Sex & Love

Relato erótico: Siempre

Quizás sea la última vez que nos veamos frente a frente. Quizás a partir de ahora tenga que conformarme con que tu recuerdo guíe mis manos en las noches en las que deberías estar a mi lado. Quizás no vuelva a sentir tu lengua jugando a explorar mi anatomía, perdiéndose entre mis muslos, que fueron tuyos y que te echarán de menos.

Pero eso será el mañana. Hoy te tengo, mío, aquí y ahora, intentando peinarte con las manos esos bucles que nunca estarán en el sitio en el que quieres que estén. Pero a mi me gustas así, alborotado, expectante e impaciente.

Intentas entablar una conversación, no quieres hacer de esto un simple encuentro, pero las ganas te pueden y yo necesito que dejes de hablar. Me voy acercando poco a poco y acaricio tu pelo. Solo un poco, ya luego tendré tiempo de más. La distancia se acorta entre los dos y cada vez la conversación es más absurda. Me hablas de tu próximo proyecto laboral a la vez que acaricias mi pierna y me clavas la mirada. Tus ojos siguen cada movimiento de mi boca, si río, si callo o si me muerdo el labio. Te vuelvo a acariciar, esta vez la barba, bajo mi dedo índice justo hasta tu boca… y me muerdes. Aparto el dedo de tu boca para chupármelo yo.

Ya te da igual lo que pueda pensar de esto, me quieres a mi y me quieres sin nada. Jugué con fuego porque quería quemarme y lo conseguí. Me agarras de la cintura y sujetas mi cara mientras tu lengua pelea con la mía. No hay distancia entre los dos. Tus manos se encuentran en la cima de mi pecho desabrochando los botones de la camisa que llevo. Te separas de mi y empiezas a reírte. Ay tu risa… besos, besos que bajan desde mi boca al cuello, del cuello al pecho, mi barriga y paras justo en el pantalón.

Me lo arrancas de un solo movimiento, al igual que las bragas. Ya soy tuya, haz conmigo lo que quieras.

Te pones de rodillas y te quitas la ropa: “quiero estar cómodo”. La visión de tu pecho desnudo es suficiente para que empiece a llover. Me metes un dedo en la boca para que lo chupe, y te obedezco, no puedo ni deseo hacer otra cosa. Te agachas sobre mi: “estás mojada”… dime algo que no sepa. Tu lengua empieza a bailar, primero lento, saboreando cada parte, a veces la canción se acelera y otras simplemente paseas por todo mi ser a la espera de mi orgasmo. “Cuando te vayas a correr avísame”, “Ya”. Te aviso entre jadeos, como puedo, te apartas rápido, agarras mis caderas y tiras de mi. Ahora somos los dos los que bailamos una misma canción. No pares, sigue. Cuando me siento lista te agarro con las piernas… y me dejo ir. Tú no paras. El ritmo es constante.

Ahora me toca a mi bailar un rock and roll. Porque si va a ser nuestra última vez quiero que me recuerdes siempre, y que cada vez que te besen lamentes que no sea yo. Me pongo encima… y solo me dedico a ti, en cuerpo y alma. Me da igual que me pidas que pare, que te vas a ir en breve. Eso es precisamente lo que quiero. “Dámelo” “Tuyo es”. Noto como tu cuerpo se contrae, me das una cachetada y me agarras tan fuerte la cadera que seguro que me dejas marca. Te noto como te vas perdiendo, de tu boca solo sale un suspiro. Y otra vez esa sonrisa que algún día acabará conmigo.

Y todo termina justo como empezó. Los dos, cara a cara, clavándonos la mirada.

“¿Te acordarás de mi?”

“Siempre”.

 

La Ninfa

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