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Relato erótico: A las bibliotecas no sólo se va a estudiar

No sé si será cosa mía, pero en época de exámenes no hay quién me pare, la cantidad de veces que me masturbo llega a rayar con el comportamiento animal. No sé cómo funciona el resto del mundo, pero yo he llegado a eso de ‘venga, me pongo un par de horas, un descanso para tocarme de quince minutos y vuelvo a la carga’. Y así me paso el día, entero, estimulando mi clítoris entre tema y tema.

Es una buena forma de motivarse y no rendirse a media tarde, os lo recomiendo fervientemente. El problema es que eso sirve para cuando estás en casa, cuando me toca irme a la biblioteca a estudiar ya no es tan gracioso el asunto, aunque mentiría si no os dijese que he llegado a correrme muy fuerte en los baños de una. Es que creo que ya mi mente ha concebido que es mi única forma de despejarme de verdad y cuando estoy saturada, es la salida que veo más cómoda, esté dónde esté.

No sé en vuestros casos, pero en Madrid hay una biblioteca que durante los exámenes está abierta prácticamente todos los días de la semana a todas horas. Cuando vas ‘a la Zambrano’ es que sabes que va a ser un día duro e intenso, que entre seis y ocho horas vas a estar allí clavando codos y cansándote la vista, así que alguna que otra vez, cuando he sentido que no podía más, me he ido a uno de sus baños a masturbarme.

No os hacéis una idea de lo muchísimo que me mojo escuchando a la gente salir y entrar de las puertas contiguas mientras me acaricio el clítoris, mientras me meto los dedos y me pellizco los pezones. No sabéis lo fuerte que me corro y lo muchísimo que me pone eso de no poder hacerlo en voz alta, el tener que reprimirme para que nadie me oiga, los orgasmos a media voz porque cinco chicas están en el aseo de al lado, a centímetros de ti.

Una noche, a las cuatro de la mañana, el día antes de un examen, estaba hasta arriba de agobio, no rendía, no podía seguir y tenía que estudiarme dos temas más. Hice una locura de la que no me arrepiento para nada y que, si os soy totalmente sincera, aún estoy deseando repetir. No puedo pensar en otra cosa, fue la semana pasada y no hay día en el que no me haya masturbado pensando en lo que hice, en lo que hicimos.

Hay una cuenta en Twitter que se llama ‘Insert Coin UCM’, que es algo así como un lugar para tirar fichas de forma anónima, tu les mandas un mensaje privado y ellos publican un tweet sin decir quién eres. Pues ni corta ni perezosa me pregunté, ¿por qué no? Les mandé un mensaje y puse ‘son las cuatro de la mañana y estoy muy cachonda en la María Zambrano, ¿alguien quiere venir conmigo al baño y follar un rato?’

Nunca antes había usado esa cuenta para nada más allá del puro cotilleo, pero me sorprendí porque en lugar de compartir mi mensaje, me contestaron, la persona que lleva la propia cuenta. ‘Yo también estoy aquí, ¿lo de follar lo dices en serio o estás solamente aburrida?’. ‘Lo digo totalmente en serio’. ‘Te veo en la puerta del baño de mujeres en 10 minutos’.

Los 10 minutos se me hicieron eternos, mucho más que eternos. Tampoco quería parecer desesperada y estar allí montando guardia, pero qué coño, me estaba empapando solo de pensar que me iba a follar a un desconocido en el baño de una biblioteca y en siete minutos ya estaba allí. Él no.

De hecho ‘él’ nunca llegó, porque resulta que quien lleva esa cuenta es una mujer. Y qué mujer. No sé por qué, pero me puso muchísimo más que fuera una tía. No, no me considero bisexual, de hecho soy muy hetero, pero yo qué sé, la situación me pudo y joder, cómo no iba a hacerlo. Fue mi primera vez con una mujer, fue mi primera vez en un baño, fue mi primera vez en una biblioteca, fue la primera vez que me he corrido tan fuerte.

Yo no sabía cómo actuar, si darle dos besos, preguntarle que qué estudiaba, cómo se llamaba o darle la mano y arrastrarla adentro. Menos mal que al parecer ella sí controlaba más del tema. Abrió la puerta y me dijo ‘¿entramos?’. Yo no hablé, estaba demasiado nerviosa, tiré para dentro casi corriendo, ella se rió. Normal, parecía una jodida desesperada. Me dijo ‘quieres elegir tu el baño o escojo yo por ti’. Tampoco contesté, fui hacia adelante y me metí en el de en medio, el primero me parecía muy expuesto y el último demasiado alejado, yo quería emoción.

Entró conmigo, estábamos super justas allí, casi no cabíamos. Entonces me dijo ‘bueno, valiente, eres tú la que ha escrito, qué te apetece hacer’, la miré con cara de ‘perdona, creo que soy gilipollas y no tengo ni idea de qué quiero hacer, pero estoy muy cachonda’ o vamos, eso intenté transmitir. Ella, ni corta ni perezosa, puso la palma de su mano contra mis bragas empapadas, yo llevaba un vestido corto de flores y todo lo que dijo fue ‘joder, veo que tienes ganas’.

