Amor & Polvos

Si tiene que ser, será

¿Habéis sentido alguna vez que vuestra vida ha tomado rumbos que  jamás imaginaríais? De esos caminos imposibles, donde la mera casualidad se quedaría corta. ¿Habéis conocido la sensación de que el universo conspira? Topándoos con alguien, llamémoslo X. Encontrando un día ese objeto que tanto tiempo buscamos frenéticamente, de repente y porque sí.  ¿Habéis sentido las palpitaciones cardiacas que crea un acontecimiento de esos extraños, especiales? Como si el corazón reconociera ese algo difícil de identificar, cual detector de metales y nos invitara a seguirlo, como si nos enseñara el camino entre latido y latido. ¿Soléis tener en la boca esa mítica frase de, si es así, es por algo. Si no fue, es porque no era el momento? Si la respuesta es afirmativa, quizás nos encontremos ante algo grande, ante un universo de posibilidades, que por alguna extraña razón terminan conectando entre ellas, me refiero a él, el misterioso y maldito destino.

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Un poco de historia pal’ Body:

En la antigua Grecia tenían una creencia bastante interesante sobre quien controlaba la vida, sus encargadas eran Las Moiras. Son una especie de costureras, pero del destino. Dependiendo de dónde se las llama Parcas, o Nornas, sea como sea son siempre tres. Su misión es controlar el hilo de la vida (y no me refiero a ese hilo rojo del que tanto se habla no). Según cuenta la leyenda para hilar la vida de una persona se usa hilo blanco entremezclado con hilo de oro, que marca los momentos más felices de la vida e hilo negro, que marca los momentos tristes que aparecen. Las tres Moiras cortaban en un punto determinado el hilo que media la longitud de la vida con una tijera, y ese corte daba lugar a la muerte.

 «El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos»

Entonces ¿cómo va esto? El hombre es el arquitecto de su propio destino ¿sí o no? Porque siendo así aun hay cosas que crean en nosotros algo, que nos dice hacia dónde ir, ese sexto sentido del que tantos alardean quizás no es más que un destino ya escrito que lleva la batuta de nuestras vidas. Pero eso sí, el camino que tomamos para llegar a ese nuestro destino es decisión propia, podemos ponérnoslo más o menos complicado, pero una cosa queda claro y es que la meta no cambia. Y es que creo que todo el mundo tiene un objetivo en la vida que le da ese sentido, algo que no puede cambiarse sin perderse uno mismo en el intento. Yo por ejemplo llevo el escribir en el ADN, no podría sobrevivir sin hacerlo, está en mí desde que tengo uso de razón, y tiro continuamente de tinta para salir de donde este, o para adentrarme en cualquier otro lugar en el que desee sumergirme. Con los sentimientos de brújula y las letras como timón no hay puerto al que no pueda llegar.50e4690adaa500a5b8f89d729b48b341 (1)No os ha pasado eso de que llegas un día a un lugar, a una persona y piensas, sí, este es mi sitio, mi hogar, mi destino. Dicen que si crees en el destino debes creer en el amor por narices, en que existe esa persona, la única entre millones. Y que sin ella nuestra vida parece vacía. Es por eso que nos da por pensar que el destino existe, que está ahí, aunque no sea palpable y a veces ni tan siquiera creamos que sea posible. Porque llega algo o alguien que nos hace pensar que llevamos toda la vida haciendo un hueco en el puzle de nuestra alma para su pieza y que ninguna otra encajará igual.

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«El amor no se elige es el quien nos elige a nosotros.»

Muchas veces la vida se vuelve difícil, nos preguntamos ¿por qué a mí? Porque si bien es verdad que hay piedras en el camino, ¿qué camino no las tiene? Hasta el más liso y asfaltado tiene en su mezcla restos de piedra.  

El destino no se modifica, lo que se modifican son las acciones para llegar hasta él. Quizás este no sea tan marcado y recto como muchos cuentan, pero queramos o no hay químicas que encienden nuestro ser que no se ven todos los días. Seguramente te han sucedido “casualidades” que aún hoy no te has podido explicar, esa llamada serendipia que marca la diferencia entre tener estrella o estar estrellado. Quizás esas supuestas “casualidades” no lo son tanto y son más bien coletazos de un destino que nos dice por dónde atajar para llegar a él.

¿Pueden las acciones que tomemos torcer un destino, o el destino ya tiene escrito en sus páginas que algún día intentaremos torcerlo, salirnos de su tiesto?

¿Por qué tenemos en nuestras vidas una excepción favorita, esa regla que se ha roto tantas veces, esa que se niega, a la que decimos nunca más una vez tras otra?

¿Cuando el futuro se convierta en presente, miraremos atrás y aceptaremos que cada uno de nuestros pasos fue dado para llegar a este momento, este lugar?

¿Por qué este post acerca del destino y no uno sobre Aritz y Han en Gran Hermano o sobre la fusión nuclear, la nube toxica de pekín o el horóscopo semanal?

Engáñate y llámalo casualidad.

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