Querido diario

¿Y si no quiero salir de mi zona de confort?

Desde que empezó todo este rollazo de la crisis económica no paran de martillear nuestras cabezas con eso de “salir de la zona de confort”, de emprender, de salir del cascarón… Llámalo como quieras pero a mí esto me suena a búscate la vida como puedas que la cosa está mu mala.

Yo todavía recuerdo a mi madre insistiendo en que estudiara una carrera porque con eso iba a tener la vida resuelta. El problema es que la carrera la terminé pero mi vida sigue más bien patas arriba.

Parece ser que esa inestabilidad es lo común entre los llamados millenials y como quienes establecieron las reglas del juego ahora no saben qué decirnos pues se han inventado aquello del “sal de tu zona de confort que ahí es donde sucede la magia”.

 

Lo que sí está claro es que esto te lo dicen desde la comodidad de un sueldo decente a fin de mes.

Lo que yo me pregunto es: ¿qué mierda significa eso de “zona de confort”?

Al parecer lo que quieren decir con esto es:

Abandona todo lo que tienes aquí y vete fuera, cambia de ciudad e incluso de país y lucha por tu sueño.

A mí esto me parece muy bien, pero lo que no te cuentan es que tendrás que trabajar en curros de mierda que no se acercan lo más mínimo a lo que habías soñado. Y esto no es lo peor porque, oye, al final esos curros te van a dar un sustento mientras te sitúas y le pillas el ritmo a tu nuevo entorno. El problema viene cuando al final nunca puedes dar el salto y te tienes que conformar con el curro de mierda y con el consuelo de “al menos vivo la experiencia” o “al menos he aprendido un idioma nuevo”.

Lo cierto es que sea de la forma que sea me parece muy valiente eso de dar el salto e irte sin mirar atrás. Lo que ya no me gusta tanto es ese martilleo constante de que si no salimos estamos conformándonos. Me llega a molestar incluso, porque hace que quienes hemos decidido quedarnos nos sintamos culpables.

Como ya he dicho, a mí me educaron con la idea de sacar una carrera, encontrar trabajo y formar una familia. A mitad de camino parece ser que las reglas cambiaron y ahora eso para lo que me educaron ya no vale. Ahora hay que salir, emprender. Pero, ¿qué pasa si a mí me sigue seduciendo aquello para lo que me educaron?

Yo me considero una mujer inteligente, con criterio y, sobre todo, libre. He estudiado una carrera que me apasionaba con el objetivo de dedicarme a ello, pero durante el camino algunas piedras me han hecho reconsiderar esa idea y ahora me planteo conseguir mi objetivo de una manera distinta y, quizás, más tradicional. ¿Estoy haciendo mal por ello? ¿Está mal querer formar una familia joven? ¿Está mal querer quedarme aquí y no salir de mi ciudad?

Cuando hablo con amigos que marcharon tengo esa sensación de no estar haciendo bien. Es como si ellos estuvieran aprovechando su juventud, viviendo muchas experiencias y subsistiendo con 300€ al mes más la ayuda de los papis y todo eso fuera LO QUE HAY QUE HACER. Sin embargo yo, que he apartado aquello que estudie, para buscar una estabilidad económica lejos de mis progenitores, he vuelto al pueblo que me vio crecer y me he comprado una casa con menos de 30 años estoy desperdiciando mis buenos años y acomodándome en mi zona de confort.

¿Al final la vida no va de tomar decisiones?

Cada uno ha tomado la suya y no veo qué hay de malo en seguir donde siempre. Tampoco veo qué hay de malo en cambiar objetivos vitales, en madurar y elegir qué es lo mejor para ti.

Me parece genial que haya quien decida salir pero igual de genial me parece que haya quien decida no moverse. Porque lo de la zona de confort se lo inventaron porque no tenían hueco que ofrecer a la generación más y mejor formada de nuestro país. Yo supongo que un día dijeron:

-Paco, ¿qué hacemos con toda esta gente a la que le dijimos que si estudiaban iban a tener trabajo seguro?

– Pues no sé, Pepe. ¿Y si los mandamos pa Europa, que ellos son muy modernos?

– ¿Y cómo le vendemos esto? Porque decirles que se vayan no está bonito.

– Es fácil, les decimos que salgan de su zona de confort.

Y así es como Paco y Pepe se montaron el mejor tinglado de la historia.

Pues mira, Pepe; mira, Paco, que no me voy. Que me quedo porque me gusta lo de aquí y porque en mi zona de confort estoy luchando como una perra para salir adelante y poder vivir dignamente. Porque quedarte no significa conformarte. Porque cambiar de objetivo no es malo, como tampoco lo es dar un rodeo para conseguirlo. Que, oye, incluso no es malo no tener un objetivo y simplemente dejarse llevar.

Así que, amiga que te quedaste, no te sientas culpable ni menos valiente por haber tomado tu decisión. Disfrutemos, los que podemos, de nuestra zona de confort.

 

Imagen destacada de la fantabulosa Beatriz Emperatriz

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