Querido diario

No te esfuerces en ser alguien, porque ya eres tú misma

¿Sabes cuando estás muy nerviosa por una cita, una entrevista de trabajo o cualquier tipo de cosa que sea importante para ti, y pides un consejo y alguien te dice: “simplemente sé tú misma”, y tú te quedas un poco como “ok, pero qué coño quiere decir eso? Hemos escuchado mil veces esta frase tan manida de “sé tú misma”. Quizás Mr. Wonderful también tenga una tacita diciendo lo que os vengo yo a contar. Y, probablemente, creas que es una frase hecha que viene muy bien para decírsela a la gente en determinadas circunstancias, y que, en el fondo, no tiene mucho sentido. Pues siento decirte que te equivocas, amiga.

Ser tú misma es algo. Y es algo muy grande. Y, a veces, puede incluso llegar a ser lo mejor que te haya pasado nunca. Pero ser tú misma es difícil de cojones. Todo el mundo puede decir “sé tú misma”, pero no todo el mundo sabe pasar a la acción. Ser tú misma es algo que está muy ligado a tu seguridad y autoestima. Porque, seguramente, solo puedas ser tú misma cuando confíes a muerte en ti y cuando te valores. Lo que pasa es que nadie te cuenta esto, solamente te dan el consejito bienqueda y se van tan tranquilos.

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A mí me habían dicho miles de veces a lo largo de mi vida “sé tú misma”. Y yo me había quedado otras tantas miles de veces con cara de “eeeh, ok, sí, pero… ¿cómo soy yo misma?“. Hasta que un día, viendo una peli (bastante regular, por cierto) vi una escena y lo comprendí todo. TODO. Os pongo en situación:

Soy muy fan de Los Beatles. Desde los diez años o así que mi tío me regaló una carpetita en mi ordenador en la que estaban todos los discos de la mejor banda de la historia me he refugiado en numerosas ocasiones en sus canciones y en sus palabras para entender mi vida. Pero ni de coña me podría haber imaginado que encontraría la enseñanza definitiva en una peli que no vi por fan de Los Beatles, sino por estar enamoradita del actor protagonista. La peli se llama Nowhere Boy y el actor buenorro Aaron Taylor-Johnson.

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La película cuenta la infancia y adolescencia de John Lennon, y en una escena (que jamás olvidaré) John está megafrustrado porque quiere petarlo en la música y no consigue nada y no para de repetirse “¡Dios, por qué no soy Elvis! ¡Por qué no soy Elvis!”, y su tía le responde: “Porque eres John Lennon“. Y entonces mi cabeza hizo BOOOM.

No sé si paré la peli realmente o si me estoy inventando esto, pero yo creo que fue así: paré la peli y empecé a pensar: “joder, Elvis fue lo puto más, sí, pero (desde mi punto de vista) la revolución de John Lennon fue ABSOLUTA. A todos los niveles, no solo en el ámbito musical. John Lennon estaba obsesionado con ser Elvis, porque en aquel momento Elvis tenía la fama (a ver, y Elvis también lo molaba todo), pero su tía le dio el mejor consejo de la historia: deja de pensar en Elvis y piensa en ti mismo, desarrolla lo que tienes dentro. Y él lo desarrolló y CAMBIÓ EL MUNDO”. Increíble.

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Quizás esta conversación jamás existió y no es más que una escena de esta película, pero a mí me dio una lección crucial: todo el tiempo que pasamos pensando que no somos tan guapas como Fulanita, no tenemos un trabajo tan genial como el de Menganita, no estamos tan delgadas como la fashion blogger de turno, no molamos tanto como Perra de Satán (holi), no tenemos un novio tan marvilloso como el de Perenganita o no somos tan simpáticas como Turunganita, NO ESTAMOS PENSANDO EN NOSOTRAS MISMAS.

Cada una de las personas que viven en el mundo tiene una personalidad. Pero no todas consiguen desarrollarla. Muchas veces nuestra personalidad se bloquea porque no podemos parar de intentar ser alguien que no somos. Uno de los mejores trucos para saber si esto está ocurriendo es pensar en si obtenemos satisfacción personal con las cosas que realizamos: ¿te gusta tu trabajo? ¿Te gustan tus amigos? ¿Te gusta la ropa que usas? ¿Te gustan tus planes de finde?

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Cuando pasamos una etapa de inseguridad o de autoestima por los suelos, tendemos a hacer cosas que no queremos para quedar bien con los demás, porque creemos que si nos ponemos tal vestido, nos compramos tal bolso, vamos a tal concierto, criticamos a esta pedorra y seguimos a esta y a la otra en Instagram y vamos de vacaciones a Formentera seremos aceptadas socialmente y nadie pensará que somos raras, o diferentes, o aburridas. O peor: no nos quedaremos solas. Que el miedo a la soledad también es muy fuerte.  Y cuando estás viviendo tu vida de una manera que no es la que te gusta, no estás siendo tú misma.

Ser tú misma significa pensar en ti antes que en nadie más. Luchar por ti. Creer en ti. Trabajar para ti. Y hacer las cosas porque tú quieres. Y, sobre todo, no compararte con nadie. Centrarte en ti misma y en ser la mejor versión de ti, crecer para ti, mejorar para ti, sin pensar en si los demás son más guapos, más listos, más ricos o más felices que nosotros. Porque, ¿sabes qué? Los demás no son nada de lo que nosotros pensamos. Los demás nos pueden vender la moto de que son felices o que aman su vida, pero… habría que ver qué hay detrás de todo esto.

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Cuando estás centrada en ti, en tus necesidades y en tu satisfacción, al 100%, lo que hacen los demás se convierte en anecdótico, porque lo único que importa eres tú. Ser tú misma es permitirte desarrollar tu personalidad: saber qué es lo que te gusta, lo que no, lo que quieres y lo que no, lo que necesitas y lo que no, lo que te apetece y lo que no, y hacerlo, sin miedos y sin complejos. Y no es nada fácil, porque cuando has estado ocultado tu verdadero yo durante mucho tiempo, a veces te olvidas por completo de quién eres. Pero cuando lo recuerdas… ¡es maravilloso! ¡Merece totalmente la pena!

(Y, para terminar, te propongo un jueguecillo. Vete a un lugar tranquilo, ponte esta canción y piensa en todo aquello que te gusta, que te gusta de verdad)

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