Aunque doy por hecho, porque nadie me entenderá, porque eso ocurre en mi círculo más cercano, a mis 43 años me divorciado tres veces. Sé que suena duro, pero también significa que me he enamorado locamente tres veces y he decidido pasar el resto de mi vida con esa persona. Al final no se ha dado el caso de convivir toda una vida, pero yo soy de las que prefiere parar una relación a tiempo antes de que se deteriore más y se pierda todo el cariño y lo bueno vivido.
Mi primera vez fue una auténtica locura, porque lo hice cuando apenas tenía 19 años y obviamente nada en la cabeza, pero las otras dos han sido buenas experiencias, he tenido 3 hijos (dos con mi segundo marido y la peque con mi último marido) y estoy orgullosa de los padres que tienen.
A pesar de todo esto, sigo creyendo en el amor. Si echo la vista atrás, los mejores momentos de mi vida los he vivido con mis parejas, entre risas, planes y pasión.
No sé si me volveré a casar, porque me parece un gasto que quizá ya no me voy a permitir, pero sigo abierta el amor porque creo que todo lo que transmite esa sensación es lo más maravilloso que he sentido, aparte de ser madre.
