Me hizo mucha gracia leeros el otro día el post sobre los inicios de la masturbación. Yo tengo una historia que quiero contaros aunque en mi casa solo lo sabe mi madre que fue la que buenamente me ayudó.
Yo tenía entonces 16 años así que no era tampoco una niña pequeña. De hecho ya había tenido mi primera relación sexual con un chico con el que salía y la cosa se nos había dado muy bien. La verdad es que no empecé a masturbarme como tal hasta que empecé a tener relaciones con él no se muy bien por qué.
Unos días después de perder la virginidad como que mi chirri me empezó a pedir más salseo y gustirrinín así que yo iba por la casa como una mona en celo buscando con qué darme placer. La ducha, un cojín contra mis partes, el mando de la tele (sí, es real). Y un día hablando con una amiga me cuenta que ella se mete un frankfurt en el coño y que es una pasada.
Un sábado estoy sola en casa y me veo en la nevera que mi madre ha comprado unas tremendas salchichas para la barbacoa del día siguiente y yo en seguida pensé que la mujer no va a echar en falta una entre tantas. La cojo, la lavo bien y allí que me voy a mi cuarto. La cosa la verdad nada que ver con el pene de mi novio. Yo notaba que eso entraba y salía pero como si nada, pero seguí intentándolo ya que me habían dicho que era la hostia.
Al final me doy por vencida con la salchicha esa metida en el coño y decido dejarlo porque mi habitación ya olía a charcutería de pueblo y me estaba empezando a dar asquete. Cuando la saco de esto que veo que a la punta de la salchicha le falta un trozo. Meto un par de dedos y noto algo ahí nadando en mi interior. Lo intento agarrar varias veces y no hay manera.

Estuve como dos horas pensando a ver qué podía hacer para sacarme el trozo de salchicha del coño. Al final me di por vencida y pensé que lo mismo no pasaba nada por tener un pedazo de carne embutida para siempre en mi interior (JA). Una angustia… Cuando vi a mi madre aparecer por casa del estrés que tenía encima me puse a llorar y tuve que contarlo mi hazaña con el frankfurt. La pobre mujer puso una cara que mejor os la imagináis, yo a día de hoy no he sido capaz de volver a sacar el tema con ella.
Nos fuimos a urgencias y una doctora muy simpática me sacó de dentro el trozo de slachicha y después me recomendó que, de hacerlo, siempre con preservativo. Si es que no pude ser más idiota.
No he vuelto a meterme comida en el coño ni aunque me lo pida mi pareja. La comida, en la boca, no en el chumino.