Hola a todas, ¿Cómo estáis?
Durante muchísimo tiempo habéis sido fuente de lectura para mí para muchos temas que me preocupaban, pero sobre todo, para el relacionado que os voy a contar ahora.
Con 23 años, comencé con mi actual pareja, y decidimos buscar otros medios anticonceptivos diferentes al preservativo, es por ello que acudí a una consulta medica en la que me hicieron una ecografía para ver que todo estuviera bien, era mi primera ecografía y sorpresa…¡Descubrieron un quiste ovárico de gran tamaño!. Tras muchas consultas médicas públicas y privadas para buscar segundas opiniones (¿Lo mejor era operar?, ¿Algún tipo de tratamiento?…), descubrieron que era un endometrioma, y ahí empezaron a contarme que quizá podía comprometer mi fertilidad, y que incluso lo más seguro es que tuviera que recurrir a la reproducción asistida.
Con 23 años, fue una noticia que me cayó como una jarra de agua helada, siempre había querido ser madre, me encantan los niños, pero no esperaba que de una consulta para ir a por unas pastillas anticonceptivas, saldría con una de las noticias más duras de mi vida, lo que siempre había soñado, quizá no llegaría nunca.
Fueron años de ir de ginecólogo en ginecólogo, no me conformaba con el diagnóstico dado, la situación era complicada, hipotiroidismo, 110kg y un endometrioma que seguramente comprometería mi fertilidad. Debo decir que muchos ginecólogos antes de ver mi información médica, al verme ya achacaban que iba a tener problemas de fertilidad solo basándose en el peso, y si, dificulta la situación, pero si quieres ser madre y tienes sobrepeso, no te desanimes, es posible.
Pase por análisis para ver mi reserva ovárica, por muchas revisiones para ver si el quiste desaparecía con pastillas anticonceptivas…y por muchas consultas ginecológicas buscando un poco de esperanza.
Mi esperanza llegó poniéndome a mí ginecóloga en mi camino, es una mujer que desde el minuto uno me sentí en calma con ella, y no me quitó la esperanza de ser madre pero fue sincera y tajante…»o te quedas ya embarazada, o te quedarás con quiste y con novio». Fueron unas palabras muy duras, pero fueron las que me hicieron darme cuenta de la situación.
Esas palabras fueron calando poco a poco en mi, estaban llenas de presión, pero yo las vi como una pizca de esperanza, ella confiaba en que podría llegar a ser madre, pero era una situación que superaba a una chica universitaria de 23 años.
Cada año tenía revisión en la sanidad pública, la última revisión que tuve duró cinco minutos de reloj con una ecografía de por medio, y regalándome una cajita de pastillas de muestra «que me vendrían muy bien». A los días se las enseñé a mí ginecóloga privada, al ver la caja me dijo tajante «ni se te ocurra tomartelas, se les da a las mujeres que van a comenzar un tratamiento de reproducción asistida y no es tu caso.»
Entre visitas a ginecólogos y el run run de que nunca podría ser madre, el tiempo pasó y a los tres años de enterarme de la noticia del quiste decidí que era el momento de buscar el embarazo. No negaré que estaba muerta de miedo e inseguridad, pero tenía lo más importante, una ginecóloga que confiaba en este proceso.
Fue mucho tiempo de tristeza y miedo, los ginecólogos daban por hecho que nunca podría ser madre y que si conseguía ser mamá sería mediante reproducción asistida. Eso me hizo plantear la situación que tenía, decidí buscar más alternativas, ser madre de acogida, la adopción…me sabía ya todos los requisitos de memoria, pero lo más gracioso de todo, es que yo nunca había buscado un embarazo, pero me habían impuesto una infertilidad que me aferraba a ella sin dudarlo.
Le plantee la situación a mi pareja entre lágrimas, quería ser madre ya, me daba miedo que el tiempo pasará y fuera peor la situación, ser madre siempre lo había deseado y mi situación había mejorado muchísimo, había terminado mis estudios, estaba trabajando y tenía una relación estable que quería también ser padre.
Teníamos un año para quedarnos embarazados, y a los seis meses lo conseguimos, si no fue antes es porque no dio la casualidad de los días fertiles, y aquí estoy, escribiendo este texto con mi bebé en brazos.
Con mi bebé en brazos y sin quiste, porque ese quiste que iba a comprometer mi fertilidad, me ha dado a lo más grande de mi vida, mi hija, y el embarazo de mi hija, se ha llevado a ese quiste que tantas lágrimas me ha sacado. No sabemos cómo, pero en la cesárea el ginecólogo me dijo «tengo tus ovarios en la mano y aquí no hay ningún quiste ya».
Solamente quería escribir este texto como muestra de ánimo para todas las parejas que estén pasando por una situación parecida, yo tenía una situación muy complicada para ser mamá según los médicos, hipotiroidismo, sobrepeso y un endometrioma, pero nunca olvidaré las palabras que me dijo la enfermera cuando fui a hacerme una analítica de sangre para ver si estaba embarazada, «si los médicos confiaran más en vosotras y cuidarán vuestra salud mental, todo sería diferente…». Y es así, ha sido mucho tiempo viendo cómo los ginecólogos machacaban mi salud mental en relación a mi fertilidad, nunca había intentado quedarme embarazada, pero ellos ya sabían que no podria ser madre…
Estés pasando por el momento que estés pasando, confia en ti, busca un profesional que esté involucrado en el proceso y sobretodo, no des las cosas por supuestas…si yo llego a dar por supuesto que nunca podría haber sido madre, seguramente nunca lo hubiera sido. Confía en profesionales médicos que basan sus diagnósticos en pruebas objetivas y no en el número de una báscula.
Y no olvidemos nunca, que ser madre es una opción, y que si se desea ser, hay muchas formas de serlo.❤️
