Querido diario

Amiga, tú siempre reinarás

La mayoría de los amigos van, vienen y por el camino se entretienen. Pero ella no es la mayoría, ella es esa amiga que está ahí cada vez que necesitas un día salir de viaje a vivir aventuras, la que te saca a bailar sin música, la que te rompe a risas y te recompone a abrazos.

Tampoco falta cuando necesitas olvidar tu último error y sin saber cómo aparece con un borrador más grande que tus ganas de llorar para contarte que aún no ha nacido un problema que no sea capaz de solucionar. Porque ella es así, la más valiente de este mundo, siempre dispuesta a prestarte un puñado de su alegría sin importarle si se lo devolverás. Entre vosotras las cuentas están claras.

friends

Es la musa en los días perdidos, la que tira de tu culo gordo, la que te zarandea para que reacciones y no se da por vencida hasta que ha conseguido sacudir tus miedos, tus “no puedo” y hasta tus “abandono”. Y es que si la guerra es inevitable, si nos pilla de frente y no nos da tiempo a apartarnos, que me alisten en su regimiento, a su lado.

A veces se cruza por medio mi lado egoísta y pienso lo feliz que sería teniéndola siempre conmigo, cosiéndola para que, como mi sombra, siempre me acompañara. Pero no, la quiero libre, sin costuras y sin trabas para encontrar su felicidad, aunque sea a kilómetros de mí. ¿Veis qué maduras somos? También es por ella que con su lealtad me inspira a volar sabiendo que su nido tendrá una habitación libre para mí cuando nuestros vuelos se vuelvan a cruzar.

Mentiría si te dijese que creo en el destino pero bendita la casualidad que nos puso cerca, en la misma ciudad que se nos hacía inmensa, retándonos a pisar todas sus baldosas. No tengo claro si lo conseguimos o nos quedó alguna, lo que sí sé es que para nuestra amistad se quedaba pequeña, nosotras nos merecíamos aspirar al mundo.

friends, amaia y Aitana de OT

Qué fácil sería si sólo estuvieses en la otra punta de la clase, como si nos hubiesen separado por hablar, y aún así me atrevería a enviarte una nota arrugada para dejar por escrito la promesa que llevamos años cumpliendo. Tú lo leerías y quizás te reirías de mi cursilería. Hoy quizás llegues tarde de trabajar o los estudios y las obligaciones hayan absorbido el ratito libre del día pero no por no leerlo deja de ser cierto. Eres la reina, de mis buenos ratos, de los no tan buenos, de mis nidos futuros y de lo que esté por venir porque, lo tengo claro, siempre reinarás.

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