La boda, el kayak y las dudas.
Soy una chica de 26 viviendo en el extranjero. En los últimos años me he embarcado en la aventura que es descubrir tu cuerpo y quererte tal y como eres, con tu celulitis y tus curvas y tu tripita. Y de esos tengo de sobra.
Dentro de un par de semanas me voy de viaje a una isla paradisíaca para la boda de una amiga y me hace muchisisima ilusión. Tengo mis bikinis y mis vestidos todos preparados. Me siento insegura ante la idea de mostrarle mi cuerpo serrano a los conocidos y desconocidos que estarán presentes, pero lleva semanas mentalizándome y lo tengo más o menos bajo control. Tengo claro que mi prioridad es disfrutar de todas las actividades que tenemos planeadas y no pensar en mi cuerpo. Entre estas actividades planeadas esta hacer Kayaking en un lago bioluminiscente, cosa que me parece un sueño hecho realidad. Aquí es donde todo se tuerce.
Resulta que voy a la página web para reservar la noche de kayaking magico, y mientras me leo la letra pequeña se me cae el alma al suelo cuando leo “Peso maximo para el Kayak: X kilos. Si pesa más de X, díganoslo y le podemos reservar un Kayak más grande”. Y así con una frase todo el trabajo que he puesto en quererme a mi misma se derrumba como la casa de los tres cerditos. Hace un par de años que no me peso, desde que me recuperé de mi desorden alimenticio el no pesarme es una de las cosas que me mantienen cuerda. Pero eso ya se ha acabado, porque para saber si me puedo montar en este maldito kayak tengo que pesarme. Así que eso hago, me armo de valor y me peso, y mi autoestima se hunde un poco más. Sabía que no me iba a gustar, pero me siento peor de lo que esperaba. Estoy 10 Kilos por encima del límite requerido para el pu** kayak. Y ahora que hago?
Me da un terror horrible tener que decirle a la gente que necesito un kayak más grande que todo el mundo, y no se me ocurre una excusa buena para no ir a la actividad. Mis amigos no me dejan de preguntar si me he sacado el ticket ya, y solo les doy largas. Porque una cosa es saber que estoy gorda y aceptar y querer mi cuerpo igualmente, y otra cosa es decir en voz alta mi peor miedo: que mi peso finalmente está afectando mi vida y lo que puedo o no puedo hacer. Que en esta situación soy esclava de mi cuerpo y aunque intente ser valiente, lo único que siento es pánico y el deseo infinito de vomitar mi cena.
Y aquí sigo, sin poder tomar una decisión, paralizada y avergonzada, acercándome poco a poco a ese lugar oscuro en mi mente que conozco tan bien y que tenía la esperanza de no volver a visitar.