Pues así, tal cual, estando las dos de pie, sin besarnos, sin quitarnos ropa, sin llegar a tocarnos la piel directamente me corrí. El primero de muchos orgasmos. Empezó a apretar con fuerza la palma de su mano contra mi coño, cubriéndolo entero y empezó a moverla de adelante hacia atrás, despacio, pero ejerciendo muchísima presión. Y todo lo que hacia era mirarme a los ojos, no perdía detalle y yo tampoco, en ningún momento bajó la vista para ver qué estaba pasando ahí, solamente nos miramos y me rozaba. Luego cambió a movimientos circulares, un poco más rápidos, yo empecé a no poder aguantarle la mirada y a necesitar cerrar los ojos ante el aluvión de placer que se me venía encima, fue justo entonces cuando puso sus dos dedos, el índice y el corazón contra mi clítoris, sobre las bragas y ahí ya sí que empezó a moverlos frenéticamente, empezó a masturbarme fuerte, sin piedad, de pie, sin quitarme la mirada de encima. Me corrí y mi fallaron las rodillas.

Entonces me senté sobre el WC, creo que por la inercia de casi caerme, ella me cogió de la parte baja de la espalda e hizo que mi culo se deslizara hacia delante, en una posición un poco rara para mí, tenía el cuello súper doblado, pero bueno, en cuanto empezó la acción ya no era consciente ni de tener cuello. Subió mi vestido y acercó su cara a mi coño, empezó a restregarse contra él, sus labios, sus mejillas, su nariz… No había parte de su rostro que no rozara mis caladas bragas, luego cogió y con las dos manos me las quitó, dejando mi templo del placer al descubierto, lo miró como si de un plato súper delicioso se tratase, luego pasó a mirarme a los ojos intensamente y me susurro ‘si lo de antes te ha gustado, espera a lo que te voy a hacer ahora’.

No os hacéis una idea de cómo estoy mojándome mientras lo escribo y lo recuerdo, lo primero que hizo fue pasear su lengua por absolutamente todo mi coño, desde abajo hasta arriba sin dejarse ni un centímetro, tenía la lengua dura, mojada, segura. Luego se centró en mi clítoris, comenzó a rodearlo con su lengua, círculo tras círculo, de más despacio a más deprisa, no sé cómo lo hacía intercalaba el ritmo y me volvía loca, yo no sabía dónde meterme, no sabía cómo controlarme, no sabía cómo no ponerme a gritar como una loca.

Luego bajó y empezó a penetrarme con su dura lengua, la sacaba y la metía, deprisa, luego volvía a mi clítoris, encerraba los labios de mi vagina con los de su boca y tiraba de ellos, para luego presionar mi clítoris fuerte y succionarlo, llegó un momento en el que ya no sabía qué me estaba haciendo ahí abajo, solamente podía concentrarme en disfrutar y en intentar no alzar la voz. Creo que mientras me devoraba me corrí dos veces, tampoco estoy segunda de si llegaron ser tres, porque fue como todo el rato un nivel de placer tan alto que me da por pensar que fue un orgasmo eterno y delicioso.

Pero mi favorito no fue ese, mi corrida favorita fue la última, la locura máxima, hice squirting. Yo no sabía qué era eso hasta que ella me lo dijo cuando terminamos, es como una corrida externa, expulsas líquido hacia afuera, como si fueras un hombre. Por favor, intentad conseguir correros de esa manera aunque sea una vez en la vida, investigando en internet he visto que es muy difícil y que pocas mujeres pueden, pero por favor, intentadlo aunque sea.

Después de haberme hecho el mejor cunilingus de mi historia, la chavala me dijo ‘ponte de pie’, lo hice, como una autómata, cómo no iba hacer todo lo que me dijera esa mujer. Después me dijo ‘ahora dóblate por la mitad, apoya los brazos y la cara en la cisterna y ábrete de piernas’, no sé muy bien por qué, pero tampoco dudé ni medio segundo en hacer literal y rigurosamente todo lo que me pedía.

Me subió el vestido y me dejó con el culo al descubierto, abrió mis nalgas y comenzó a comerme el ano. También fue la primera vez que alguien me hacia eso, yo no sé si era la situación, su don para el sexo o que realmente estaba muy equivocada con el sexo anal, pero lo único que hice fue mojarme un poco más. Estaba disfrutando tanto mientras me comía el culo… quién me lo iba a decir a mí. Pero luego, justo después llegó la mejor parte, después de devorarme el maldito culo como si le faltara mundo para comer, se puso de pie y comenzó a estimularme el clítoris muy deprisa, muy fuerte, no sabéis cuán deprisa y cuán fuerte, fue cuestión de segundos, empecé a correrme casi instantáneamente y entonces, cuando me estaba rompiendo de placer intentando no gritar, me metió dos dedos y empezó a meterlos y a sacarlos al mismo ritmo, deprisa y fuerte, muy deprisa y muy fuerte. Dedo anular y corazón entrando y saliendo de mi coño a la jodida velocidad de la luz. Me corrí, pero me corrí como jamás me he corrido en mi vida, fuerte y sin piedad, fue como si me estuviera meando encima, me abracé al WC como pude para no caerme ahí mismo. No pude reprimirme y grité, sí grité, en el baño de la jodida biblioteca en época de exámenes. No sé si alguien me escuchó, pero en ese momento poco podía importarme.

Me quedé en esa misma posición un par de minutos, intentando recuperar el aliento, me dijo eso de ‘joder, has hecho squirting’ y en ese momento no le hice mucho caso porque no sabía qué era eso y tampoco era capaz de procesar información.

Para cuando me incorporé ella ya no estaba. Me limpié con papel higiénico, me puse mis braguitas y salí, muerta de vergüenza, pensando que todo el mundo sabía todo lo que me acababa de pasar, todo lo que acababa de hacer. Me senté en mi silla con los carrillos incendiados de placer y me intenté centrar de nuevo en la literatura hispanoamericana.

Aún no sé si he aprobado el examen, pero el estudio mereció la pena.

Anónimo

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