Amor & Polvos

La carta que nunca te envié por ser demasiado cobarde

Si alguna vez hubiera tenido el valor de escribirte esa carta, te habría dicho algo parecido a esto. Y te habría dicho que el otro día soñé contigo.

«Al que ha sido el amor de mi vida:

No te pregunto cómo estás, porque no hemos perdido el contacto y ya sé que estás bien. No espero respuesta porque nunca fuiste de muchas palabras. Pero sabes que yo sí, que podía hablar durante horas de lo azules que son tus ojos, de lo especial de aquel momento, de un anciano que he visto en el metro. Siempre fui la más pesada del lugar, mi pasión nunca me ha avergonzado. Porque tú eras la calma. Y eso nos convertía en equilibrio.

La nuestra no es una historia de las que llenan novelas, y tampoco lo pretendí porque toda mi atención iba a dar gracias cada minuto del día por habernos encontrado, y a contar los segundos hasta volver a verte. La forma en que nos dábamos calor podría haber salvado el mundo porque lo nuestro jamás fue esfuerzo de uno solo. De hecho, no fue esfuerzo de ninguno porque ¿a que tú no te esfuerzas al respirar? Pues así era estar contigo: natural, vital y sencillo. Era amor del puro. Fluir. Adolescencia y presente. Nosotros y el ahora. Una vez me dijiste en el parque que no te imaginabas la vida sin mí: joder, ¡era impensable! Imaginarnos siendo dos en vez de uno era como decir que el cielo es verde. Nos reímos claro, menuda gilipollez pensar que alguna vez no estarías a mi lado. A quién se le ocurre…

Y ahora, que se me parte el alma cada vez que me preguntan “¿y por qué no estás ya con él?”. Y se me rompe porque no tengo una respuesta y porque nunca la tuve. Me destroza darme cuenta de que se hizo añicos nuestro mundo de perfección y no supe darme cuenta. ¿Cuándo pasó? No sé para qué pregunto si tú tampoco lo sabes. El tiempo nos apuñaló, sigo creyéndolo a día de hoy pero no puedo vengarme del tiempo. Si al menos hubieran sido unos vulgares cuernos… tendría a alguien a quien tirar de los pelos o algo; cualquier cosa que alivie este dolor. Pero al tiempo y a la vida, ¿qué les hago para que escueza menos? Si son mis únicos aliados para olvidarte algún día…

No hagas mucho caso a mis palabras, tú nunca fuiste de metáforas y yo siempre fui muy enrevesada. Estaré bien, no lo he estado en este tiempo a excepción de los días en que volviste para ponerme bálsamo en el corazón. Gracias por esas recreaciones de lo que un día fue nuestro paraíso. Gracias por haberme enseñado lo que es amar, y por haberme dejado marchar. Por jamás intentar cortarme las alas y por dejar al mundo en lista de espera con tal de verme sonreír. Me diste una parte de vida, y mis mejores años. Déjame ahora darte tiempo, la oportunidad de ser feliz y la llave de una puerta que nunca cerraré del todo.

En vez de decirte adiós, prefiero decirte hasta que la vida nos una.
Te querré siempre, amor, como dice la canción. Aunque no pueda estar contigo.»

Pero jamás me atreví. Y la vida tiene que seguir.

@arihamabi

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