bañador reglamentario al que te obligaban en el colegio te decidías, pasabas en frente de todos tus compañeros de clase y te tirabas de cabeza: era el momento favorito de tu bañador –te faltaban manos para recolocarte la tela y que no se te saliera nada de su sitio-.
  4. Festivales de baile, campeonatos, exhibiciones… La profesora decía: “¿cómo queréis ir vestidas?”, a lo que tus amigas respondían: “con top” o “con shorts”. Y tú ahí, callada, pensando tierra trágame, yo quiero llevar leggins negros largos y una camiseta normal.
  5. Las actividades de aventura de las colonias y los campamentos: te encantaba tirarte por la tirolina y escalar, pero no lo hacías por vergüenza. Exponerte delante de todos realizando una actividad física no era el mejor plan.
  6. Las fotos de grupo del cole: rezabas para que no te tocara en primera fila. Tú preferías estar en segunda y que alguien te tapara las piernas. Te pasaba igual con las fotos de grupo de “amiguis” y sobre todo con las fotos de la playa el último día de clase.
  7. Ir en el asiento de en medio del coche muy pero que muy embutida: eras la pequeña y te tocaba apechugar. El asiento de en medio era tu sitio, pero abultabas más que tu madre y que tu abuela.
  8. Dejarle la ropa a tus amigas después de una fiesta en tu casa y que les quede enorme. Ellas se podían dejar la ropa, les quedaba clavada. Pero tú, en cambio, sólo te podías poner sus sudaderas y sus chaquetas oversize.
  9. Ver Disney Channel y todas las películas ñoñas de adolescentes y darte cuenta de que no hay ninguna chica como tú. Todas eran tan guapas y tan delgadas: Miley Cyrus, Ashley Tisdale, Selena Gomez… Gracias Raven, gracias Nikki de Hairspray: erais las gordis molonas que se comían el mundo con su personalidad arrolladora.
  10. Cuando tus amigas delgadas decían: “me tengo que poner a dieta ya de ya”. Tu cara de tonta era brutal. No entendías nada y te sentías mal contigo misma.
  11. Que tu padre te haya dicho alguna vez: “llegará el día en el que los chicos se fijen y les gusten tus curvas”. Y es verdad, ese día nos ha llegado a todas, pero no con quince años cuando tu autoestima estaba por los suelos.
  12. Primera vez en la que un chico se fija en ti: ¿qué hacíamos? Pensábamos que era mentira, que era un timo y que solo quería acercarse a nosotras por nuestra amiga delgada, guapa y con mucha seguridad. ¿Cómo alguien en su sano juicio se iba a fijar en nosotras que pesábamos mínimo diez quilos más que todas nuestras amigas? Pero no, los chicos se fijaban en ti, no sólo en tus amigas.

Ánimo a todas las gordibuenas adolescentes… ¡todo pasa! <3

HAIRSPRAY, Zac Efron, Nikki Blonsky, 2007. ©New Line/courtesy Everett Collection

HAIRSPRAY, Zac Efron, Nikki Blonsky, 2007. ©New Line/courtesy Everett Collection

Autor: Claudia Chueca