Mi mejor amiga y yo planificamos el año pasado empezar una nueva vida juntas, dejando todo atrás. Habíamos pasado ambas por problemas familiares y profesionales y decidimos que era el momento de abandonar el pueblo y mudarnos a la capital.
Dejé mi trabajo, vendí un pequeño piso que me dejaron en herencia mis abuelos y con el dinero, alquilé un piso de dos habitaciones y compré un coche para el viaje.
Cuando ya lo tenía todo listo, mi amiga me soltó que se lo había pensado mejor y que no quería alejarse de todo y de todos.
No me lo podía creer y tuvimos una discusión monumental. Ella decía que sentía no haberme dicho nada antes de tomar tantas decisiones, pero que aún podía aprovechar el dinero para tratar de salir adelante en el pueblo o tratar de recuperar mi trabajo.
Me sentí súper traicionada y dolida. Me daba miedo hacer el viaje sola, así que tomé la decisión de quedarme a pesar del dolor que me producía. Unas semanas después estaba realmente amargada y tomé la decisión de largarme sin decir nada a nadie. Aún tenía el piso alquilado porque había pagado el primer mes y la fianza así que arranqué el coche y a pesar del miedo me fui hacia Madrid.
Tengo que reconocer que al principio fue todo un poco caótico, pero han pasado ya meses y la verdad es que me siento muy feliz con la decisión que tomé. He encontrado un trabajo de lo que realmente me gusta y he hecho un nuevo grupo de amistades más acorde a mi forma de pensar.
Hace unos días mi amiga me mandó un WhatsApp preguntándome que cómo me iba la vida en la capital, porque se estaba planteando dar el salto y continuar con nuestro plan.
De momento ni siquiera le he contestado, ya que no tuvimos contacto desde que me fui y me parece increíble que ahora que yo ya he dado el paso sola, ella quiere volver como si nada a nuestro plan original.
No sé si me estoy equivocando, y si debería tenderle una mano para que todo sea más fácil para ella, pero el dolor de su traición me corroe por dentro.
