Hay cosas importantes en la vida que no lo parecen tanto cuando no ocurren cerca de nosotros. Pasan cada día y las vemos pasar, pero como no nos tocan, apenas nos importan. Como por ejemplo que alguien tenga un hijo.

Nacen miles de niños cada día. Vemos futuras embarazadas con su ropa premamá, recientes mamás paseando a su bebé en el carrito, vemos partos en las noticias, en películas… Es una imagen normal. Preciosa, pero normal.

Pero la cosa cambia cuando tener un hijo te toca de cerca y te toca la piel.

El domingo quedé con unas buenas amigas para tomar el aperitivo. Besos y abrazos, quitarnos el echarnos de menos, mirarnos a los ojos y contarnos… Estábamos sentados en una terraza del madrileño barrio de La Latina esperando a que llegara el marido de una de ellas. Y al rato llegó. Es tan bonito verles juntos, hacen una pareja tan ideal. Preciosos por fuera y arrebatadoramente bellos por dentro. Cuando están juntos casi puedes tocar con los dedos el amor que se tienen el uno por el otro. Más que amor es adoración.

Durante unos minutos más la escena siguió con normalidad, pero un instante después se cogieron de la mano, se quedaron quietos mirándonos y ella, casi de carrerilla como si hubiera estado reteniendo las palabras debajo de la lengua desde hacía rato, lo dijo: «Estoy embarazada. Vamos a ser padres». Sus palabras dieron paso a una sonrisa, la sonrisa a una lágrima y la lágrima a un temblor de manos. Mi amiga estaba a punto de explotar de emoción.

Todos nos levantamos a abrazarla, sonreímos y lloramos de felicidad con ella porque la emoción se contagió.

Padres. Van a ser padres.

Y mirándola en ese momento de emoción sentí, pero sentí de verdad, lo que era ser padre. Dentro de su tripita había un ser vivo que en unos meses tendría una cara, manos y pies, unos ojitos que lo observarían todo con curiosidad, un nombre y mucho, mucho amor.

Y entendí que es este milagro, el milagro de la vida, el que hace al mundo mantenerse de pie y traer reservas de amor que contagian a los que estamos cerca. Es este milagro el que trae al mundo eso mismo: la vida.

Enhorabuena a todas las madres y a todos los padres que hacen niños llenos de cariño, y en especial enhorabuena a vosotros, Mimi y Fran, porque estoy seguro de que vuestro hijo será un ser maravilloso y muy feliz, y que nos hará felices a nosotros también.

¡Viva la madre que nos parió!