Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Hola! Llevo tiempo siguiendo la cuenta y leyendo las historias que subís. Esta vez me gustaría compartir por primera vez mi historia ya que no puedo más con la situación, y así poder ver el punto de vista de otras mujeres que quizás hayan estado en situaciones similares. Muchas gracias por leerme
Hace algo más de medio año, conocí a un chico a través de una red social (24 años y yo 25). Siempre he sido muy reticente con esa forma de conocer a gente, y era la primera vez que me lanzaba a quedar con alguien de esa manera. Para mi sorpresa, todo fue sobre ruedas. Tuvimos una cita muy larga en la que hubo bastante conexión y no paramos de hablar durante horas. Por ese momento, yo ya lo había pasado mal por otras relaciones y tenía muy claro que tenia que ver un interés real por su parte para seguir conociéndonos o de lo contrario, acabaría pasándolo mal si él buscaba algo diferente a mi. Por lo tanto, yo seguí centrada en mi carrera y priorizando mi vida social y bienestar mental, como había hecho hasta ese momento. En eso yo siempre fui muy directa con él. Sin embargo, él lo tuvo claro desde el segundo día. Más adelante me confesó que ese día había sentido algo especial y que tuvo claro que quería llegar hasta el final por mí.
En cuestión de 2 semanas él ya estaba enamorado de mi, y estaba dispuesto a pedirme salir. Yo frené la situación porque me parecía precipitado y aún no estaba preparada para eso, ya que para mi estaba yendo muy rápido. Para que yo llegase a confiar en él, el tercer día me confesó una información familiar muy delicada. Algo dentro de mi, me dijo que no era oportuno contar algo de esa índole sólo por ganarse la confianza de una chica que le gustaba hacía 2 semanas. Además, yo me iba enterando de detalles de su pasado que no cuadraban con mi vida (por ejemplo él había tenido una adicción fuerte a alguna droga o alguna relación muy muy turbia con diferencia de edad cuestionable). Cuando yo le comunicaba mi visión de todo eso, siempre me decía que ese era su pasado y que por favor no le juzgara por ello. Pensé que tenía razón y decidí darle una oportunidad.
Las semanas pasaban y yo me fui enamorando de él. Cuando estuve unos días enferma fue el primero en venir a cuidarme, me cocinaba, proponía planes, conocimos a los amigos del otro en alguna ocasión, e incluso me llevó a su casa y llegué a conocer a su madre. Era evidente que él estaba muy comprometido con la relación y yo sentía que seguía siendo fiel a mí misma así que estaba muy feliz. Me aportaba mucha calma y tranquilidad. De vez en cuando teníamos alguna discusión por no estar de acuerdo en algún tema concreto pero nada que llamase la atención. Normalmente era porque yo le daba mi opinión sobre cosas que pasaban y que no me gustaban del todo de él. Sin embargo, él nunca tenía nada negativo que decirme, que le molestara de mi o que yo debiera de mejorar. Para él yo era perfecta y todo era ideal.
A los 3 meses de relación, llegó un día a mi casa y en cuestión de 20 minutos me dejó. Fue muy frío y distante y nunca me había dado señales de que algo no fuera bien por lo que es lo último que mi entorno y yo nos pudiésemos esperar. Sus explicaciones eran vacías pero las exponía con mucha seguridad. Al irse de mi casa y yo quedarme en shock, le llamé por teléfono para poder preguntar las causas de todo esto ya que no entendía nada, y volvió con un discurso completamente diferente. Pidiéndome perdón, sin parar de decir que por favor le diera una oportunidad, que me demostraría todo lo que me quiere, que había seguido malos consejos (de su madre) y que se arrepentía muchísimo. Durante una semana seguimos quedando. Yo me sentía desconcertada y apática mientras recibía whatsapps cada día prometiéndome todo lo bueno que me iba a dar. A los 5 días de la primera ruptura, volvió a dejarme, esta vez por mensaje mientras yo trabajaba. Él no daba pie a conversar pero yo le pedí que por favor quedáramos y me explicara todo, al menos por mi bienestar psicológico, que ahí ya estaba por los suelos.
