Sex & Love

Follodrama: la llamada de Dios

Mi madre siempre me dice “Clarita hija, con lo maja que tú eres, ¿para qué te metes en esas cosas del móvil a ligar?”. Sigue pensando que conocer a alguien en una biblioteca y enamorarte es algo habitual, yo sigo pensando que eso solo pasa en los anuncios de compresas y en Mister Wonderful Land. Pero claro, cuando me pasó esto me acordé mucho de ella.

Le conocí en Adopta, ni guapo ni feo pero con una descripción muy salerosa que me hizo meterle en mi carrito de la compra. Enseguida conectamos y las preguntas de rigor se agotaron, así que decidimos quedar a los 4 días.

Él se definía como alguien aventurero (sin fotos en Nepal, tranquilas), era voluntario en un par de centros sociales y le apasionaba la lectura. Vamos, un chico muy culto y culo inquieto, todo lo contrario a mí que prefiero quedar en casa de mis amigas haciendo de voluntaria para rellenarles la cerveza y lo máximo que leo son los mails del trabajo y los ingredientes del champú cuando cago.

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Quedamos en ir a una expo en el centro y al verle me gustó muchísimo. Era bastante mejor que en las fotos y cuando escuché su voz me recordó a un locutor de radio. Todo genial. Él, sin embargo, no pareció tener la misma conexión que yo y nada más darnos dos besos me dijo que le había surgido un tema y que no podría estar todo el rato que me había prometido. No me enfadé, lo acepté y decidí disfrutar de la expo.

Mirando fotografías empezamos a hablar de temas y noté que algo cambiaba en él, era mucho más amable y atento y hasta me pasó su mano por la cintura. Misteriosamente me dijo que los planes se habían cancelado y que podíamos seguir con nuestro plan, así que nos fuimos directos a cenar.

La cosa se fue caldeando y de pasarme la mano por la cintura mutó a comerme la boca como si no hubiera mañana. Nos fuimos a mi piso y allí seguimos con el tema. Nos desnudamos, y me puse en plan empotradora loba a comerle todo lo que veía y él estaba más duro que una puta piedra.

Justo cuando me senté encima de él para darle al metesaca pasó.

“Clara, siento importunarte, pero no creo que esto sea buena idea. Si no te importa me gustaría ser amigos”.

 Me quedé loca al decirme eso justo cuando me iba a poner sandunguera con su polla. Se vistió y se fue.

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Al día siguiente me metí en Adopta y ya no tenía su perfil, pensé que me había bloqueado o que se habría hecho uno nuevo en otra app, así que pasé a otro tema y dejé aquello como una anécdota que contar a mis amigas la noche de los viernes cuando hacíamos voluntariado cervecero.

Seguí con mi vida, con mis citas y conocí a mi pareja. Al cabo de un par de años la cosa se puso seria y decidimos irnos a vivir juntos, así que os podéis imaginar el ritmo de vida que teníamos: quedar con amigos en común, quedar con familia, ir a cumples, a comuniones, a bodas y a bautizos.

Fuimos a uno de esos bautizos del primo del cuñado de la puta madre del tío de la madre de mi novio, yo no conocía a mucha gente y cada vez que secuestraban a mi chico yo me entretenía con el móvil o mirando la Iglesia por dentro. En una de estas que me siento en uno de los bancos a esperar y escucho que alguien me llama por mi nombre, me giro y ahí estaba, mi cita de Adopta vestido de cura y con una sonrisa enorme. No me preguntéis por qué pero al mirarle a la cara recordé cómo le había comido el rabo. Cosas de una.

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Abre María.

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