Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Llevo con mi pareja 5 años. Después de varias idas y venidas con diferentes chicos de Tinder y un par de relaciones estables me replanteé mi vida, mi situación amorosa y todo lo que esperaba del género masculino, que no era poco.
Mi problema siempre ha sido la idealización. Conocía a alguien, me imaginaba cómo era o cómo podría llegar a ser al estar en confianza, y eso entraba en conflicto con la forma de ser que tenían luego.
Pero cuando conocí a Fran todo fue diferente. Para entonces llevaba un par de años sola, descubriendo lo que me gustaba y lo que esperaba tanto de la vida como de las personas. La conexión fue inmediata. Nos pasábamos horas hablando de cualquier tontería y los temas serios y profundos siempre iban acompañados de un toque de humor. Sin duda el humor y la confianza son la base de nuestra relación.
Las que lleváis muchos años en pareja sabréis que los dos primeros años, si estás con la persona adecuada, pasan por delante de manera fugaz. Al principio vivíamos separados y compaginamos estudios con trabajo, con lo cual solo nos veíamos los fines de semana y cualquier plan que nos permitiera estar juntos nos parecía absolutamente maravilloso. Si además incluía una cerveza bien fresquita, mejor.
Con la mudanza las cosas van cambiando.

Mi padre siempre me decía “al principio es todo muy bonito Carlota, pero no todo es sexo en la convivencia”. Y aunque quizás, viendo lo visto, mi vida sexual durante los primeros meses de vivir juntos no fue tan fogosa como la de mi padre, estuvo muy bien. Al menos nos ahorramos bastante agua a cambio de compartir las duchas.
Nuestro hándicap empezó aquí. Al pasar mucho más tiempo juntos que de costumbre, y aunque el plan de la cerveza bien fresquita siempre es un plus, ya no te conformas con quedar los fines de semana para ir a pasear, porque al final ya paseáis bastante cada vez que vais a comprar las pijadas que se os olvidaron con la compra del mes. Ahora llega el viernes y me apetece hacer algo diferente. El plan de peli, manta y palomitas es muy bonito y muy romántico, pero si lo haces 7 días a la semana termina repugnando. Ojalá mi relación con el chocolate fuera igual.
El caso es que me considero una chica de muchas aficiones. Me gusta andar en bici, patinar, el mar y la piscina, el sol, salir a pasear, ir de discotecas a creerme la reina de la pista cuando en realidad bailo como si tuviera un palo metido por el culo, los eventos sociales y culturales que se hacen en la ciudad y conocer gente… En fin, que no será por hobbies. Sin embargo, a Fran no le motiva hacer nada de esto. Se le mezcla la vergüenza con la dejadez y la inexistencia de motivación hacia tales actividades y nunca encuentro en él la compañía que me gustaría para poder llevarlas a cabo.
Y aunque a veces encontramos algún punto intermedio (él hace footing y yo patino, vamos a bares con música que me gusta a tomar algo sentados, quedamos con amigos de toda la vida, se baña durante 5 minutos conmigo en la playa) siento que no puedo disfrutar al 100% de estas actividades con él, porque él se amolda por mi, y muchas veces él tampoco lo disfruta al 100%. Al final ninguno es plenamente feliz.
Esto se está empezando a convertir en una limitación a la pareja, sobre todo por mi forma de afrontarlo. ¿Alguna solución que a vosotras os haya funcionado?