¡Hola Lovers!
Aunque lo hago un poco en la sombra, llevo muchos muchos meses siguiéndoos. Sois mi espacio de referencia y mucho más desde que hace ya dos años me puse a buscar mi embarazo. He pensado en enviaros esta historia para que la publicaseis pero me muero de la vergüenza así que la dejo aquí en el foro y si alguna da con ella y le gusta, siempre podéis responderme. Espero que alguna se pueda sentir reflejada en ella y lo que quiero es daros unas dosis de positivismo.
Yo tengo ya 38 años y soy de esas chicas que siempre ha querido ser mamá. Desde que empecé a trabajar he pensado en ser mamá pero por unas o por otras pues lo fui dejando pasar. Después comencé a salir con un chico muy maravilloso, estuvimos juntos 12 años y él siempre me pedía tiempo para tener hijos. Yo estaba enamoradísima y de alguna forma dejé a un lado ese sueño de la maternidad solo por él. Por más que pasaba el tiempo él siempre decía que teníamos mejores planes que traer niños al mundo y simplemente un buen día descubrí que me era infiel. Me costó mucho levantar cabeza después de todo aquello.
Después de eso decidí que lo mío era la soltería. Era ya una mujer adulta, con un buen trabajo, mi propia casa… Así que me lancé para dar el paso de ser mamá soltera. Empecé a visitar diferentes clínicas a ver en cuál me sentía más a gusto y pronto decidí. El proceso en principio sería sencillo pero las cosas se empezaron a complicar cuando en una de las pruebas me descubrieron un quiste bastante sospechoso en el útero. Como os digo mi sueño siempre fue el ser madre y aunque algunos no lo comprenden en el momento que escuché que a lo mejor perdía el útero fue como un golpe terrible para mí. Pasé por varias pruebas bastante incómodas y finalmente me extirparon el quiste sin tener que tocar demasiado mi útero.
Tuve que pasar por varios meses de recuperación hasta volver a retomar el proceso para quedarme embarazada. Cuando lo hice mi médico decidió que estaría bien ir directamente a la FIV (in vitro) para así asegurarnos el embarazo. Estaba de acuerdo. Pero cuando comencé a inyectarme para la maduración de los folículos no había manera de llegar a nada. Iba cada dos días a la consulta para hacer ecografías y mis folículos no crecían como debían, no respondían a la medicación. Me aumentaban las dosis pero tampoco conseguían lo que querían.
Me empecé a desesperar porque ciclo tras ciclo parecía que mi cuerpo me estaba castigando. Entonces mi médico optó por cambiar mi medicación y sorprendentemente de esta manera mis folículos crecieron. Fijamos la fecha para la punción ovárica y todo fue increíblemente bien. En total seis ovocitos perfectos para la fertilización.

En total me transfirieron tres ovocitos fecundados que según el médico seguro alguno saldría adelante. Cuando salí aquel día de la clínica me sentí super feliz y diferente. Estuve descansando el resto del día y se me hicieron eternos los días hasta la fecha en la que me harían el test de embarazo. Todo se truncó cuando justo un día antes del test manché mis braguitas, me acababa de bajar la regla.
Lo mismo me ocurrió hasta 5 ciclos. Los médicos me hacían pruebas y no sabían qué me podía ocurrir, mis niveles de progesterona eran correctos, mis ciclos eran regulares, mis hormonas estaban bien. No sabéis todo lo que lloré en esta etapa. Fueron meses horribles porque mi alegría empezó a girar en torno a un posible embarazo y cada mes que no lo lograba me hundía más y más y más.
Perdí la cuenta de cuánto dinero gasté. Era desesperante ver cómo pasaba el tiempo y sentirme tan incompleta. Daba igual lo que hiciera, siempre pensaba que me faltaba algo. Mi médico me recomendó comenzar a ir al psicólogo y esto me ayudó bastante con toda la ansiedad que empezaba a generar por culpa de todo el proceso.
Mes a mes fui perdiendo la esperanza. En cada nueva transferencia pensaba que esos embriones no llegarían a nada. Estaba demasiado harta de ver cómo siempre me acababa bajando la regla. Después llegó el covid y con él la clínica dejó de atender consultas no urgentes. Estaba justo esperando a empezar un nuevo ciclo y decidimos esperar a que las cosas se normalizasen un poco para continuar adelante. Dejé de ver la luz al final del tunel, fueron muchos días sola en casa, agobiada por la situación general que estábamos viviendo y por mis propias frutraciones.
Pasado el verano del año pasado retomamos los ciclos y de algún modo decidí que me marcaría un límite para continuar con todo aquello. No iba a estar de por vida metida en aquella dinámica de tratamientos y procesos cuando sabíamos que por una cosa o la otra no iba a funcionar. Intentaba tomármelo de otra manera, pensar en opciones para ser madre en el caso de no lograr quedarme embarazada. Todo este tiempo además solo mi madre conocía mi situación, nadie más a mi alrededor sabía lo que estaba pasando.
Mi médico tomaba vacaciones en agosto y después de un año con varios intentos que no llegaron a nada, nos marcamos el ciclo de julio como una de nuestras últimas oportunidades. Tenían una serie de ovocitos míos criopreservados y optamos por utilizarlos para un último intento. Todo pareció salir bien, como había pasado en otras ocasiones, y me fui a casa como siempre sintiéndome extraña y pensando en positivo o al menos intentándolo. Estaba de vacaciones en el trabajo y pasé varios días paseando, quedando con amigos para charlar… Estuve desconectada por completo y ni pensé en fechas ni días de ciclo ni nada de eso.
Esta mañana, al levantarme, la alarma de mi móvil me avisó de que mi regla debería haber bajado, era mi primer día de falta. Llamé a mi médico y él me recomendó comprar un test y llevarlo con calma, todo podía ser, pero mi regla nunca había faltado a su cita puntual. El corazón se me salía por la boca, lo juro. Me he comprado un clearblue de esos de pantallita para que todo sea más seguro. He dudado un instante y me he limpiado la zona varias veces para asegurarme de que no había resquicios de sangre por ningún lado. El tiempo que esa pantalla me mantuvo en espera pareció eterno, me he ido del cuarto de baño y después he vuelto para verlo EMBARAZADA 1-2 SEMANAS. Estoy embarazada, ha funcionado, mi cuerpo ha decidido que ahora es el momento.
He llamado llorando a mi médico, estoy asustada porque quiero que todo salga bien. Tengo mil miedos pero también soy muy feliz porque ahí está (o están) mi embrión, aferrado a mí y listo para crecer en mi interior. Todo llega o eso dicen, y aquí estoy yo ahora que no soy capaz de soltar el test de embarazo y no puedo dejar de tocarme la barriga. No me lo creo lovers.