Yo tenía un casco así. Como el del vídeo. Una especie de Google Glass de los 80 que me decían todas esas cosas terribles que me hacían estar triste antes de cumplir los 13 años… y es que  a finales de los 80 y principios de los 90 las cosas eran diferentes. Yo mentía sobre mis juguetes:

-Son de mi hermano, perdí mi nenuco y mi mamá no me compra otra, ¿las canicas?… me las encontré junto a la peonza…

Y es que salirte de lo establecido, siempre fue complicado, mucho más si no mides más de un metro. Yo siempre practiqué deporte, desde que tengo uso de razón corro, salto, juego al futbol, al basket y a todo lo que se pudiera jugar. Mis amigos de pequeña eran niños. Yo no notaba nada raro, eran mis amigos y punto, hasta que un día una profesora me dijo:

-¿Por qué no vas a jugar con las niñas y dejas a los niños que hagan sus cosas? Mírate, ¡si eres muy guapa! #juroqueesverdad.

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Yo a los 5 años jugando con mi amigo Samuel a policías y ladrones.

 

Yo me sentí culpable y traté que me gustaran los cromos de unicornios y purpurinas… y me comenzaron a gustar, porque a mí lo que me gustaba en realidad era jugar y las cartas perfumadas consiguieron un lugar junto a mis 7 pelotas de basket y 4 de fútbol. Empecé a ocultarme, a jugar en el último campo de fútbol, a buscar niñas raras como yo que jugaran a cosas de niños. Me engañaba, le decía a mis padres: ¡Joer que hay otra niña que juega como yo!  ( y la mayoría de las veces era mentira yo era la única niña que jugaba) Empecé, y esto es lo peor, a jugar mal a propósito para no destacar, para ser una niña normal y que los niños no se sintieran intimidados por mi, porque cuando crecimos un poco, ellos fueron los primeros que me hicieron ver que no era de los suyos, que no podía ganarles porque ellos siempre me empujarían más fuerte y así era… yo siempre acababa tirada por el suelo y mi madre me reñía porque siempre tenía las rodillas con heridas. Hiciera lo que hiciera siempre acababa perdiendo. Así que pasó el tiempo, cumplí 13 años y lo dejé todo. #sacabó

Me cansé de ser la rara, la niña-niño, la diferente… lo dejé todo, cogí mi walkman y me convertí en una seta que escuchaba Offspring y Nirvana. Cada vez que veía a alguien jugar me paraba, disfrutaba solo de imaginar que yo estaba ahí, pero no me atreví a volver a jugar porque me había cansado de decirle a todo el mundo que yo era normal, que era buena, que podía hacer muchas cosas de chicas y de chicos… pero no bastó porque la verdad nadie me apoyó, ¿dónde estaría ahora si alguien mi entrenador, mi profesora o mi padre hubieran venido y me hubieran dicho: Chabe ¿vamos a intentarlo!…? #Seguramentenotendríaesteculo, pero los padres también tienen miedo e intentan protegerte.

Cuando veo ahora a chicas deportistas en anuncios de televisión siento orgullo y un pelín de pena, pero la presión pudo más que mi pasión. Siento orgullo de ver a Amaya Valdemoro, Mireia Belmonte, Carolina Marín entre las tops de deportistas a nivel mundial. Aunque Google sigue dejándonos en evidencia las grandes diferencias entre chicos y chicas en este mundo:

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Y esto no es solo cosa de chicas… los chicos también han sufrido esta discriminación terrible: los chicos que jugaban con muñecas o a los que le gustaba cocinar (que hoy en día son lo más, y cuando yo era pequeña, eran como poco mariquitas) ¿qué tornillo se les cae a los adultos para decirle a un niño que no hagan algo que les hace feliz?. Vamos a romper todos esos ‘cascos’ de limitaciones quizás descubramos a nuestro lado a un niño genio escribiendo poemas en cartitas perfumadas o una niña que de mayor sea mejor defensa que Sergio Ramos.

Así que la próxima vez que veas a un niño o niña haciendo algo fuera de lo establecido y veas que le hace feliz simplemente dile:

¡Bien hecho!