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Tinder Sorpresa: el día que mi peor pesadilla se hizo realidad

Hola amigas, me presento. Me llamo C. y soy una gordibuena bastante resuelta de Madrid. Digo lo de resuelta porque en general hay pocas cosas que me den vergüenza, pero como todo el mundo tengo un par de pánicos irracionales que soy incapaz de superar. Uno de ellos es el que hoy vengo a contaros.

Sucedió el verano pasado. Había quedado con mi cita Tinderiana de la semana en dar una vuelta por Malasaña, y cuando vi aparecer a aquel barbudo de gafas de pasta me tembló hasta el pelo. Un bombón con el que compartir los calores madrileños esa noche, ¡estupendo!

Hola chato

Hola chato

Después de un breve paseo decidimos que hacía demasiado calor para seguir dando vueltas y empezamos a buscar una terraza. Ahí se me encendieron las alarmas. Mi culo y las sillas de las terrazas se llevan regular. Si son metálicas aguantan mi peso pero me suelen hacer un daño en los muslos que lo flipas y no aguanto más de un ratito. Si son de plástico de Mahou, a veces es que ni me cabe el culo.

Pero claro, ¿cómo le dices a un desconocido al que pretendes ligarte que mira chato en esa terraza no, que mis posaderas no entran?

Pues eso, que por vergüenza no dije nada y acabamos en una terraza cerca del 2 de mayo que él mismo eligió. Yo recé y mi culamen entró sin mucho problema. MENOS MAL.

Me bebí la cerveza tan rápido del agobio liberado que debió de pensar que era una borracha. Con la segunda se me olvidaron todas las tonterías y con la tercera ya estábamos haciendo piececitos. Entré a pedir la cuarta y aproveché para ir al baño, que con la cerveza ya se sabe. Al volver, el barbudo me parecía todavía más guapo y yo debí de sonreír con cara de idiota porque él me guiñó un ojo en plan: ‘venga nena, que no soy para tanto’.

Dejé las cervezas en la mes, y con los nervios del guapazo que tenía enfrente y la alegría del alcohol, me dejé caer sobre la silla sin pensar, y como os estáis imaginando…

ACABÉ EN EL PUTO SUELO.

SHAUUUUUU

SHAUUUUUU

La silla de Mahou podrida se partió en dos y yo no solo me caí delante de medio Malasaña (barbudo sexy incluido), sino que parte de la silla rota me rajó el muslo y empecé a sangrar como un cochinillo. Mi peor pesadilla hecha realidad. La gorda que rompe la silla. Classic.

Os estaréis preguntando por la reacción de mi cita. Pues bien. Hizo el amago de reírse (como para no), pero al ver que me había cortado corrió a ayudarme y me acompañó preocupado a urgencias. No hicieron falta puntos y yo ya iba a despedirme de él muerta de la vergüenza, cuando me propuso una segunda cita para cuando me recuperase.

Vamos, que además de guapo era un tío estupendo al que le molaban las gordas que rompen sillas. Y sí, quedamos varias veces pero sin más incidencias… ¡tuve suficiente con la primera!

C. la rompesillas

 

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