Sex & Love

Follodrama: Un polvo regulero con servicio de habitaciones

Por fin había llegado julio y yo pillaba vacaciones. Llevaba tanto tiempo sin salir que ya no me acordaba de como era un bar a las 3 de la mañana, así que mi primer día de deaquíadossemanasnomevolveisaverelpeloenlaofi ya había convocado a mi akelarre de toda la vida para salir a bebérnoslo todo.

Volver a ver a mis amigas calzando taconazos y que no fuera en foto me encantó, y yo esa tarde ya me había ido a comprar modelito para inaugurar mis dos semanas de desparrame. Es que no veáis lo duro que se hace trabajar en una agencia de vacaciones y tú misma no ver ni el sol más que en las fotos promocionales de las vacaciones en Cancún que le estás vendiendo al grupo de amigas que se van de despedida de soltera allá.

Después de calzarme mi minifalda, un top sexy y mi melena al viento decidí que me quería comer algo más que la noche y me vestí una actitud de “Eh! Cuidado que aquí llego” acompañada de mi pintalabios rojo poder.

Después de unas cuantas cañas y unas muchas risas con mis amigas llegaron los Gin&Tonic que tanto me encantan, y de ahí nos fuimos a la discoteca a bailar mucho. Tanta emoción, y tanto alcohol, que mi copa en mano quiso bailar más que yo y fue directito a parar encima de un chaval que pasaba por ahí en ese momento. Mi mix de cara de “joder, ya la he liado” con querer partirme de risa de lo gilipollas que soy a veces, acompañado de un losientolosientolosiento creo que consiguió que el chaval no se cabreara (eso y que el Gin&Tonic no deja mancha debió de ayudar mucho).

Cuando levanté la mirada de lo que parecían unos marcados abdominales bajo su camiseta mojada, poco más y me parto el cuello para ver la suya que estaba a 1,90 de altura. Creo que se me escapó el gesto de flipar lo guapo que era ese hombre con coleta y barbas pelirrojas, y por no quedarme con la mandíbula desencajada y por compensar mi torpeza sobre su ropa le pregunté si podía invitarle a unos chupitos en la barra.

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Él, que vio que mi copa no contenía ya más que un hielo y una rodaja de limón, la tomó de mi mano, no sin antes quedarse a pocos centímetros de mi cara, y me dijo “Vamos” con una sensualidad infinita.

Mientras me alejaba de mis amigas en dirección a la barra pude ver a mis amigas haciéndome la ola.

Llegamos a la barra y pedí los chupitos y empezamos a hablar. ¡Salud! Y para dentro tequila. El pidió otros dos y me contó que era músico. ¡Salud! Y para dentro ThunderBitch. Yo le hablé de lo mucho que me gusta la mitología, y él me habló de la historia que más le gustaba. ¡Salud! y Jagermeister. Me agarró de la cintura con una mano, de la nuca con otra y me metió un morreo que todo el bar se paró por unos segundos. ¡Salud! Y ron.

Entonces Javi, que así se llamaba, me sugirió llevarnos el espectáculo a otra parte y esa parte era su casa. No puedo decir que no nos costara llegar, porque cada pocos metros nos comíamos la boca y nos sobábamos vivos, pero lo conseguimos. Cuando llegué a aquella pedazo de casa, pensé: ¡joder el niño, con 25 años pedazo de chalet tiene! pero en ese momento me cogió por la cintura para echarme sobre su hombro y llevarme a su habitación en el piso de arriba. Me tiró a la cama, y yo no sabía si partirme de risa o correrme viva.

Nos sacamos la ropa desastrosamente pero lo más rápido que se pudo y en dos segundos yo ya la tenía dentro, y él ya se había corrido.

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Y agarró la sábana tan panchi y se giró.

Me dio una rabia fina, que me hubiera marchado en ese momento, pero como más fina iba yo, me metí en la cama a echar una cabezada para que se me pasara aquel ciego tan tremendo que llevaba mi cuerpo serrano.

A la mañana siguiente oí que la puerta del dormitorio se abría y supuse que era el pedazo de amante (con infinita ironía) que me había echado la noche anterior, y me volví a quedar inconsciente en la almohada un rato más, pero más tarde oí:

– ¡Javiiiiiiiiii ! ¡Tenéis el desayuno en la cocina!

– ¡Gracias maaaaama!

WTF!??!

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Entonces él me menea y me dice que bajemos a desayunar, que si no su madre vendrá con lo de que se le van las vitaminas al zumo.

Yo estaba más blanca que el papel, pero me incorporé para ponerme mi ropa antes de que la madre apareciera en el dormitorio.

– Oye, esto… no encuentro mis bragas.

– Mi madre las ha debido de echar a lavar. Ya te las daré.

Así que nada, en comando que bajé con mi minifalda al desayuno familiar. Cogí mi bolso, mis gafas de sol, y me eché a caminar vuelta a casa con mi almeja al fresco.

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GymHater

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