Hola chicas, quiero compartir mi experiencia porque, al leer otros casos similares, me he dado cuenta de lo ingenua que fui. La verdad que me siento indignada, y por desgracia hay demasiados tíos con esta forma de pensar.
Hace un par de años conocí a mi ex, un hombre de casi 50 años, yo tenía 20 menos. Con un elevado nivel cultural, atractivo, educado, exitoso,… un perfil que, en apariencia, lo tenía todo. Me conquistó con un love bombing de manual y yo, ilusionada, caí. Aclaro que soy una persona económicamente independiente y sin ningún interés material, simplemente me enamoré.
Desde el principio, él me decía que prefería mujeres 15-20 o más años menores porque, según él, se cuidaba mucho y las de su edad no están a su nivel (red flag total, pero en su momento pensé: “nadie es perfecto”). También me comentaba que siempre había estado con mujeres del sudeste asiático o de América Latina, porque, aunque eran más femeninas que las europeas, eran interesadas. Eso me chirrio pero una vez más pensé que había tenido mala suerte con las de aquí. Yo, en cambio, era diferente y encima con estudios…o eso me hizo creer.
Con el tiempo, comenzó a cambiar. Se enfrió y me daba la sensación de que le molestaba que, a mi edad, hubiera tenido experiencias que él no (no por falta de recursos). Piso propio, viajes, compras caras, un trabajo que me apasiona… parecía que todo eso le incomodaba. Incluso llegó a insinuar que seguramente tenía hombres con dinero a mi alrededor (siendo él con dinero!)
Nos veíamos un par de veces a la semana, nunca le pedí nada, solo disfrutaba de su compañía. Pero su actitud distante me empezó a afectar y le pedí explicaciones. Poco después me dejó, diciendo que la relación le generaba “demasiada presión” y que yo era muy egoísta. Añadió que, aunque me quería, prefería volver con mujeres de su “perfil anterior”, porque con ellas todo era más slow y él necesitaba “paz”.
Aun así, como muchas hemos hecho, caí en la trampa de seguir viéndolo. Me quedó la sensación de culpa, de “¿y si…?”. Quise demostrarle que no era como decía. Incluso, gracias a mi profesión, le facilité unas pruebas diagnósticas que le evitaron un problema grave de salud.
Pasó el tiempo y seguimos en esa dinámica, hasta que un día decidió viajar a Filipinas, en first class, como no. Alli, según él, conoció a mujeres “encantadoras, cariñosas y simpáticas” que lo veían como un semidiós y querían ser su pareja. Se sintió admirado, querido, especial. Eso sí aseguró que no eran chicas de compañía pero que aún así fue generoso y les ofreció una ayuda de 50€ que para ellas ya es mucho.
A su regreso, empezó a encontrarse mal y, preocupada, me moví para que se hiciera pruebas. Se le detectó una ETS grave. Afortunadamente, recibió tratamiento a tiempo y se curó. A raíz de ese susto, dijo que quería llevar una vida más ordenada. Pero la realidad era otra…
Tiempo después, para mi sorpresa, volvió a viajar a Filipinas. No quiero decir que solo allí se puedan contraer ETS, ni que el problema sea el lugar en sí, pero lo que está claro es que su objetivo en esos viajes es consumir lo que, tristemente, es tan común en esos países: mujeres jóvenes en situación vulnerable, sin recursos ni formación, que lo ven como una oportunidad.
Ahí entendí todo: él no cambió ni cambiará. Me siento tonta. Da igual lo que haga, aunque le salvará la vida, él siempre volverá a lo mismo!!! Y encima este señor de cara a la galería va de super correcto y de ejemplo moral y ético. A cualquiera puede engañar porque os aseguro que tanto su aspecto como su forma de hablar y relacionarse es absolutamente impecable.
No sé chicas que os parece, os leo.