Su explicación esta vez fue muy diferente. Resulta que no había sido capaz de comunicarse durante la relación porque nunca le habían enseñado a hacerlo, pero que había cosas que no le gustaban de mí y que tenía mucha dependencia por mi, entre otras cosas. Me explicó que también influían mucho sus traumas pasados y que era todo muy complicado. Le recomendé que comenzara a ir al psicólogo y así lo hizo. Esa semana siguiente teníamos un viaje planeado al que yo le había invitado y él aún así, decía que quería seguir acompañándome. Yo ahí ya estaba inmersa en la adicción emocional y evidentemente, acepté. Su madre en contra de esto, no le dirigió la palabra durante una semana completa. A mi eso me parecía durísimo, pero él parecía estar acostumbrado a esas situaciones. En cuanto empezó el viaje él quiso comportarse “como siempre” y actuamos como novios. Fue un viaje ideal para ambos (exceptuando que yo no paraba de pensar en que eso iba a desaparecer en cualquier momento porque podía volver a hacerme lo mismo una tercera vez). Al volver del viaje, fuimos poco a poco porque yo debía de tratar de entender sus tiempos, y le prioricé a él y su bienestar dejando de un lado el mío. Ahora veo que en ese momento ya me había perdido a mi misma por completo. Me hacía refuerzo positivo cada día diciéndome lo mucho que le estaba ayudando y lo bien que íbamos a estar en el futuro. Aguanté así 2 meses hasta que un día le dije que no podía más, que yo no estaba bien y que aunque para él habían sido los mejores meses, a mi eso me estaba matando. Yo no confiaba en el, tenía miedo de que volviera a hacerme lo mismo, y mi inseguridad y dependencia crecían por momentos.
Durante ese tiempo, se habían ido sumando problemas, ya que al conocernos más, supe que había problemas económicos en su casa, multitud de traumas muy complicados e inestabilidad en prácticamente todos los ámbitos de su vida, ya que por ejemplo, no conocía a ningún familiar por parte de ninguno de los dos padres y otras situaciones bastante duras. Además, le pillé una mentira bastante grave del principio de la relación sobre otra chica. También su madre me hizo faltas de respeto en más de una ocasión. Y a mi todo eso, me llevó al límite.
Aunque parezca evidente que lo correcto hubiese sido dejarlo, juntos, en el día a día era todo perfecto. Me demostraba su amor constantemente y siempre me apoyaba en todo. Hacíamos planes de futuro y estábamos muy ilusionados. Y yo estaba muy cegada.
A partir de ese momento tuvimos que estar a distancia. Y es cuando al no tener la parte positiva de la relación (tiempo de calidad juntos, demostrarnos el amor que nos teníamos…) y solo poder optar a hacer videollamadas y hablar por mensajes, aumentaron todos mis sentimientos negativos (desconfianza, inseguridad, dependencia…) y comenzamos a tener broncas monumentales en donde nunca llegamos a levantar el tono, pero si llegar a hacer faltas de respeto e ir a hacer daño, sobre todo por mi parte, que nunca había llegado a superar lo que me hizo pasar. Yo en varias ocasiones le comunicaba que yo no estaba bien y que no sabía si iba a poder superar y perdonar todo aquello. Pero él me apoyaba diciendo que haría lo que fuese porque estuviéramos bien y continuar adelante, que valía la pena.
Vino a verme un par de semanas y todo se calmó. Juntos la cosa cambiaba. Aunque ahora veo que necesitábamos ayuda externa para sanar la relación, ya que estaba entrando en una dinámica muy negativa y tóxica. Al venir, se comprometió a conocer a toda mi familia y amigos y absolutamente todo el mundo estuvo encantado con él. Es una persona muy sociable, alegre, educada… y es imposible que no te caiga bien y no confíes en él. Tuvimos alguna discusión pero nada que ver con las que teníamos a distancia.
