Amor & Polvos

¿Tienes la regla? ¡Qué asco!

Hace unas semanas tuve una cita. A date. Oh. Estaba hecha un flan. Le conocí el fin de semana anterior. Bailando, que no comiendo, como uno podría pensar que a partir de ciertos kilos todo lo que hace una es comer, pero no. Típica historia. Chico mira a chica. Chica piensa que el chico es gay y que está mirando a su amigo. Chica pregunta «¿te gusta mi amigo?». Chico que resulta no ser gay. Pero sí resulta ser de Granada. Y cuando habla, habla igual que un exnovio de Granada que dejó un muy buen recuerdo. Y eso mola. Y además es un buenorro de bandera.

Hablas. Bailas. Le besas e intercambias números de teléfono. Un par de whatsapps después ya has quedado para el miércoles. Oh dios. Qué me pongo. ¿Será guapo de verdad o fueron sólo los efectos del alcohol? Esa es la pregunta que a una le vienen a la cabeza cuando ha conocido a un chico en un bar. En el caso del Tinder: ¿será guapo de verdad o sólo en las fotos?. Tras la cena, vamos a su casa. Y brutal. El sexo, la casa era normalita.

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Hasta aquí la historia de la primera cita con el que iba a ser el hombre de mi vida.

Volvimos a quedar el sábado (sabadete, guiño, guiño, ya tu sabeh). Él salió con sus amigos, yo salí con los míos. Y todas las horas que pasaron fueron un preludio de whatsapps en los que ya estaba todo dicho y sólo quedaban cosas por hacer (aka, irnos directos a su cama).

Llegó al bar donde estaba, nos tomamos una cerveza más. “¿Nos vamos a tu casa?” “Claro.” Y éste, fue el principio de nuestro fin. Le dije: “te lo digo para que lo sepas, que a mi me da igual, me vino la regla el otro día, estoy manchando pero muy poquito”. Lo dije hasta un poco por cortesía, porque parece que toca decirlo, pero es que, ni para mi, ni para ninguna de mis parejas ha sido nunca un problema, ni ha habido miramientos con el tema de follar con la regla. Da (casi) igual que esté o no.

Aquí es cuando, después de haber pronunciado yo la fatídica frase, SALE CORRIENDO. Que sí. Tal cual. Se le descompuso la cara y echó a correr. ¿Hola? Como si le persiguiera la policía. Yo aluciné momentáneamente y corrí tras él.

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– “¿Y por qué te vas corriendo?”

– “Porque no sabía cómo decírtelo a la cara.”

Y dio media vuelta y se fue. Esta vez, andando. Yo me quedé flipando.

Y esta es la historia de cómo un chico huyó de mi literalmente, como nadie había huido en su vida. Al menos esa noche fui un poco runner.

Autor: Matilde Bolancos

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