Sex & Love

La relación con mi novio se basa en chingar, ¿y qué?

Llevo con él unos seis meses y es mi primer novio y no, no tengo 18 años. Tengo 25. Era virgen, hasta que lo hice con él. Y no, mi vida era sexualmente activa, no follaba como tal (es decir, penetración), pero sí había tenido sexo oral, tocamientos varios y ese largo etc. que abarca tanto mundo del sexo sin contar con el metesaca. Os explico todo esto porque quizá penséis que tiene que ver que coincida con mi despertar sexual o quizá, como yo, creáis que una cosa no tiene relación con la otra.

A pesar de no ser una folladora nata de la vida, siempre he llevado muchísimo cuidado a la hora de seleccionar con quién compartía mi sexo y con quién no, nivel: he llegado virgen hasta que él ha aparecido. No es cuestión religiosa ni nada por el estilo, simplemente creo que el sexo tiene muchísima importancia y yo no sé restarle hierro, solamente lo hago con personas con las que siento una conexión que para mí es real y eso, como podréis entender, escasea bastante.

Yo no sé tener novio, nunca he sabido y no sé si estoy aprendiendo, porque la verdad creo que todo sale bastante solo, no hay que forzarse a nada, simplemente hay que dejarse llevar y poner las cartas sobre la mesa, sinceridad y confianza, creo que es la base idónea para que algo así funcione y prospere. Y sí, lo digo llevando solamente seis meses con él, pero hasta ahora me ha ido tan bien que me creo maestra del amor o algo.

Yo con mi novio follo. Mucho, muchísimo. Es lo que más hacemos juntos, sin duda alguna. Sí, dormimos juntos, vemos la tv, pedimos pizza y esas cosas, pero nada comparado con la cantidad de tiempo que invertimos juntos en la cama. Cuando estamos los dos en casa, tendemos a estar cada uno con su PC trabajando y, si hacemos parón tonto, acabamos como animales en el sofá, en la ducha, en la cocina o en el baño. Ah sí, por cierto, es mi compañero de piso.

No salimos a cenar casi nunca, no hemos ido al teatro o al cine, no tomamos café, no paseamos por pasear. Nuestra relación es sexo y lo que esto lleva consigo: dormir, comer y descansar. Cuando hemos cubierto las otras necesidades básicas, volvemos a follar. Y ya no estamos en la tontería esa de los dos primeros meses, no. Seguimos teniéndonos las mismas ganas, aunque ya no parezcamos Romeo y Julieta paseando por Venecia.

El caso es a mí me gusta mi relación. Tenemos gustos muy distintos, a mí me gusta el teatro y a él le gusta ‘La que se avecina’, a mí me gusta pasear y a él le gusta leer el Marca, a mí me gusta comer rico y bueno y a él le gusta el telepizza y el tomate de bote, a mí me gusta ir al cine todas las semanas y él prefiere no moverse de casa. No podemos tener gustos más distintos, de verdad que no, pero y qué.

Yo si quiero descubrir una cafetería nueva, me llevo a una amiga. Si quiero ir al cine o al teatro, voy sola. Si quiero comer rico, cocino para mí. Y el mundo sigue y no se para, lo prometo. Al principio yo estaba súper preocupada, de verdad de corazón, me aterrorizaba que a él no le apeteciesen mis planes, que le aburriese mi modo de vida, que no le gustase cómo cocino. Todas mis amigas me dijeron que tenía que hablar con él, que tenía que dejar las cosas claras, que tenía que definir qué tipo de relación era la que yo quería.

Ahí fue cuando me paré en seco y pensé: ‘¿Qué quiero yo de esto?’ Y joder, por bestia que suene, yo quiero follar con él. También dormir y comer y ver Paquita Salas del tirón. Pero no quiero o no necesito a una persona que me acompañe en mi vida de bohemia cultureta, no necesito que nadie me confirme que mi vida mola, no necesito que me saque a pasear o a comer por ahí una vez a la semana como si de una obligación se tratase. Quiero que hagamos juntos lo que nos apetece hacer cuando estamos juntos y si eso se reduce al sexo, ¿qué hay de malo?

No todos tenemos que tener el mismo tipo de relación, no le quiero menos por hacer menos cosas con él, no nos tengo que forzar a hacer cosas que no nos apetece hacer. Después de pensar y pensar y pensar, he pensado que me encanta todo lo que tengo con él. Me cuida, me quiere, me escucha y me entiende. Sin necesidad de ser mi sombra, ni mi guía, ni mi +1 en todos los eventos a los que me invitan. Le quiero así como es, casero y dispuesto a aguantarme todas mis movidas.

Tengo una amiga que le pasa todo lo contrario, casi no le apetece follar con su novio y a él más de lo mismo. Casi no tienen sexo y ella ha estado muy rallada mucho tiempo, porque ¿cómo no vas a follarte a tu novio mínimo tres veces por semana? Tronca, si no te apetece, no lo haces. Y no por eso le quieres menos, ni sois menos novios, ni sois menos serios. Si todo lo que os apetece es ir a cenar y al teatro y luego dormir y ya, pues ya está.

No dejéis que nadie defina qué tenéis que hacer y qué no con vuestras relaciones, descubrid qué es lo que vosotras queréis y cuándo lo sepáis, si conseguís encontrar a alguien que quiera exactamente lo mismo y que encima sientas que os queréis con todo el alma, chica, no lo dejes escapar. Yo he tardado 25 años, llámame romántica loca, pero creo que ha merecido la pena esperar.

Y encima, por fin, le he dado rienda suelta a mi lado salvaje.

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