Al irse, tuvo claro que quería vivir aquí en un futuro, que se mudaría (aunque nunca fue mi plan vivir aquí) y me sorprendió muchísimo que tuviera tan claras las cosas y propusiese esta nueva idea. Según él, estaba más enamorado que nunca y sabía que este bache lo íbamos a superar y acabaríamos juntos. Él me decía que estaba seguro de que yo era la mujer de su vida.
Al volver a la distancia, volvieron las discusiones hasta el punto de yo volver a sentir que no podía seguir así. A mi me desgastaba desconfiar de él y a él que yo desconfiara de él. Tuvimos una conversación seria en donde me dijo que no podíamos seguir así. Que no quería dejarme y que bajo ningún concepto lo haría, y que por favor, dejara de tener ese miedo. Que él lucharía siempre por mi. Pero que la dinámica era insostenible y teníamos que actuar mejor el uno con el otro. Acepté y durante la semana siguiente mantuvimos mucho las formas y aparentemente hablábamos las cosas bien y de manera calmada. Seguían siempre los mensajes preciosos de amor y compromiso. En 1 semana nos veríamos en persona por fin otra vez y ambos deseábamos que llegara ese momento sobre todo porque, yo quería contarle algo que me inquietaba bastante, ya que mi última regla no fue como habitualmente.
Pero ese día no llegó, porque una mañana al despertarme encontré 3 mensajes: 1. buenas noches amor mío, 2. te quiero y 3. Un párrafo explicándome que lo nuestro se había acabado. Los dos primeros mensajes los envió de fiesta de madrugada. Y el tercer mensaje de vuelta de fiesta a primera hora de la mañana. No sólo me quedé en shock por el mensaje, sino que además estaba bloqueada de absolutamente todas partes y no podía comunicarme con él. Llegó a bloquear hasta a mis amigas. Entré en un ataque de pánico porque aunque sabía que no estábamos bien, no entendía cómo había tomado esa decisión unilateralmente, en ese momento estando de fiesta, y además sin dar opción a que me expresara y se hablaran las cosas. Para mi no era él, estaba siendo irreconocible.
Esta forma de hacerlo me supuso una inestabilidad psicológica brutal. Estuve días sin comer ni apenas beber nada. Mi entorno estaba muy preocupado. Pude volver a hablar con él mediante una amiga y explicaba que él ya no podía más, que llevábamos tiempo mal y que habíamos llegado a una dinámica muy tóxica y le estaban resurgiendo inseguridades y miedos del pasado relacionados con su trauma. Que sentía hacerlo de esta manera pero era su psicóloga la que le recomendó hacerlo así.
De hecho, supuestamente es ella la que también le ha aconsejado que no esté a mi lado apoyándome en el momento de hacerme la prueba y que pasara lo que pasara, esto se había acabado y que no quería saber nada de mi. Volvió a bloquear cualquier comunicación y nunca ha llegado a preguntarme cuál es la situación actual. No sabe el resultado de la prueba y no parece que le importe.
Tras acudir yo también al psicólogo (que cree que estos cambios extremos de actitud y de toma de decisiones que se llevan viendo meses, se debe a algún tipo de trastorno) y tras comentarlo con mi entorno, nadie cree que una psicóloga pueda recomendarte hacer de la noche a la mañana esa maniobra, sobre todo por el daño que puede causar en la otra persona. No sé lo que ha contado o no ha contado a su psicóloga, o ni siquiera si es cierto que va. Pienso que había muchas formas de llegar aquí, hablando, tomándonos un tiempo, yendo a terapia separados o incluso juntos. Siento que está repitiendo las situaciones y traumas de su vida, y que no sólo no los está trabajando en sí mismo, sino que me los está creando a mi.
Aún no sé qué conclusión sacar porque tengo mucho trabajo psicológico que hacer. Pero me duele haber dado oportunidades a una persona que no ha podido darme una oportunidad a mí cuando me quería tantísimo y estaba dispuesto a luchar por esto, y encima no ha querido estar a mi lado en esta situación de hacerme la prueba y hablar sobre la decisión, ya que es algo que nos incumbe a ambos.
Gracias por leerme
