Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Estoy en pareja. Nos queremos y no hay drama. No hay gritos, ni celos, ni idas y venidas. Y sin embargo… no siento lo que sentía antes.
No hay mariposas. Hay recordatorios de “compra papel higiénico”.
No hay citas sorpresa. Hay cuadrar calendarios para ver cuándo podemos follar sin estar reventados.
No hay noches sin dormir por lo que siento, sino por el insomnio y el curro del día siguiente.
Y a veces me pregunto: ¿esto es madurar? ¿esto es amar de forma adulta?
¿O es conformarse con que las cosas ya no te atraviesen como antes?
Porque me encanta tener alguien que me acompañe. Pero a veces me sorprendo en silencio deseando que algo me descoloque, que me saque del Excel emocional en el que se ha convertido mi vida amorosa.
Y me da miedo reconocerlo, porque en teoría tengo “la suerte” que mucha gente busca.
